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Etiquetas:   La parte por el todo   -   Sección:   Opinión

...y allá a su frente Estambul

Óscar Arce Ruiz
Óscar Arce
sábado, 22 de noviembre de 2008, 21:02 h (CET)
Ante el avance del progreso tecnológico, no en pocas ocasiones pensamos que estamos viviendo algo por primera vez en la historia. La era de la técnica es el escenario ideal para concretar la magnificencia del hombre como creador, como capaz de dar a luz nuevas cosas a partir de la nada.

Hoy el recuerdo parece lejano siempre y el aquí y el ahora se reviste de novedad que se presenta en los sentidos como un necesario soplo de aire fresco y completamente nuevo. Éste ha sido uno de los pecados más cometidos por la soberbia especie humana, que ha querido ver su progreso como un caminante en la arena que borra su huella a cada paso.

En el terreno de las teorías del pensamiento, por ejemplo, parecía que la discusión acerca de si existen ideas innatas en las mentes de los seres humanos había quedado zanjada y desterrada, respaldada por la emergencia del constructivismo y la concepción de la tabula rasa. Esto fue hasta que Chomsky decidió revivir el tema, y centró en él su explicación de la formación del concepto en el hombre.

Pero no hace falta llegar hasta lo intangible para comprobar el tropiezo con la misma piedra. Las costumbres sociales, los usos sociales de las instituciones, también se desarrollan observando no siempre conscientemente el pasado -¿cuánto no se lamenta un padre o una madre, al contemplar aterrorizados cómo sus hijos cometen uno por uno sus mismos errores?-.

La (sobrevalorada) creatividad humana resulta tan fácil de adorar, y tan extasiados estuvimos ante la libertad sin límites de una tecnología que nos enjaulaba sin darnos cuenta, que reutilizamos conceptos antiguos pensando que nunca más los íbamos a necesitar.

Y así nos encontramos navegando en otras aguas, esclavos de un mundo compuesto exclusivamente de unos y ceros. Entonces llamamos ‘pirata’ a cierto tipo de delincuente de la red, en honor de aquéllos que en otro tiempo se dedicaban a invadir galeones y marcar la situación de su botín con una equis en el mapa.

Pues bien, los piratas (los de verdad) han vuelto y esta vez no se amparan en la desnutrida alegalidad del hiperespacio de banda ancha, sino en el ancho y olvidado azul.

Son, para entendernos, los nuevos hackers de la mar.

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