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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Siete minutos en la Cumbre para desbarrar

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 16 de noviembre de 2008, 12:08 h (CET)
“Tantas idas y venidas, tantas vueltas y revueltas, quiero amiga que me digas ¿son de alguna utilidad”. La fábula de Iriarte nos viene pintiparada para definir lo que han sido las andanzas de Zapatero para, in extremis, conseguir que el señor Sarkozy se apiadara de él y le permitiera ocupar uno de los puestos que le correspondían a Francia, en la famosa cumbre de Washington. Lo que primero debiéramos aclarar sería el porqué de una cumbre económica en la capital de los EE.UU y no en la sede de la ONU, en New York, porque resulta verdaderamente incomprensible que, si todos los países, al menos la gran mayoría, tienen sus representación en aquella Organización, si es que se trata de establecer unas premisas económicas para combatir la crisis o recesión que está haciendo mella en las finanzas de todo el Mundo, parecería un absurdo que todo el dinero que se ha gastado en tan costoso e infrautilizado organismo; creado específicamente para intentar coordinar los esfuerzos de todos los países de la tierra para mantener la paz entre ellos y, como no, para ayudarles a conseguir el bienestar común y la erradicación de la pobreza, resulte que, cuando llega la ocasión de utilizarla, de hacer uso de los medios de que dispone y de establecer pautas que ayuden a la humanidad a mejorar los mecanismos que rigen las relaciones entre ricos y pobres, y a buscar soluciones globales para salirse de una etapa difícil; no se la utilice y se opte por una Cumbre de unos determinados países, quizá los más afectados, pero no los únicos, por la crisis para que sean ellos los que tomen las decisiones sobre lo que se debe hacer.

Pero si, al principio, me he referido al señor Zapatero ha sido debido a que uno se hace cruces de que haya puesto tanto afán, se haya removido Roma con Santiago, se haya viajado a China, a Hispano América, y recorrido toda Europa para, finalmente, disponer de siete minutos para hacer un discurso que, si los medios de comunicación no nos engañan y los Santos Inocentes parece que caen todavía muy lejos; no es más que una burda e inapropiada filípica contra el señor Reagan, la Margaret Thatcher y el señor Aznar. Es cierto que, por los preparativos, por las reuniones con los sindicatos, los banqueros, los empresarios y con los partidos de la oposición, incluido el PP del señor Rajoy; uno se hubiera podido figurar que se estaba pergeñando un documento lleno de sugerencias económicas, de técnicas para salirse de la crisis y de medidas financieras para soslayar la recesión a la que parece que están abocados muchos países, España entre ellos, y conseguir ­– tema harto difícil e improbable, dadas las distintas ideas que sobre el modelo económico sustentan las naciones que participarán en la Cumbre – un consenso que aunara, en una resolución conjunta, la medidas básicas y los procedimientos comunes para evitar que las estructuras que han venido sustentando la economía mundial se desplomaran ante los problemas económicos actuales.

Si el señor Sarkozy hizo mal en calificar esta reunión de urgencia, como una “refundación del capitalismo” es evidente que nuestros gobernantes lo han entendido todavía peor. No se trata, señor Zapatero, de instaurar un régimen a imagen y semejanza del caduco y trasnochado intervencionismo estatal, según el modelo totalitario ruso, ni una sopa de refritos socialdemócratas que sirvan para que ustedes se salgan con sus viejas ideas igualitarias; nada de esto, y es una pena que, para redactar un discurso tan importante, el señor ZP y el PSOE haya recurrido a personas tan poco cualificadas técnica y políticamente como es el señor Blanco, un sujeto que puede resultar hasta divertido, si se lo toma en broma, pero que resulta un dechado de incompetencia cuando debe enfrentarse a un trabajo tan serio y de tanta trascendencia como debería tener nuestra intervención en la Cumbre de Washington. Vamos a ver si nos entendemos. ¿Cómo vamos a comparecer ante una reunión que intenta sacar del marasmo en el que se encuentran a naciones de todas las ideologías, de todas las religiones y de todos los sistemas políticos, entrando a saco contra el neoliberalismo?, ¿ a quién se le ocurre, más que a un orate, utilizar como plataforma ideológica y partidista, un foro en el que debe de primar el respeto por todas las ideologías y que, por añadidura, lleva el título putativo de “refundación del capitalismo”, o sea, que nadie ha dicho que se vaya a abjurar del sistema liberal, ni de la economía de mercado, ni de la propiedad privada, ni del legado de occidente; porque de lo que se trata es de rectificar aquellas fallas que se han detectado en el sistema, para eliminarlas y buscar soluciones que permitan que la economía, no la socialista, ni la comunista ni tan siquiera la islamista, pueda remontar los efectos nocivos de una mala praxis utilizada por una serie de especuladores indeseables que, contrariamente a lo que pretende demostrar ZP en su panfleto, no son capitalistas, sino, simplemente, unos aprovechados sinvergüenzas que buscaron su propio provecho y, esto, señor Zapatero, tanto se da en el capitalismo como en cualquiera de los sistemas políticos, entre los cuales está el mismo que usted defiende; porque,en España, tenemos más ejemplos de los que quisiéramos de lo sucedido en la etapa de Felipe González y en esta misma en la que, usted, gobierna el país.

Mucho me temo que, si alguien no lo remedia – y parece ser que el PP de Rajoy no está por la labor, cuando le dio un cheque en blanco a ZP para su comparecencia en la Cumbre –, el señor ZP y su discurso en contra del neoliberalismo y en defensa de las doctrinas socialdemócratas atacando, virulentamente, las políticas del señor Reagan, de la señora Thatcher y del mismo Aznar; va a ser la pieza oratoria más demencial, incorrecta, absurda e inapropiada de todas las que se expongan en la reunión de mandatarios a celebrar el día 15. Por falsa, ya que en los tres casos citados las economías de EE.UU, Inglaterra y España gozaron de su mejor etapa y buena salud, siendo ejemplo para muchas otras naciones que se esmeraron en copiar los excelentes resultados de sus respectivas gestiones; por lo inoportuna, por pronunciarse en casa de los anfitriones que, aunque indecisos, acabaron por aceptar su presencia, si bien por la puerta falsa, todo hay que decirlo; por sectaria y falta de rigor científico, por haber sido fruto de un contubernio entre barones del PSOE, pretendiendo sacar tajada política del evento, en lugar de intentar lograr apoyos, ayudas y fórmulas apropiadas para combatir “nuestra crisis”, la peor de todas si es que nos fijamos en el número de pardos ( el mayor de toda Europa); por desproporcionada y temeraria, cuando se pretende ir para fanfarronear de nuestro sistema, cuando somos los que debiéramos procurar pasar desapercibido por haber sido incapaces de tomar una sola medida adecuada para parar el desplome de la burbuja inmobiliaria y afrontar, con tiempo, la llegada inevitable de la crisis ( la que, para más INRI, fue negada persistentemente por el Gobierno).

No vayan a presumir del control llevado por el Banco de España porque, vean ustedes el resultado que tuvo dicha vigilancia cuando se trató de evitar los créditos basura dados por los bancos a entidades dedicadas a la especulación y las hipotecas sobre inmuebles sobrevalorados. En todo caso, no debieran tener la cara dura de atribuirse los méritos de los controles realizados por dicho organismo regulador; ya que, quienes fueron los artífices de que se implantaran no fueron ustedes, ni Felipe González; fueron, conviene recordárselo: el señor Aznar y el señor Rato. Es sabido que ustedes, los socialistas, son unos expertos en esto de engatusar a los ciudadanos; pero no todos nos dejamos.

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