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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¡Señora Chacón, nada de misión de paz, guerra, guerra de verdad!

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 21 de noviembre de 2008, 09:13 h (CET)
Lo que resulta evidente es que la ministra Carmen Chacón ha aprendido, rápidamente, del resto de los miembros del Ejecutivo, la forma de pasarles la patata caliente a los demás. Si en algo son expertos estos socialistas que nos gobiernan, es en eludir sus responsabilidades y cargárselas a los demás. Es notorio que la ínclita Magdalena Álvarez, la incombustible ministra de Fomento, la que ha acumulado sobre su ministerio el mayor número de yerros y meteduras de pata, sin que por ello haya tenido que pagar castigo político alguno, aunque fue públicamente reprobada en el Parlamento y se pidió su dimisión en numerosas ocasiones, todas ellas sin éxito, gracias a que Zapatero siempre ha sido incapaz de reconocer un solo error cometido por su Gobierno. En todo caso, esta ministra, tan bien valorada según las encuestas del CIS, ha demostrado que, como el resto de sus compañeros, es incapaz de encajar un revés y que su apego al puesto que ostenta es tan grande, que se inventa cualquier excusa para salir del paso aunque ello comporte, como ha sucedido en el caso que nos ocupa, el tener que largarles las culpas a los EE.UU que, no lo olvidemos, son los que, de verdad, han asumido la parte más peligrosa de las operaciones en Afganistán, que consiste en enfrentarse militarmente a los talibanes, expertos guerreros, perfectos conocedores del terreno e imbuidos de un odio tal a los occidentales, que no les importa sacrificar sus vidas en ataques suicidas con tal de infligir bajas a su adversarios.

O sea, que mientras el señor ZP estaba mendigando un sitio para él, que no para España, en la Cumbre de Washington, lamiéndole las suelas de los zapatos al señor Sarkozy o, cuando se mató para ocupar, a codazos, un lugar detrás del señor Bush, –al que tanto había denostado; a quien no se había recatado en ofender con su actitud mal educada al no levantarse al paso de la bandera norteamericana; del que se desmarcó desairándolo con la precipitada retirada de las fuerzas españolas de Irak —, para salir en la proverbial foto de “familia” realizada tras la reunión; ahora viene la señora Chacón, aquella que algún jefe del ejército más lanzado le pide permiso para besarla y, sin encomendarse a Dios ni a la Virgen ( cosa, por otra parte, bastante normal entre los laicos socialistas) les lanza una patada en la espinilla a los soldados norteamericanos que se juegan la vida en el frente, para recriminarles que no se “hayan esmerado más” en cuidarse de los soldados españoles que permanecen en la retaguardia, sin el armamento adecuado, sin los blindados precisos y sin que, desde el Gobierno, se les autorice a nada más que a defenderse de aquellos que les atacan.¡Pues muy bien, señora Chacón! Usted ha hecho lo mismo que el niño “acusica” que señala al culpable de una travesura para que el maestro lo castigue, pero la realidad es que ha sido incapaz de proteger debidamente a nuestros soldados.

¿No se le ha ocurrido a la señora ministra, que esto de estar entre terroristas dispuestos a sacrificarse por sus religión y sus ideas, pueda resultar peligroso para aquellos que llevan un uniforme militar, portan armas y ocupan una posición en una tierra que algunos creen que les pertenece y que, aquellos que la ocupan, sólo están allí como invasores para impedirles organizarse como a ellos les parezca? Ahora, tarde por supuesto, reconoce que, al menos, existe “una violencia terrorista generalizada” y, señora mía, ¿no es cierto que, para ello, para definir esta situación, existe una palabra más corta y entendible que el vulgo conoce como: “guerra”. Pero no quieren reconocerlo y los soldados que mueren no lo hacen por estar en guerra lo hacen por estar en “paz”, una paz que ellos llaman “misión de paz” pero que entraña todos los peligros propios de una situación beligerante ¿Quién era que dijo aquello de que: “para conseguir la paz hay que estar preparado para la guerra”? Pues esta evidencia, de todos conocida, parece que a los socialistas, que nos gobiernan, no les entra en la mollera o, puede, que no les convenga entenderlo así por cuestiones electorales; y todo ello, a pesar de que el mejor ejemplo de esta táctica lo tienen en la madre del socialismo, el “Alma mater” de los progresistas que tenemos que soportar, la propia Rusia, antes Unión Soviética, convertida en la segunda nación del mundo en poderío militar que no ha dudado en invadir Georgia cuando le ha convenido. ¿Qué dicen a esto los que se desgañitan con el “no a la guerra”, qué piensa de ello la señora Barden y su grupo de amigos millonarios, pero comunistas? No dicen nada, porque quienes envían a nuestros soldados a morir lejos de la patria, mal pertrechados y sin poder perseguir a quienes les atacan, son de su misma calaña y no les conviene ponerse a mal con quienes les pagan por tenerlos a su lado. Y ¿saben por qué están en peligro nuestros soldados?, pues porque están en “misión de paz” y el ejército que está en esta situación se convierte, automáticamente, en carne de cañón, en objetivo predilecto para los terroristas, porque ellos no entienden de estas disquisiciones y porque su objetivo es sacar de su territorio a todo aquel que vista uniforme militar. Los que van en misión de paz no deben representar una amenaza para los que están en guerra y debieran hacerlo como una ONG cualquiera o bajo la Cruz Roja o la Media Luna Roja islámica, pero no con ametralladoras, aunque no disparen, o carros blincados, aunque no resistan las minas o las bombas de los atacantes.

Pero, aquí, en España, ya se ha perdido todo atisbo de patriotismo, la juventud prefiere drogarse, ir a las discotecas, el botellazo, formar pandillas y dejar embarazadas a sus acompañantes, para que después aborten aunque cuando llegue el momento no desdeñan hacer campañas, unidos a los de la farándula, para protestar por los millones de niños que mueren de hambre. ¿Han visto ustedes algo más absurdo? Matar fetos no les preocupa, pero los niños que mueren si, ¿en qué quedamos, qué clase de moral es esta, qué tipo de locura nos ha invadido? España ya no importa, la bandera ya nadie la respeta, los soldados no son soldados, sino peregrinos en misiones de paz. Y el ministro de la Guerra, aquel señor con unas barbas imponentes y voz de trueno ha quedado transformado, por mor de los cupos feministas y la voluntad de Zapatero, en una señora que, previamente, era contraria al ejército, nacionalista catalana y progresista de pro, a la que los militares cachondos le piden permiso para estampar un ósculo en sus arreboladas mejillas. ¿Dios mío, en qué país estamos viviendo? Pero nuestros soldados van cayendo, uno tras otro, mientras los políticos continúan defendiendo aquella estupidez de “la misión de paz”. No creo que los familiares de estos muchachos puedan entender muy bien los argumentos de la señora Chacón. Yo, si estuviera en su lugar, tampoco podría.

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