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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

Las excentricidades de José Bono

Mario López
Mario López
lunes, 24 de noviembre de 2008, 10:13 h (CET)
No confío en los personajes públicos que no saben establecer prioridades razonables, como es el caso de José Bono que antepone el instituto capilar al logopeda. La calvicie en el prócer no ofende, pero la defectuosa dicción o una fonética correosa resta muchos enteros al orador. Y el presidente del Congreso de los Diputados ha de poseer una oratoria impecable aunque goce de envidiable tupé. Tampoco me fío mucho de los auspicios aparentemente desinteresados -caso sor Maravillas- ni de la supuestamente virtuosa imparcialidad de personajes públicos que, si bien han sido elegidos para ejercer de árbitros durante el debate político, han de manifestar con claridad meridiana su parcialidad en asuntos ideológicos y defender a carta cabal el proyecto político de aquellos que le auparon al asiento más relevante del hemiciclo y que no es, precisamente, la silla gestatoria del Papa, aunque en ocasiones nuestro piadoso manchego nos lo haga parecer.

Aunque entiendo que es asunto menor y de escaso interés público la vida privada del susodicho, no podemos evitar establecer cierto parentesco entre José Bono y otros personajes igualmente casposos del franquismo. Su relación familiar con el cantante Raphael -que ya le vale el ph ácido de puro hortera- es asunto que sólo a él y a su familia interesa, pero nos hace imposible evitar otras famosas bodas protagonizadas por la crème de la crème de nuestra pintoresca sociedad: políticos, folclóricas, guardias civiles, futbolistas y toreros-. En fin, que José Bono tiene todo el derecho del mundo a repoblarse el cartón, a opositar al estatuto de beato, a emparentarse con cuantas familias de folclóricos estime oportuno, pero nosotros también tenemos derecho a tener un presidente del Congreso que sea verdaderamente socialista y que no arrastre la g o la j -que no sé yo muy bien cuál de las dos consonantes es la víctima del maltrato- como si de un monopatín se tratara -no está en la edad, coño-.

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