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Etiquetas:   Reales de vellón   -   Sección:   Opinión

ZP en Washington ¡Qué bien!

Sergio Brosa
Sergio Brosa
martes, 18 de noviembre de 2008, 08:55 h (CET)
A estas alturas de partido, con seis décadas cumplidas, uno no puede por menos que ser presa del escepticismo de la madurez. No es incredulidad sino el punto de vista que proporciona la perspectiva histórica. Y esta cumbre fantástica para Zapatero, me la estaba maliciando.

El resumen de la reunión del G-20 + colaterales, es nada. Nada práctico o tangible para cuantos están sintiendo los efectos de la crisis financiera internacional en sus propias carnes económicas. Una patochada. Reunión de líderes políticos invitados por Bush en su despedida, con algunos de ellos infiltrados de rondón, como quien se cuela en una boda para sentarse a la mesa del convite y jugar al despiste de si es invitado del novio o de la novia.

Después de tanto mendigar ZP para que le invitaran a la fiesta, no podía ser de otro modo que dijese en sus conclusiones que la reunión había sido fundamental, trascendente y todo lo que dijo, sin decir nada; como nos tiene ya acostumbrados por otra parte. Y lo más importante de todo “es que España fuera reconocida” en el foro. Lo que es del todo falso. Por no haber, no había ni bandera española. Y no es ningún consuelo que otros países, colados también de rondón en la fiesta, careciesen de su enseña patria en el mitin.

Zapatero ha criticado hasta la saciedad a su antecesor Aznar por sus fotos con Bush, incluida la de las Azores; no se levantó en el desfile al paso de la bandera de EE.UU.; ha sido incapaz de reactivar las relaciones ineludibles entre España y EE.UU. ¡Pero ah! No podía dejar pasar la ocasión de cenar en la Casa Blanca. Ansiaba una foto con Bush. Un envidioso. No podía consentir tampoco que estuviesen otros en esa cumbre y no él, que por lo visto cree tener mejor derecho que aquellos para asistir. Algún día sabremos lo que nos ha costado a los españoles la cesión de una silla de Sarkozy. No hay nada gratis en política.

Y dicho esto, es claro que España ha de estar presente en los foros internacionales ¡Cómo no! Pero los foros de utilidad pública y de efectos globales, no los foros cosméticos; esos que sólo sirven para maquillar la situación y simular la preocupación de todos para que hechos tales no se vuelvan a producir en el futuro.

Pero si tan siquiera los líderes de la UE se creen a la propia UE. En todos los países de la UE se han tomado medidas para atajar los efectos de la crisis, pero cada uno ha adoptado las medidas que a su mejor saber y entender ha considerado mejores para los intereses internos de sus propios países, al margen de su pertenencia a la UE y, sobre todo, para protegerse de sus propios correligionarios europeos, de quienes tienen mayor facilidad para contagiarse de fondos emponzoñados de virus malignos, provenientes todos de EE.UU.

Y lo de refundar el capitalismo vamos a dejarlo de lado. Ninguna doctrina económica ha sido nunca formulada por el estamento político. En ocasiones, algunos gobiernos han impuesto a sus ciudadanos un determinado modelo político-económico, con planes quinquenales y cosas así. Pero refundar el capitalismo no pasa de la mera idea de majadería. El propio Zapatero que atiende por socialista, pero que por asistir a la cumbre ha perdido hasta sus papeles ideológicos si alguna vez los tuvo, se ha mostrado más liberal que socialista. Entiendo que más por seguir la corriente de la cumbre, no fuera cosa que le quitaran la silla que tanto gimoteo le costó conseguir que por sentir genuinamente que la continuación del libre mercado es lo que ha de sacarnos de la misma crisis. La perpetuación del liberal-capitalismo. Pero a ser posible, perfeccionado.

Mercado libre o liberalismo no son sinónimos de que cada quien haga lo que quiera. A mayor libertad corresponde una mayor responsabilidad. Y sobre ello ha de prevalecer la obligada supervisión del Estado que es garante ante los ciudadanos del correcto funcionamiento de los mercados. Nadie, salvo los propios interesados, se ha quejado nunca, por ejemplo, de que las leyes antimonopolio coarten la libertad de las empresas para fusionarse entre ellas. Sin embargo, los gobiernos velan para que tales fusiones no supongan una posición de dominio que pueda acabar perjudicando, no sólo al resto de la concurrencia, sino también a la ciudadanía en general.

Esta crisis pasará, pues entre otras cosas, no va a acabarse el mundo por mucho que se lo propongan los agoreros del calentamiento global. No se producirá otra crisis con las mismas causas de ésta. Pero se producirán nuevas crisis económicas en el futuro que obligarán a los líderes mundiales a establecer nuevos parámetros de supervisión de mercados. Y ojala que no haya que implorar entonces la presencia de España en esos nuevos foros y sea invitada por su representatividad y capacidad de aportar soluciones y no sólo sonrisas Netol.

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