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Etiquetas:   Reales de vellón   -   Sección:   Opinión

Ahora sólo existe la crisis

Sergio Brosa
Sergio Brosa
martes, 25 de noviembre de 2008, 11:08 h (CET)
Hace seis meses no había crisis económica alguna por la que preocuparse, al decir de José Luis Rodríguez Zapatero y sus ministros. Y hace nueve meses, eran tan sólo los agoreros y los enemigos del país quienes hablaban de crisis económica, pues para ZP y los suyos, en plena campaña electoral, mentar únicamente la crisis era cosa de antipatriotas. En España todo iba viento en popa según él y las hipotecas subprime eran cosa de los americanos. Aquí era manifiesto el pinchazo de la burbuja inmobiliaria con el parón en la compra de viviendas; el descenso en la adquisición de automóviles, el frenazo en la concesión de créditos, el declive del consumo y un sinnúmero de indicadores que evidenciaban una situación a la baja de la coyuntura económica.

Tan sólo unos pocos meses después de su reelección, para Rodríguez Zapatero no hay otra cosa más que la crisis y toda su actividad está centrada en aparecer como el líder del país y ser quien más se preocupa por atajar los efectos de las crisis financiera y económica.

El gobierno paraliza ahora prácticamente su actividad legislativa para todo aquello ajeno a la anticrisis. Ni calvo ni con tres pelucas. Si no hubiese tomado ZP por memos a todos aquellos que no son sus incondicionales, los que le dicen a todo que sí; esos que lo ven como una figura mesiánica o un rey Midas, hubiese empezado ya a tomar medidas al final de su primera legislatura y, tal vez ahora, no nos veríamos en tan cruda realidad. Suya fue la responsabilidad de ocultar esa realidad económica por pura ambición personal para garantizarse la reelección, como suya es ahora la responsabilidad de sacar al país de la profundidad del hoyo en el que lo dejó caer, ignorando a quienes no estaban en el grupo de incondicionales que dicen siempre amén a cualquier cosa que diga, se ajuste o no a las circunstancias.

El pasado jueves se reunió el Comité Federal del PSOE y ahí Zapatero desplegó las alas a sus anchas, pues no en vano es quien reparte cargos y sueldos entre los suyos, razón por la que fue bravamente aplaudido, al decir de algún asistente al mitin, a cada aseveración de su líder. Así habló de las “cinco certezas; cinco convicciones” siendo la primera de ellas “dar la cara; estar permanentemente al frente” o dicho de otro modo que nadie le haga sombra y parecer de tal suerte el líder incontestable que tiene todas las soluciones en su chistera. Y apostilla que “mi empeño es absoluto a este respecto, como podéis comprobar día a día en mis intervenciones públicas” porque únicamente saldré yo en los telediarios le faltó decir.

Parece que se lo haya contagiado Nicolás Sarkozy: voy a chupar cámara hasta la saciedad; aunque no tenga nada que decir debe ser. Porque el planteamiento correcto sería: Me veréis gobernar el país, así haga intervenciones públicas o no. Y no al revés.

Por razón de que se le ha dicho a ZP, a raíz de su baladí participación en la prescindible cumbre de Washington que ha apadrinado, patrocinado y protegido la política de derechas para paliar los efectos de la crisis, ahora se afana en categorizar que “¡Mi compromiso socialdemócrata es hoy más firme que nunca!”. Palabras a palo seco; solamente palabras. Habrá que tomar las medidas adecuadas para impulsar los mercados; ya no existen las izquierdas y las derechas, tan sólo lo que se debe hacer. Y no tiene empacho en afirmar que “La derecha nos ha metido en el agujero de la crisis y es la izquierda la que tiene que sacarnos”. ¡Se queda uno pasmado! Tal parece que si no fuera él mismo quien viniese gobernando este país desde hace más de cuatro años.

Aunque, efectivamente, parece resuelto a coger el toro por los cuernos cuando dice que “no vamos a esperar a que llegue la recuperación, hay que traerla”. Que viene a ser lo mismo que decir que no esperaremos al amanecer, iremos a traer el alba. Y anuncia una serie de medidas para unos sectores determinados a fin de reactivar la economía, directamente vinculadas a la creación de empleo. Así se acelerará el plan de infraestructuras, la rehabilitación de viviendas y la mejora de los entornos urbanos reduciendo emisiones nocivas. Las medidas para reactivar la producción económica y proyectar un futuro industrial acorde con el desarrollo económico global será que ahora no toca; sus proyecciones son a una legislatura. Y de reducir la dependencia de las energías fósiles que hemos de importar, así sea para producir aquí energía eléctrica o consumirlas directamente, ni una palabra. Porque la solución sigue pasando por la energía nuclear y ZP se declara el más antinuclear de su gabinete, pues eso es lo populachero.

La cosa, en cualquiera de los casos, es que la grandiosidad de las medidas anunciadas viene mitigada por su general incumplimiento. Ley de Dependencia; decreto de emancipación; 50.000 millones para el sector financiero… ¿En qué quedó todo ello? Ni un duro aún para nadie.

Y el imprescindible Pacto de Estado, asunto forzoso en esta coyuntura económica, no es del interés del PSOE en general, ni de Zapatero en particular, porque al enemigo –léase PP– ni agua. Pero hoy más que nunca sería indefectible un paco al estilo de los Pactos de la Moncloa, para que el 95% de las fuerzas políticas del país tirasen del carro en la misma dirección. Pero quizás eso restase algo de protagonismo mediático a José Luis Rodríguez Zapatero y su estrella podría verse entonces eclipsada en parte por la de su adversario político. Y mientras, todos los españoles seguirán pagando el pato.

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