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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

América Latina

Olga Esmeralda García (México)
Redacción
miércoles, 26 de noviembre de 2008, 16:59 h (CET)
El descubrimiento de América por Cristóbal Colón en 1942 dio origen a la conquista de este continente, en su mayoría por parte de España. Esta última utilizó las riquezas de las nuevas colonias para convertirse y mantenerse como potencia europea y mundial, así como para mantener dentro de ellas su ideología política, religiosa y social contraría al movimiento europeo modernizador; así, durante largo tiempo mantuvo a todas sus colonias del llamado Nuevo Mundo aisladas de tal movimiento en una suerte de prolongación de la Edad Media que retrasó a las naciones y las colocó desde entonces en desventaja con respecto a otras naciones.

Dicha situación, al ser percibida por las nuevas naciones latinoamericanas, impulsó dentro de las mismas distintos intentos de modernización que, más por los medios y formas utilizados que por su intención, han resultado bizarros y que a lo largo de la historia han provocado dentro de la población una adaptación a los mismos —esto último debido a que por lo general se utilizaban medidas violentas en contra de aquellos que se oponían a estos movimientos. Debido a lo anterior, tal adaptación la mayoría de las veces consistía más bien en una simulación y sólo tras varias generaciones se lograba cierta aceptación dentro de la sociedad.

Por otra parte, el esfuerzo y el tiempo perdido en el proceso hacía siempre que los países de América se mantuvieran atrasados respecto a los países del primer mundo, además de que generaban movimientos en contra que apelaban a los orígenes indígenas y condenaban los intentos por imitar a otras naciones como Francia o España que, aún hoy, pueden llagar a ser catalogados como malinchismo —esto a pesar de que nuestras constituciones y forma de vida respondan a un modelo occidental y que nuestra cultura indígena en la mayoría de la población ya se haya perdido e intentar regresar a ella sería mucho más costoso que los distintos movimientos modernizadores.

Sin embargo, hay que decir que en cada uno de estos movimientos modernizadores una constante ha sido que se han pretendido imponer desde la cúpula del poder, sin un consenso por parte de la población; debemos recordar que para tener éxito en movimientos de este tipo, China o Rusia, por ejemplo, tuvieron que pagar un costo que sería impensable para nuestro momento actual. Recordemos que hoy por hoy la vida en la mayoría de los pueblos latinoamericanos se fundamenta en la democracia y sería por ello más factible buscar esta modernización en consenso con la población, haciéndole ver las ventajas de la misma y permitiéndole decidir democráticamente.

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J. García
 
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