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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Recordando a Paco Candel

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
viernes, 21 de noviembre de 2008, 09:13 h (CET)
Por estos días se cumple el primer aniversario de la muerte de Francisco Candel, un escritor que a lo largo de su vida publicó una cincuentena de libros, que pasó por el mundillo de la política como senador y concejal de l’Hospitalet y que en sus textos describió perfectamente aquella Barcelona periférica y barraquista que iba creciendo a golpe de hambre y necesidad mientras los poderes públicos miraban hacia otra parte. Ahora, pocos días antes del primer aniversario de su muerte, los anaqueles de las librerías tienen como inquilinas a dos obras que hablan de éste desaparecido escritor, una biografía escrita por Genis Sinca titulada “La providencia es diu Paco” (La providencia se llama Paco) y la reedición del que tal vez sea su libro más vendido “Els altres catalans” nos recuerdan que la obra de este escritor nacido en Valencia, en tierras del Rincón de Ademuz, pero afincando desde siempre en la periferia barcelonesa sigue vigente y debe ser conocida por las nuevas generaciones.

Supe de la existencia de Francisco Candel hace ya muchos años, a mediados de los sesenta. Por aquel entonces me gustaba, lo mismo que ahora, pasear entre libros, entrar a una librería y pasar las horas muertas tocando los libros, acariciándolos, sintiendo que con su presencia física me iban transmitiendo algún tipo de conocimiento, conversando con el librero, esa figura hoy ya casi desaparecida. Un buen día en la librería Viridiana de Valencia tropecé con un libro titulado “Donde la ciudad cambia de nombre” que iba firmado por un escritor desconocido para mi, hojee sus páginas y lo lleve a casa conmigo, me pareció que aquella historia que hablaba de desheredados de la vida era interesante, al fin y al cabo sus personajes no me eran tan ajenos ya que durante años en mi casa había visto a mi madre hacer mil piruetas y trabajos para poder llegar a fin de mes aunque fuera de mala manera y sumidos en la escasez de la clase trabajadora.

A aquel libro, que había sido editado por primera vez a finales de los años cincuenta, le siguió otra de las obras de Candel, “Han matado un hombre han roto un paisaje”, otro texto donde el realismo social se hacía presente mostrando una cara diferente de la que el desarrollismo franquista de los años sesenta nos quería hacer ver. Los libros de Candel me introdujeron en una ciudad diferente, en unos barrios de calles sin asfalto y casas sin agua corriente ni luz eléctrica en algunos casos y en los que el chabolismo era el rey, era, entonces, una parte de la ciudad donde ahora vivo y cuyo conocimiento más tarde ampliaría con las lecturas de las obras de Juan Marsé, Eduardo Mendoza o Manuel Vázquez Montalbán. Otro de los libros “candelianos” que me impactó fue “El altres catalans”, éste adquirido a finales de los sesenta o primeros setenta y en el que el escritor hace un detallado estudio de esos “otros catalanes” que, un día generalmente acuciados por la necesidad y el hambre, llegaron hasta Barcelona en busca de mejores horizontes para ellos y los suyos. Recuerdo que, en su momento, fue un libro polémico.

Pero también fue en su momento un libro censurado. Ahora con la reedición del mismo, incluidas las 31 amputaciones que sufrió, nos enteramos de algunas cosas que en su momento el censor, Félix Rosa falangista catalán, consideró no debíamos conocer a pesar de que a veces pareció actuar más cómo abogado defensor que cómo fiscal acusador, al fin y al cabo para aquel catalán y nacionalista español de camisa azul el libro no iba a ganar “ni un solo prosélito para el separatismo” y es que entonces como ahora cualquier cosa que no tuviera el marchamo de la unidad centralista olía a cuerno quemado.

Paco Candel, el escritor de las barracas, acabó sus días con medallas oficiales, sin olvidar sus orígenes y entre la admiración de Jordi Pujol que siempre admiró al “hijo del sacristán”, al que durante muchos años le costó llegar a final de mes como nos muestra la anécdota que da titulo a la biografía que ahora se edita, un buen día su mujer le dijo que tendrían que llamar a la providencia para llegar a final de mes, la respuesta del escritor fue coger su vieja Olivetti para escribir un artículo más mientras murmuraba “la providencia, la providencia……, la providencia es Paco”.

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