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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Qué maravilla Sor Maravillas

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 24 de noviembre de 2008, 10:13 h (CET)
A pesar que ya hace treinta y tres años que una enorme losa cubre la fosa del Valle de los Caídos y que aquel grito ritual de “Franco, Presente” hace tiempo que ya tan sólo se escucha entre los nostálgicos y añorantes de las viejas camisas azul mahón del fascismo el franquismo residual que anida en algunos corazones de españoles todavía asoma la oreja de vez en cuando, incluso desde altas instancias del Estado, olvidando que hace ya más de treinta años que España vive en democracia y que somos una sociedad laica, aunque no lo parezca y a algunos les sepa mal.

En los últimos tiempos del franquismo, cuando ya la mano del dictador no era tan dura y su precaria salud y la edad anunciaban un próximo cambio de política fueron muchos los que se acercaron a algunos partidos de lo que entonces se entendía como la izquierda. En los largos años de la noche franquista el PSOE estaba prácticamente desaparecido, en Valencia decíamos que sus militantes cabían en un taxi, y por ello cuando en su centenario lanzaron el eslogan de “100 años de honradez” más de uno contestó al mismo añadiendo la coletilla de “y 40 de vacaciones” haciendo referencia a su poca influencia en lo que había sido la oposición contra la dictadura. Pero fueron muchos los que a principios de los años 70 tocaron a las puertas del banderín de enganche de los chicos del puño y la rosa con la esperanza de que, con el paso del tiempo, también tocarían poder. Pedir el carnet del PSOE con un Franco senil y casi moribundo era una buena apuesta de futuro y algunos así lo entendieron.

Uno de estos apostantes a caballo ganador olvidando la camisa azul que su padre vistió desde el fin de la guerra civil se envolvió en la bandera roja del socialismo, aunque, eso si, dándole su especial toque rosáceo para desteñir el bermellón original y entonando el himno de la Acción Católica en lugar de “La Internacional” y rebozado en la patina socialdemócrata fue escalando puestos desde la Presidencia de Castilla-La Mancha hasta la del Congreso de los Diputados pasando por el Ministerio de Defensa donde el día de su toma de posesión ya dio indudables muestras de su especial carácter y filosofía política con la lista de invitados. José Bono no es, como algunos creen, la mosca cojonera del socialismo español, es simplemente, como su conmilitón Paco Vázquez actual embajador ante El Vaticano, uno más, entre tantos, que ávidos de poder no dudan en militar en partidos aunque no comulguen con la ideología del mismo.

Hace pocos días la Mesa del Congreso de los Diputados decidió hacer la propuesta al Pleno para colocar una placa que recordará a Sor Maravillas, beatificada o santificada, que no está claro, por Juan Pablo II en una de esas multitudinarias ceremonias de beatificación de “mártires de la cruzada” a que tan acostumbrados nos tenía el Papa polaco. Secundaron la inicial propuesta del “popular” catalán Alberto Fernández Díaz, el mismo José Bono y los representantes del nacionalismo de derechas vasco y catalán de ondas raíces cristianas ambos. Pero el socialista Bono no contaba con la revolución de sus conmilitones, esos “hijos de puta” como él mismo motejó a micro abierto, una revolución que ha terminado con la placa de Sor Maravillas, muerta por cierto de muerte natural en la cama y en 1974 sin ninguna clase de martirio por parte de las “hordas rojas”, a medio cincelar y en casa del marmolista.

Sor Maravillas se queda sin placa en el Congreso de los Diputados mientras, una vez más, su Presidente José Bono se queda con el culo al aire, ustedes perdonen la expresión, lo mismo que el PSOE al que de tanto renunciar ya tan sólo le quedan en sus siglas las letras PE (Partido Español). Las tormentas del tiempo, el querer jugar al oportunismo político y la debilidad de sus dirigentes ha hecho que, con el paso del tiempo, se cayeran la S de “socialista” y la O de “obrero” de aquel partido que fundó Pablo Iglesias para defender a los trabajadores y en el que hoy, una pleyade de funcionarios tan sólo se dedica a defender sus prebendas. Y para que nadie tome el rábano por las hojas añadiré que no es la política del PSOE la que sobra, los que están de más son algunos de sus militantes y dirigentes que llevan el carnet del puño y la rosa en su cartera tan sólo para medrar y escalar puestos y obtener prebendas. Y José Bono es quien encabeza la lista de estos elementos sobrantes en el socialismo.

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