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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Echar la casa por la ventana

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 22 de noviembre de 2008, 09:28 h (CET)
Bien, señores, no me queda más remedio que reconocer que no entiendo nada de arte porque, miren si seré zote, que a mi lo que me gusta son obras como las de Zurbarán, Murillo y Miguel Angel, pero cuando se trata de apreciar una composición artística formada a base de chorros de manguera lanzando miles de kilos de pintura de colores para embadurnar las excrecencias de un techo relleno de estalactitas ( que no estalagmitas) artificiales para que, aquel conjunto de chorretones, acabe por formar un todo caótico y policromado al que, cada cual, le puede dar la interpretación que le parezca, desde un paisaje marciano a la expresión pictórica de una mente paranoica; debo reconocer, con sinceridad, que soy incapaz de encontrarle el quid que le otorgue a tal pandemónium la categoría de una obra de arte, tal y como parece que muchos han conseguido descubrir en la, tan ponderada, obra de mi paisano, Barceló. Y es que, a este magma de colores, pegajoso, con el que ha conseguido embadurnar toda la cúpula de la sede de las Naciones Unidas en Ginebra, convirtiéndolo en una especie de paisaje daliniano, cubierto de irregularidades puntiagudas, puedo conceder que se parezca algo a las cuevas de Manacor, en mi isla natal, pero poco tiene que ver con lo que la imaginación de Barceló quiere calificar como un mar, en todo caso sería un mar de olas raquíticas y escrofulosas y, por ende, contaminado de residuos industriales; ya que algunos colores que aparecen en él, nunca se podrían encontrar en las aguas verde-azuladas de un océano de nuestra Tierra.

El que el señor Zapatero haya ennoblecido la figura del “artista”, llamándole “genio” y “genio español”, nada más se puede justificar por el deseo de intentar justificar el hecho innegable de que, a este “genio de las finanzas”, se le hayan pagado, euro sobre euro, la friolera de 6 millones contantes y sonantes, de la nueva moneda europea. Toda la imaginación que el autor ha tenido que poner para pergeñar sus gran obra seguramente se ha reducido a visitar, un par de veces, las cuevas de Manacor y, si cabe, y un poquito más cerca de Palma, las maravillosas Cuevas dels Hams, una preciosidad en miniatura de la filigrana que el calcio puede llegar a formar, en virtud de milenios de años de goteo del agua través de las capas de caliza. El que no vea, en la dichosa cúpula, una pobre imitación de las cuevas de Mallorca es que nunca ha visitado la isla.

Claro que puede que Zapatero, tan entregado a su labor de transformar España, no haya tenido tiempo para saborear tan selecto festín visual. En todo caso, no se puede decir que el señor Barceló no haya sido hábil para venderle al señor Moratinos y toda la comparsa de “entendidos en arte”, que han contribuido a que España se gaste de las Arcas Públicas la friolera de 8 millones de euros en este proyecto, su megalítica creación.. A algunos, les puede parecer que, en la situación complicada por la que atraviesan los españoles no se entiendan muy bien tales muestras de ostentación, de despilfarro institucional, de falta de respeto por los millones de ciudadanos en paro y de poca sensibilidad ante los problemas acuciantes por los que pasan cientos de empresas pequeñas que no pueden conseguir créditos para afrontar la crisis; así como, que en Catalunya, se despilfarre en propaganda institucional, en promocionar el catalán, en pagar asesorías que no asesoran nada y en fomentar a organismos represivos de la libertad de expresión, como el CAC o que, en Madrid, el señor Gallardón emplee 74 millones de euros en poner papeleras o que, en la Coruña, el alcalde se compre dos turismos Mercedes y una furgoneta de la misma marca para su uso particular con dinero público o que, en Galicia, se despilfarre para expandir el gallego en perjuicio del castellano; resulten inoportunas y chocantes, cuando no despreciables, si es que es, desde el propio Gobierno, donde se fomenten o favorezcan tales dispendios, algunos excesivos y otros que se pudieran considerar que forman parte de actuaciones que atentan contra de la propia Constitución española.

Evidentemente, que puede resultar patética la excusa que el inefable Moratinos se ha inventado para vender a los ciudadanos la inversión de tantos millones ( la ONU sólo había pedido una contribución de cuatro millones), si es que pretende, amparándose en que el gobierno de Zapatero ha destinado dinero para vacunar a un millón de africanos, justificar los ocho millones que ha costado la obra de Barceló, porque es obvio que se le podría argumentar que mejor hubieran sido gastados los millones invertidos en la cúpula de Ginebra en vacunar a unos cuantos millares más de desfavorecidos de África, Asia o países hispanoamericanos, que se están muriéndose de hambre y enfermedades incurables por no disponer de alimentos y medicinas adecuadas. Y es que, si sumamos todos estos gastos, unidos a los aumentos astronómicos de sueldos que se han auto concedido muchos presidentes de comunidades autónomas, que han preferido ignorar la austeridad que han recomendado a los ciudadanos, para llenarse las faltriqueras; no hay duda de que serían más útiles y justos si se hubieran dedicado a reducir las consecuencias de la crisis que padecemos para aquellos más afectados por ella.

Pero, es que existe una clase, integrada por políticos de alto nivel, artistas adictos a la causa socialista, meapilas de la cultura, enchufados de las administraciones y altos estadios de las instituciones, entre los que no falta la realeza; que están tan alejados de los ciudadanos de a pie, viven en su particular burbuja de bienestar y desconocen tan profundamente los problemas que afectan a la ciudadanía y el impacto que causa en ella la recesión; que da la sensación de que se consideran autorizados a vivir a distinto nivel, a un nivel privilegiado y que gozan de la facultad de gastarse el dinero de los contribuyentes, aquel que debieran administrar con cuidado y dedicarlo a favorecer a los más necesitados, en cualquier clase de lujos, viajes, gastos extraordinarios y contribuciones a obras faraónicas; ajenos por completo a lo que se debería considerar provechoso para los españoles. ¡Y estos son los socialistas, los seguidores del señor Besteiro, los que nos debieran dar el ejemplo de cómo se deben administrar los caudales públicos y de solidaridad con las clases más necesitadas!

Y, entre tanto, la policía escasea y está mal pagada; los médicos de la Seguridad Social piden mejoras porque no dan abasto a las consultas; las carreteras tienen puntos negros no señalizados, causantes de cientos de muertes y no se pueden pagar las ayudas de la Ley de Dependencia ni los apoyo económicos para el alquiler de los jóvenes, por falta de recursos. Estos son, señores, aquellos que apenas hace medio año nos prometían una legislatura de prosperidad y pleno empleo. Lo que ha sucedido es que estos socialistas solo han actuado en derechura de sus narices, sin importarles que, para llevarse el agua a su molino, España y los españoles estemos hasta el gollete.

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