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Lágrimas

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
jueves, 20 de noviembre de 2008, 06:21 h (CET)
Por delante vayan mis excusas si en esta ocasión omito más preposiciones o conjunciones que de costumbre, pero tengo la visión algo borrosa a causa de las lágrimas. He leído atentamente el manifiesto los líderes mundiales que se han reunido en concilio en la patria de El Club y, claro, me ha dado la risa tonta. Nadie me había prevenido de que el asunto era cosa seria, y me lo tomé, según se ve, sin rigurosos considerandos. Menos mal que el humor no se pierde: ¡menudo follón para nada!

Nada en su más violenta manifestación ha sido el resultado de este concilio que ha detenido los pulsos del planeta. Sin embargo, los líderes reunidos son buena gente, no se piensen; lo que pasa, es que se juntan, comen, beben y, como están tan cómodos, se les va el alma al cielo y se les olvida que está el mundo como está gracias a su concurso. La foto ha quedado bien, muy bonita, pese a todo. Adempero, el chiste, aunque fuera fácil hacerlo, no está en la foto, sino en el comunicado. En el colegio de curas al que iba cuando chico también nos contaban muchas historias bonitas llenas de muy buenas intenciones; lástima que ni las buenas intenciones de los cuentos de los curas sirvieran para combatir el pecado ni las de los líderes para combatir las crisis que ellos mismos han creado... e incluso algunos negado hasta ayer.

En fin, el caso es que se han reunido, han alternado, han soltado sus discursitos y en conciliábulo han largado un manifiesto que ni dice ni remedia nada, sino que concede bula penal a quienes han producido este desmadre que aflige a la sociedad mundial, y a otra cosa. ¡La cantidad de palabras que han sido necesarias para no decir ni mu, oiga usted! Eso sí, lo han manifestado con la mayor pomposidad y con un lenguaje tal que parecía el decálogo divino. A mí no me hizo ni pizca de gracia todo ese fárrago de simplezas hueras, sino la cara que pondría el lector medio que se animara a meterse tal cantidad de paja en los ojos, ése que tiene el alma hipotecada y el porvenir en un fil: como si le hubieran contado en nabateo la Teoría de las Cuerdas, seguro. Le imagino con cara de pez y el corazón sobrecogido por la duda, no sabiendo si echarse ilusionado a recuperar el sueño perdido en los últimos meses o si temblar de pánico por la que se le viene encima. No es para menos.

Imaginar esto, añadir las risas contenidas de nuestros líderes y saltárseme las lágrimas de risa, todo fue uno y lo mismo, claro. No son los Santos Inocentes, pero como si lo serieran. ¡Qué humor, Virgen Santa! Lo mismito que decía uno cuando chico era sorprendido en una pifia: perdía adelantos de porvenir con falsas promesas de ser bueno de ahí en más. Qué digo bueno: santo. Pero, por supuesto, ¿qué otra cosa podían hacer?..., ¿dimitir por incompetencia?..., ¿admitir que ellos causaron el problema?... No señor, nada de eso: editar un manifiesto abigarrado, hueco y confuso que parecía contener la panacea del movimiento continuo cuando no decía nada de nada. “No va a volver a pasar...”, “nos vamos a coordinar....”, etcétera. Y no, Virgencita, mejor que no se coordinen. Mejor, mucho mejor, que nos quedemos como estamos.

No obstante, y para aclaración que aquellos eventuales lectores del manifiesto de nuestros líderes y de este artículo que no se hayan enterado de gran cosa, pongamos las cosas claras en román paladino: “estamos fotut”. He aquí la síntesis de un texto tan arduo como largo y árido: hemos pagado, pagamos y pagaremos, aunque, eso sí, con dulces palabras que no resolverán nuestros problemas y firmes propósitos de enmienda que prometen más y mejores crisis que bajen los humos a quienes tengan la cresta alta o que devuelvan al arroyo a quienes al arroyo pertenezcan. Así está la cosa, ni más ni menos.

En conclusión, a quienes sean lo bastante inteligentes y tengan la posibilidad de ponerlo en planta, bueno sería que se prepararan para un disparatado aumento del desempleo, las necesidades de supervivencia y los intereses de aquello que deben; para los que no, que hagan acopio de abundante mantequilla —¡qué suerte para Soria!-, o, en su defecto, vaselina de regular calidad. Falta va a hacerles.

Con todo, es de agradecerse el esfuerzo de los líderes mundiales, quienes han sabido estar a la altura de las circunstancias y contar algún chistecillo en estos tiempos tan negros y un porvenir todavía más oscuro. (Me evito el obvio chiste subsiguiente para no pecar de racista.) Se agradece su esfuerzo, y que aun al simpático Berlusconi no le hayan cedido el micrófono en exceso para no herir la sensibilidad de los paganinis con sus burdas gracias, permitiendo que fuera sustituido por quienes tienen un sentido del humor más fino y consagrado.

Por suerte, a nuestro Presidente, quien tanto se ha esforzado por estar a cualquier precio en el concilio, le ha salido la cosa redonda: ya tiene foto con el saliente y puede decir que ha ganado un pulso. ¡A ver qué nos cobran Francia y los demás intermediarios por el favor! Como para llorar, ya digo.

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