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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

ZP, empeñado en navegar a contracorriente

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 22 de noviembre de 2008, 21:02 h (CET)
Cualquiera que se hubiera leído, aunque someramente, las limitadas conclusiones a las que llegaron los miembros del G20, a los que se unió, in extremis, como miembro de excepción, el señor ZP, en calidad de huésped de Francia, pero sin representar a España; ya que nuestra bandera no apareció en aquel foro y nuestro Presidente tuvo que aceptar, sin derecho a queja, parapetarse tras la bandera de la CE, para no quedar desairado ante los restantes miembros, que acudieron en representación de sus respectivos países, por haber sido invitados a la convención de Washington. Era evidente que el empeño de Zapatero para estar presente en dicha reunión, no era tanto por lo que tuviera que decir, que fue poco, manido y, por supuesto, nada de lo que le habían preparado Blanco y Caldera (si lo hubiera hecho, con toda probabilidad, lo hubieran expulsado a gorrazos de aquel meeting); sino, más bien, para salir en la foto detrás de su malquerido señor Bush y que así pudieran ver los españoles lo importante y determinante que era su presencia. Lo que ocurre es que, como era de prever, aquel famoso encuentro, preparado para mayor honra y lucimiento del señor Sarkozy –que parece quererse constituir en el nuevo Napoleón de la vieja Europa, sólo que, en lugar de una Josefina, más bien feucha, el espabilado francés se ha procurado una despampanante compañera que, además, canta como los ángeles –, más bien se saldó con unos pobres resultados y todo quedó en fijar nuevas reuniones, que es lo que suele suceder cuando no hay manera de unificar criterios y cada cual quiere poner su cuarto a espadas sin que de ello salga nada en limpio.

Lo cierto es que, como el PP está en estado de hibernación, durmiendo el sueño de los justos en su papel de oposición complaciente y, por consiguiente, no tiene nada que decir ni objetar a las andanzas del gobierno socialista que padecemos; ZP se ve autorizado para continuar en su carrera desbocada hacia lo que puede acabar por ser, si Dios no lo remedia, uno de los peores “cracs” económicos de este país, si es que se empeña en seguir por el camino erróneo de continuar aumentando el gasto público y su endeudamiento externo, a pesar que desde el Banco de España y del Vicepresidente económico, señor Solbes, se lo están advirtiendo continuamente. Lo malo es que este señor, al que el antiguo ministro de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla, se ofreció para darle una nociones de economía en dos tardes; parece que ya no las necesita y que, hoy en día, se considera, en su inefable soberbia, por encima de todos los expertos que le vaticinan, de seguir por el camino emprendido, un batacazo descomunal. Lo malo no es que él se pegue un leñazo, que le estaría bien empleado por obtuso y temerario, lo peor es que, este iluminado, nos va a arrastrar a todos los españoles detrás de él.

Su obsesión de meter al Estado en la tarea de solucionar los problemas de las empresas privadas (cuando se sabe por experiencia su fracaso en la administración de las empresas públicas); en promocionar doctrinas sociales, que están muy bien cuando hay un periodo de prosperidad pero que, en una situación de desempleo desbocado, de destrucción de puestos de trabajo y quiebra de empresas; lo único que se puede hacer, con carácter urgente, es pagar los subsidios del desempleo, que cada día resultan más onerosos para las arcas del Estado, y procurar darles oportunidad a las pequeñas, medinas y grandes empresas a que se rehagan del golpe que han recibido, para lo cual lo primero que hace falta es que, este 40% que supone la carga fiscal sobre el peculio de los españoles disminuya para que las inversiones se reactiven y la capacidad adquisitiva de los ciudadanos les permita aumentar su consumo lo que, a su vez, genera más demanda.

Pero a uno le entra grima cuando se apercibe de que, dentro del mismo Gobierno del PSOE, no se entienden porque, mientras unos se decantan por continuar sus despilfarros ( ahora no me refiero a los conocidos de destacados dirigentes del partido que han degenerado en la comidilla de todos los españoles) para conseguir votos a base de promesas electorales, que luego no se pueden llevar a la práctica por falta de fondos para acometerlas ( Ley de Dependencia, ayudas para alquileres de los jóvenes, etc.); otros están intentando frenar los gastos del ejecutivo convencidos de que no hay país que pueda resistir durante mucho tiempo mantener un déficit exterior como el actual, superior al 10% del PIB, y un déficit público por encima del 3%, que muy bien, según ha reconocido el propio Zapatero, pudiera llegar a alcanzar el 4’2 del PIB. Zapatero confía en que el BCE permita sobrepasar el límite máximo del 3% en atención a que el Pacto de Estabilidad de la UE permite sobrepasarlo en ocasiones excepcionales. Como es natural, estas cantidades de déficit público generan intereses que hay que sacar de alguna parte, si es que se pretende que los créditos obtenidos se vayan renovando ya que las posibilidades de cancelarlos, en las circunstancias actuales, resulta si no imposible, al menos muy remota. Claro que nuestro Presidente, siempre tan optimista, se escuda en que cuentan con una Deuda Pública muy baja (entre el 36% y el 37% del PIB) y supongo que está convencido de que, con futuras emisiones, podrán afrontar sus compromisos más perentorios. Lo que ocurre es que, cada vez, cuesta más colocar las emisiones que el Estado lanza al mercado y, por otra parte, los ciudadanos disponen de menos recursos para dedicarlos al ahorro, debido al deterioro de sus economías privadas que les obliga, en muchos casos, a acudir a las reservas para poder atender los pagos más perentorios. Tampoco es que las recomendaciones que llegan de las sociedades de tasación del extranjero sean muy favorables a la deuda emitida por nuestro país, que se ve precisado a pagar primas para colocarla en el extranjero debido a que, en otros países, como Alemania, por ejemplo, su deuda inspira mayor confianza a los inversores.

Para crear empleo no se consigue, como ya hemos indicado en otras ocasiones, poniendo parches a empresas inviables o dando dinero a los bancos que, dicho de paso, llevan más de un mes desde que se anunciaron las ayudas y todavía no han percibido ni un céntimo y, por otra parte, siguen en su política de restricción de concesión de créditos lo que contribuye a poner en mayores apuros a las empresas que confían en ellos para poder financiarse, invertir en mejorar sus estructuras y competitividad o mantener sus plantillas en espera de mejores tiempos. Contrariamente a lo que dijo el señor Blanco, en un momento de exaltación de los ideales socialistas, la solución nunca ha estado en “más Estado y menos mercado” si no en lo diametralmente opuesto, lo que supone dar mayores facilidades para constituir nuevas empresas privadas, para transformarlas y para fomentar las inversiones en aquellas que lo precisen, lo que se logra inyectándoles liquidez por medio de una importante reducción de la carga impositiva. Todo lo demás, como se ha demostrado, es perder el tiempo y el dinero de los contribuyentes.

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