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Etiquetas:   Al aire libre   -   Sección:   Opinión

Un robo para una estafa

Pascual Falces
Pascual Falces
miércoles, 19 de noviembre de 2008, 12:04 h (CET)
De nuevo se ve que hace falta un “gurú” de la economía financiera que se asome a la pantalla de “youtube” para explicarnos a los sufridos e ignorantes ciudadanos, con rotunda claridad, cómo con el dinero de las arcas del Tesoro de los españoles, sin más explicaciones, se va a repartir la cantidad suficiente y necesaria para que las opulentas entidades bancarias, llámense Bancos o Cajas de ahorro, tapen sus vergüenzas y enjuguen sus penas. Aquí no ha pasado nada... Y, ¡a otra cosa, mariposa!. ¿Se han parado a pensar la pila de millones de euros que se manejan? Si en la época de Felipe González, los choriceos ya daban vértigo, ahora la cara se pone como la de los astronautas cuando arranca el cohete que los lleva al espacio. Pegada la piel al hueso.

La conversión al euro trajo muchas consecuencias; una de ellas es la absoluta pérdida de noción del cambio cuando se trata de miles de millones. Es algo así como las distancias siderales. Inasequibles. El Presidente del Gobierno aseguraba que la situación bancaria era inmejorablemente sólida, y, ¡zas!... como consecuencia, se arbitran una impresionante cantidad de esos miles de millones para lo que pueda hacer falta, por si acaso (¡asombroso!) ¿No eran los Bancos los que, indefectiblemente, cada año ganan más dinero que el anterior?... pásmense entonces, y sujeten los palos del sombrajo, porque a esta columna se le han caído varias veces.

O aquellos balances eran más falsos que Judas, o el dinero depositado se ha perdido por entre las cajas fuertes, en algún “butrón”. Invéntense el calificativo que les merezca; desde aquí lejos, catalejo en mano, y pez en economía financiera, se ve muy claro. Y, ¿qué me dicen de la solución?... esa es otra. “Entre pillos anda el juego” era una divertida película protagonizada por Michael Caine, en la que entre sinvergüenzas se arreglan las cosas. No me digan más... ¡Tate! los políticos han acudido en auxilio de los banqueros. Es como si los “cuatreros” de una película acuden a salvar a los “gángsteres” de otra; tal vez, es el modo de empezar a entender el asuntejo, ¿entienden?

La bolsa del Estado, es decir, el Tesoro público es indefenso. Se cuenta como anécdota definitoria del carácter español, digamos latino, porque en América Latina se da con toda frecuencia, los robos del mismo se dan desde dentro del mismo. En cambio, el “asalto al Banco de Londres”, o el “robo del tren de Glasgow”, sólo suceden en la Gran Bretaña. No se sabe de nadie que se haya jugado la vida para llevarse el oro del Banco de España en la madrileña plaza de Cibeles. En cambio, al finalizar la Guerra Civil, las cajas fuertes oficiales y particulares estaban abiertas de par en par, y con la llave puesta.

Da la impresión de que algo parecido está ocurriendo ahora. A menos que la osadía que se atribuye a la ignorancia, que es inmensa, sea lo que confunde el particular y modesto “point of view” de esta columna asentada sobre el Pico de la Pala, encima mismo de Miraflores de la Sierra, pintoresco municipio que antes del desarrollismo era conocido como Porquerizas de la sierra. Con el progreso llegó el reconocimiento de su belleza, en justicia.

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