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Etiquetas:   Reales de vellón   -   Sección:   Opinión

La cúpula de Barceló

Sergio Brosa
Sergio Brosa
sábado, 22 de noviembre de 2008, 09:28 h (CET)
Se inauguró la decoración de la gran cúpula de la Sala XX del Palacio de la ONU en Ginebra, obra del pintor Miquel Barceló.

El arte es arte; nadie lo discute. El precio del arte ya es más discutible y depende de un montón de factores, entre los que no es ajena la moda.

El coste del arte es ya harina de otro costal. Y francamente, 20 millones de euros, ni aún en plena bonanza económica, para la decoración de una sala de la ONU, es un despropósito de singular magnitud.

Parece como si el dinero empleado en semejante decoración artística fuera el excedente de haber acabado con el hambre en el mundo. Como si hubiesen dejado de morir los más de cinco millones de niños que mueren de hambre en el mundo. Como si el sida hubiese sido ya erradicado de la Tierra o hubiesen acabado las guerras fratricidas, como lo son ahora ya todas en la aldea global.

Entendería que con tales premisas se utilizara una parte del excedente de haber cubierto todas las necesidades en curso para inmortalizar tamaña gesta, fruto del buen hacer de la Humanidad.

Pero habiendo tanta necesidad aún por cubrir. Tantas personas como viven en condiciones infrahumanas, libres o presas, se haya gastado ese dinero en decoración, me parece que la cúpula ha de bloquear la puerta del infierno para impedir su ingreso a todos los responsables de semejante dispendio. Esa va a ser su suerte.

En el desglose de las aportaciones del derroche, querría ver a alguien que haya sacado su contribución de su propio bolsillo sin beneficio fiscal alguno. Porque me temo que todas las aportaciones son con dinero de terceros y/o a solicitar luego desgravaciones. Tal vez peque de mal pensado, pero qué se les ha de decir a tantos necesitados que dependen de la buena voluntad, pues al final acaba reduciéndose a eso, de tantas agencias de la ONU, a los que no les llega la ayuda humanitaria mínima para subsistir, luego de gastar, pues eso no es invertir sino gastar 20 millones de euros en una artística decoración faraónica.

Y esto no es demagogia. La demagogia es decir que el arte es arte y que por tanto no tiene precio. Si así fuera, no se hubieran precisado 20 millones de euros para algo que no tiene precio. Tal vez sea cierto: no tiene precio. Pero sí un coste. Y es del todo irracional, en pleno siglo XXI gastar ese dinero en algo que no tiene precio; un dinero que se necesita perentoriamente en tantos lugares del planeta.

Aunque ciertamente, si quienes han consentido el desaguisado del despilfarro consideran que 20 millones de euros son pelillos a la mar en comparación de lo que se necesita de verdad en el mundo, les diría que cesen de inmediato en sus cargos, pues han perdido la noción de la mesura y están descalificados para seguir gestionando tales fondos.

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