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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Si prometemos, ¿vamos a cumplirlo?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 17 de noviembre de 2008, 06:59 h (CET)
¡Por fín sabemos algo de la reunión del señor Zapatero con su homólogo francés, el señor Sarkozy! Y también sabemos que, nuestro Presidente, no se quedó en pamplinas a la hora de corresponder a la generosidad del galo cuando le cedió uno de sus puestos, como miembro del G-8, para que pudiera acudir a la cumbre de Washington. Recuerdo que, en uno de mis escritos, me preguntaba lo que le habría cedido Zapatero a Sarkozy a cambio de la tan deseada silla y, me planteaba, si le habría ofrecido al mandatario francés adquirirle material ferroviario para nuestra red en España, en la que, actualmente, están colaborando empresas extranjeras alemanas y de otros naciones. Me quedé corto, no supe valorar la verdadera obsesión de nuestro señor ZP por aparecer en la dichosa foto de la cumbre; no supe aquilatar la paranoia que afectaba a su mente, sólo de pensar que se iba a quedar sentado en su butaca de la Moncloa viendo por la TV como sus colegas salían en compañía de Bush (su más odiado enemigo) y de todo el resto de representantes de los países ricos del planeta. En realidad, ha sido la más bella y floreada declaración de amor que un hombre le puede hacer a otro; la señal de la entrega completa y la rendición incondicional ante los encantos de aquella persona a la que se le debe todo. No pudo contener su euforia, no supo mantener su entereza no consiguió dominar sus sentimientos y, en un arrebato, mirando a los ojos de Nicolás, le soltó lo que su alma le dictaba: “Te daré todo lo que me pidas”. Emocionante y tierno.

Lo que sucede es que, si bien este tipo de promesas se hacen frecuentemente entre enamorados o, entre tíos salidos que buscan sacar renta de la bobalicona de turno a la que quieren llevar al huerto; en cuanto se trata de promesas entre jefes de gobiernos de naciones distintas, de “compañeros de viaje” que realizan un crucero juntos y luego nunca más se van a volver a ver o entre lo que, hoy en día, se denomina “joint ventures”, alianzas transitorias entre dos o más empresas para llevar a cabo una operación comercial o financiera conjunta, pero que, una vez finalizada, cada una de las entidades sigue su propio camino sin ningún tipo de atadura legal que la mantenga unida a las otras; las promesas de tamaña magnitud pueden resultar muy peligrosas. No es el señor Sarkozy una “doncella” fácil de camelar, ni un socio al que se lo pueda dejar abandonado sin más ni más ni, tampoco, un representante de un país, como Andorra o Mónaco, cuya influencia ante el resto de países de la UE es más bien escasa; todo lo contrario porque, en la actualidad, deberemos reconocer que ha sido quien ha tomado el relevo del puesto que, en su día, ocupó el señor Aznar en una Europa admirada por la forma en la que había llevado a España hasta sacarla del marasmo económico en que estaba sumergida para conducirla a Europa, con nota. Sarkozy ha superado a Merkel y lleva la batuta de la iniciativa europea mientras el resto de naciones, incluida Inglaterra, no hacen más que observarle y seguirle la corriente en todas aquellas acciones políticas y económicas que el francés ha puesto en marcha, para adelantarse a las demás en la tarea de asumir el liderazgo de Europa ante los EE.UU.

Claro que la aventura en la que se ha metido el francés también tiene sus riesgos y, uno de ellos y quizá no el menor, puede que sea el minusvalorar la fuerza de la nación americana. Los EE.UU, aunque en dificultades, no es un hueso fácil de roer, incluso para un Sarkozy que se ha permitido fanfarronear diciendo que el dólar ya no es la única moneda importante en el mundo y que, así al menos lo ha dado a entender, los de la América del Norte ya no son la primera potencia mundial. No sé como le va a salir este órdago, teniendo en cuenta que media Europa ha entrado en recesión, incluso la nación que hasta ahora se consideraba el motor de toda la UE, Alemania, y la otra media está en vísperas de hacerlo. Tampoco los lazos entre las naciones europeas parece que sean demasiado sólidos si se tiene en cuenta el fracaso sonado de la famosa Constitución Europea e, incluso, de muchas medidas que se han pretendido tomar para combatir la crisis que no han sido capaces de imponerlas más que como recomendaciones, que podían adoptarse o no, según lo que los respectivos gobiernos decidieran. Yo diría que en Europa se confía demasiado en la interinidad de Bush y en la aparente apatía del electo Obama, respecto a esta cumbre. Pero no debemos dejarnos engañar, con esta prepotencia tan propia de los países europeos (tan propensos a creernos estar muchas millas por encima de los americanos atribuyéndonos la herencia de los romanos y los griegos), sin embargo, si bien es cierto que nuestra cultura ancestral proviene de nuestros gloriosos y cultos predecesores, también debemos reconocer que, desde hace unos años, nos tenemos que resignar a que el ochenta por ciento de los adelantos técnicos, inventos y avances científicos procedan del otro lado del Atlántico y parece que, en la actualidad, estamos perdiendo el partido por goleada.

Quiero decir que, si Sarkozy cree fácil imponerles sus criterios a los norteamericanos, con la “valiosa” ayuda del señor Zapatero (que ya ha anunciado una catilinaria doctrinaria y socializante para endosársela al señor Bush), ya puede apretarse los machos, porque deberá tener en cuenta que, todo lo que diga, si lo dice en nombre de Europa, puede que los americanos se lo guarden en el bolsillo para, cuando los necesitemos, ¡Qué los vamos a necesitar, como lo hemos podido comprobar durante el último siglo de Historia, puede que nos lo hagan pagar! Europa, no deberíamos olvidarlo, tiene peligrosos vecinos; lo que significa que, a diferencia de los EE.UU, nuestras fronteras con Rusia y con los países islamistas nos obligan a estar siempre avizor. Ya hemos tenido muestras de sus actividades terroristas y, en cuanto a Rusia, cuando se ha extralimitado, violando el Derecho Internacional, invadiendo Georgia y maltratando impunemente a sus pobladores, la “potente Europa”, la de los 27 países, no ha sabido hacer si no esconder la cabeza debajo del caparazón, como hacen las tortugas, porque sin el apoyo de los americanos somos incapaces, no disponemos de armamento y carecemos de productos energéticos, para poder enfrentarnos una potencia como la antigua Unión Soviética la que, a pesar de sus limitaciones actuales en cuanto a sus adelantos técnicos, todavía es capaz de borrar a Europa del mapa. De los países islamistas más vale no hablar, a pesar de la idiotez de la Alianza de Civilizaciones, porque nosotros somos una de las golosinas con las que esperan merendarse.

Es decir, que es muy posible que, con esta cumbre de Washington, se de aquella circunstancia consistente en “ir por lana y salir trasquilado” y, más valdría adoptar una actitud humilde y centrada en las posibilidades de arreglar el desaguisado, que en hacer ostentosas manifestaciones encaminadas a querer cambiar las reglas económicas que han venido rigiendo la humanidad, al menos la civilizada, durante tantos años. O, así me lo parece.

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