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Opinión
Etiquetas:   Opiniones de un paisano  

La primera crisis de nuestra democracia

Mario López Sellés
Mario López
sábado, 22 de noviembre de 2008, 21:02 h (CET)
De un tiempo a esta parte, un importante sector de la población española está poniendo en tela de juicio la virtud de nuestra Transición y otro grupo, también importante, especialmente engrosado por políticos y periodistas que la protagonizaron o la vivieron muy de cerca, no cesan de vindicarla.

Unos piden su revisión crítica y los otros nos instan a recobrar el espíritu que la alentó y que, según ellos, se está perdiendo para nuestra desgracia. Unos no entienden el empecinamiento de los otros en no querer verle defecto alguno a la criatura y los otros no pueden entender qué defecto se le puede ver. Yo creo que la cosa es bien sencilla. Nuestra democracia es aún muy joven y nos ha cogido a todos de sorpresa con su primera crisis generacional. Está en la edad del pavo y quiere, como buen adolescente que es, echarle un pulso a sus padres. Lamentablemente, los padres de nuestra democracia se están comportando con la misma cerrazón que sus padres biológicos con ellos mismos hace ya más de treinta años. Cuando las nuevas generaciones dicen que la Transición se consumó en un clima de miedo no están diciendo que sus protagonistas fueran unos cobardes, sino señalando el hecho evidente de que con quien se estaba pactando era, nada menos, que con la dictadura. Hoy, afortunadamente y con casi toda seguridad gracias a los padres de la Transición, nadie tiene ya miedo de entrar en los entresijos de nuestra democracia. Nadie se va a escandalizar ni va a pedir que rueden cabezas por sacar los trapos sucios de nuestra historia reciente. Los trapos sucios aireados no nos podrán hacer ningún daño. En cambio, si se siguen escondiendo, es más que probable que se pudran en la misma cocina de nuestra convivencia. Como decía una madre por la que yo he sentido una gran admiración: “sólo quiero dar a mis hijos raíces y alas”. Los padres de nuestra democracia nos han dado las raíces democráticas, ahora toca que nos dejen abrir las alas e iniciar el vuelo que hemos venido posponiendo por las razones que todos conocemos. Deberíamos alegrarnos de que nuestra democracia crezca y deberíamos recibir su primera crisis generacional con alegría y orgullo.

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