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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Los estereotipos latinos en el cine

Olga Esmeralda García (México)
Redacción
martes, 25 de noviembre de 2008, 12:22 h (CET)
La utilización de estereotipos en el cine se basa en el uso exagerado de generalizaciones, de clichés basados sobre todo en cuestiones culturales y que generalmente representan los prejuicios que se tienen acerca de un determinado grupo. Porque, lamentablemente, muy pocas veces dichas generalizaciones destacan cuestiones positivas de los grupos en cuestión, salvo cuando se trata de grupos privilegiados por cuestiones políticas o de poder —como ocurre con la cultura norteamericana. Los latinoamericanos por nuestra parte, solemos ser uno de los objetos favoritos para la imposición de tales estereotipos, tanto en el cine extranjero como dentro del propio cine nacional.

A continuación cito el caso de dos películas que sirven para ejemplificar cómo el cine al disponer de poco tiempo para estructurar una historia tiene que recurrir entre otras cosas a la utilización de personajes simbólicos, convirtiéndose en una de las principales fuentes de creación y difusión de prejuicios acerca de otras culturas —lo que, dicho sea de paso, suele redundar en beneficio de la ideología dominante. Dada la amplitud del tema, que requeriría de un amplio reporte y una amplia investigación acerca del mismo, reviso únicamente de forma somera algunos de los estereotipos que suelen imponerse a los personajes latinos dentro del cine.

La primera de ellas es "Un Impulsivo y Loco Amor" (Fools Rush In, 1999) del director norteamericano Andy Tennant. Este filme estadounidense versa sobre una mexicana (Salma Hayek) y un norteamericano (Matthew Perry) que se conocen, tienen una relación ocasional y después de tres meses se vuelven a encontrar y deciden casarse porque ella está embarazada. En el filme se trata de manejar con un toque cómico el inevitable choque cultural entre ambos personajes pero lo que se hace es caer en una serie de estereotipos hacia ambas culturas que son, sin embargo, notoriamente más cargados hacia los mexicanos los cuales aparecen básicamente como tercermundistas —con todas las connotaciones negativas que esto generalmente implica.

Sólo por dar algunos ejemplos que demuestran lo anterior Isabel Fuentes, la protagonista (papel interpretado por Salma Hayek), es una fotógrafa a la que le parece ver “señales” en todas partes, suele encender veladoras y cree en el destino —todos estos elementos místicos han sido usados en general como símbolo de atraso social en las culturas latinoamericanas. Pues bien, esta mujer que pertenece a una familia exageradamente numerosa y encarna perfectamente el carácter sensual con que suele designarse a los latinos es confundida por los padres de su prometido con una sirvienta, como si los latinos no desempeñaran dentro de la escala social norteamericana otra función que la de sirvientes, como si no hubiera tantos de ellos ocupando puestos importantes en los Estados Unidos.

Poca gracia habrán causado entre los mexicanos los chistes acerca de nuestra cultura y no porque no sepamos reírnos de nosotros mismos sino porque los personajes que ahí se presentan casi no tienen nada que ver con nuestra realidad, parecen más bien sacados de una película antigua. Las familias extensivas —como la representada en esta película— con los hermanos, los tíos, los sobrinos, los abuelos, etc., conviviendo dentro de un mismo espacio, ya prácticamente no existen ni en los pueblos de México. Es curioso pero hay norteamericanos que vienen a México y todavía esperan ver hombres vestidos de charro y montando a caballo por todas partes.

Pero más curioso aún resulta el hecho de que nosotros mismos, sí, nosotros mismos, los latinos, nos representemos en nuestro propio cine con estereotipos muy parecidos a los que utilizan los norteamericanos, como si por algún motivo tendiésemos a seguir la pauta marcada por Hollywood. Uno de los mejores ejemplos lo constituye el filme mexicano "El Callejón de los Milagros" (1995) del director mexicano Jorge Fons, película protagonizada por Salma Hayek (Almita). La historia, que se desarrolla en la ciudad de México, cuenta de forma paralela la vida de varios personajes que coinciden en un mismo espacio, el callejón, y cuyas historias convergen en distintos puntos.

Casi toda la trama se desarrolla en ese espacio familiar para los personajes que es el callejón, lugar donde prácticamente todos los personajes se conocen y son como una gran familia preocupados los unos por los otros, algo tipo pueblo pero dentro de una gran ciudad. Llama precisamente la atención el hecho de que a pesar de que México es una de las grandes megalópolis del mundo, en el filme esta característica no aparece —seguramente a las personas que nunca han visitado la ciudad de México, al ver este filme les resultará difícil imaginar que así es. Y también en esta película podemos encontrar presentes los factores místico-religiosos que suelen acompañar a los personajes latinos en los filmes extranjeros.

Así, doña Cata, la mamá de Alma o Almita (el personaje principal) se dedica a la lectura de cartas además de hacer limpias y preparar remedios. Es asimismo importante destacar que uno de los factores que parece estar presente en cada uno de los personajes es el carácter sensual de los mismos (excepción hecha de Abel, un joven romántico que cree en el amor y que curiosamente acaba asesinado), es decir, todos parecen ir en búsqueda del placer carnal en sus distintas formas, y es en torno a esto que se mueven las historias y se tejen los distintos dramas de los personajes. Pareciera entonces, con base a lo anterior, que algunos de los rasgos más distintivos de los latinos fueran las creencias místicas y la búsqueda del goce carnal, ambos considerados como rasgos muy primitivos dentro de las culturas.

¿Será que también nosotros nos concebimos a nosotros mismos bajo estos estereotipos? Como dijera alguna vez el director mexicano Carlos Bolado en una entrevista, lamentablemente los estereotipos con los que se nos identifica en todo el mundo no son sólo responsabilidad de Hollywood sino también de nosotros que hemos llevado a nuestras propias pantallas esos mismos estereotipos en lugar de mostrar al mundo lo que realmente somos y que nos gustaría que vieran de nosotros.

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