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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Rebaja de pensiones? Una tentación para el PSOE y el PP

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 25 de noviembre de 2008, 11:08 h (CET)
Señores ha llegado el momento en que debamos empezar a temblar y no lo digo en un sentido metafórico, sino en el sentido más corriente de la palabra. Cuando uno ve que el partido en el gobierno y la oposición se ponen de acuerdo en algún tema que tiene por objeto rebajar los derechos de los ciudadanos, ya se puede dar por hecho que esta rebaja va a tener efecto, ineludiblemente. Si, hasta la fecha, el tema de las pensiones pasivas a jubilados, viudas y huérfanos era materia tabú para los partidos a causa del alto coste electoral que la implantación de reformas que perjudicaran a los beneficiarios les comportaría; el hecho de que la decisión pudiera tomarse al alimón, por ambas formaciones políticas, repartiría el coste negativo de la medida entre ambos grupos lo que permitiría que, la penalización, quedara repartida a partes iguales. Se trata, en esta ocasión, del sempiterno tema de la insostenibilidad del sistema actual de pensiones y de la imposibilidad de sustituirlo por un sistema clásico, basado en la capitalización de las aportaciones de los futuros beneficiarios, tal y como suele ocurrir cuando una persona contrata un seguro de vida para cobrar un vitalicio a partir de un número determinado de años o percibir el montante íntegro de la contraprestación. de una sola vez. De todos es sabido que el sistema vigente de nuestras pensiones se basa en un método de reparto, en virtud del cual lo que se recauda de quienes cotizan a la seguridad social porque están en activo, se va distribuyendo entre los distintos tipos de prestaciones pasivas de forma que, si lo recaudado no alcanzara, en alguna ocasión, para cubrir los pagos necesarios, se produciría un desfase que pudiera poner en peligro la pervivencia del sistema. Es una explicación sencilla, pero lo suficientemente ilustrativa para que se entienda.

De ahí que, cuando se produce una baja de las cotizaciones de los que trabajan o se deja de cotizar por perder el trabajo, como está sucediendo en la actualidad, a causa de la recesión; las cosas se ponen peliagudas para la Seguridad Social, porque recaudando menos tiene, sin embargo, que continuar pagando sus pensiones a los beneficiarios y sus prestaciones a los desempleados. El señor Aznar supo entender que la forma de garantizar el cobro a las clases pasivas era fomentando la creación de empleo, potenciando la formación de nuevas empresas, moderando los impuestos y favoreciendo las inversiones, para poner a las industrias y comercios en condiciones de competitividad con las del resto de países europeos, a los que, en muchos casos, se consiguió superar en un momento especialmente brillante de nuestra economía. Ahora, en parte por la crisis mundial y en parte por el desastroso gobierno del señor ZP, que se ha dedicado, durante su mandato, a deshacer lo bueno que se había hecho para sustituirlo por un caos nacional, (empezando por el despiporren y el desconcierto organizado a causa de la falta de autoridad del Gobierno en el tema de las autonomías, algunas de las cuales van por libre y se han dedicado a imponer sus condiciones draconianas en cuanto a financiación y a competencias territoriales, jurídicas, económicas y de orden público), en el que está atrapado entre las reivindicaciones autonómicas y la crisis económica, de modo que apenas le queda autoridad para enfrentarse a sus aspiraciones secesionistas; y, en parte, debido al despilfarro del gasto público que ha conseguido no sólo engullirse el superávit del año 2007, sino, incluso, acabar con las reservas existentes en la arcas del Estado, lo que le ha obligado a entramparse más de lo que sería prudente y aconsejable.

El Banco de España ya lo ha venido advirtiendo y, últimamente, hasta el inoperante Solbes ha despertado de su letargo para protestar por la largueza suicida del Gobierno. Si el déficit externo ya es más que preocupante, hasta el punto de que es difícil colocar la deuda pública española, debido al poco aprecio y confianza que se la tiene fuera de España; en el orden interno, estamos en parecidas condiciones, tanto, que al señor Zapatero ya no le queda más remedio que admitir que el déficit público puede llegar a alcanzar el 4’2% superando en 1’2% el máximo admitido por el Pacto de Estabilidad de la UE. Y ¿por qué se tiene que agarrar ZP al déficit público para cumplir sus compromisos? Pues a causa de que se entrampó más de lo debido pensando que nunca nos afectaría la crisis y ahora lo está pagando. Se ve incapaz de poder cumplir sus compromisos relativos al financiamiento de Catalunya, su feudo estrella, y sabe que sin ella sus posibilidades de ganar unas elecciones generales se reducen a cero; por ello, no ha dudado en el suicidio de acudir al endeudamiento masivo, con tal de satisfacer los requerimientos del señor Montilla y el PSC catalán ya que es de todos sabido que no hay peor cuña que la de la misma madera.

Así las cosas, no es raro que con un desempleo disparado, con un sistema caduco de cobertura social y con las arcas vacías, tengan que volver al chivo expiatorio de siempre que, como todos sabemos, es el de las pensiones de los jubilados. Lo malo de estos altibajos es que se juega con el futuro de los trabajadores que, en virtud de estos cambios de criterio, se ven abocados a la incertidumbre de no saber a ciencia cierta cuál va a ser la cantidad que van a recibir del Estado cuando llegue el momento de su jubilación. Cualquiera puede organizarse su jubilación si, con tiempo, puede contratar un seguro privado que le garantice una pensión o vitalicio para su vejez, pero eso requiere años de cotización, años de pago de cuotas para garantizarse la compensación en el momento oportuno y a nadie se le puede escapar que a mitad de camino, cuando uno ya lleva cotizados 20 o treinta años, confiando en que va a percibir una cantidad determinada, y, de pronto, a un gobierno le da por modificar las condiciones y le recortan una parte de lo que se le había prometido ya es tarde para cubrir, aún queriendo, la diferencia aumentando el seguro, por lo gravoso que ello le resultaría.

Y aquí viene cuando, en un Estado de Derecho, el poderoso abusa del débil y le priva, a causa de su falta de previsión, su incompetencia y su mal hacer, de un derecho a un ciudadano que tiene todo el derecho a exigir lo que se le ha prometid, como ocurre en el caso de haber concertado un seguro privado. ¿Dónde están los derechos que garantizan la Constitución?,¿dónde el respeto a los derechos adquiridos?, ¿ dónde las promesas hechas por el gobierno socialista de que se van a cumplir todas sus promesas sociales? Como es ya habitual en el señor Zapatero, mucho prometer de boquilla pero, a la hora de la verdad, todo lo prometido se convierte en humo. Los que le votaron tendrán ocasión de meditar sobre su responsabilidad en que, España, se encuentre en la situación a la que la ha conducido esta impresentable tribu de incompetentes que nos gobiernan.

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