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La alegría de mamá Obama

Luis del Palacio
Luis del Palacio
miércoles, 12 de noviembre de 2008, 08:55 h (CET)
Sujetos por los tentáculos de ese pulpo que se llama “lo políticamente correcto”, hoy es de buen tono adorar a Obama por la peana (me salió un pareado, pero no lo elimino porque ripios, pareados, coplillas y lágrimas –de alegría, en este caso- de cocodrilo, forman parte del abigarrado collage que forma parte del decorado del presente patio de Monipodio) Lo cierto es que hace poco más de un año, nadie, aparte de su familia y amigos y un reducido grupo de electores, sabía quién era el buen señor; sin embargo, hoy, por el arte de birlibirloque de la televisión vía satélite, todos nos hemos condolido por la muerte de la abuela blanca, la banquera de Jamaica, como si de alguien próximo se tratara (Sería curioso saber cuántos de los siete millones de votos que ha obtenido sobre el candidato republicano, corresponden a indecisos de buen corazón, que decidieron “alegrarle el día” a Barak con su voto).

Todos “sabemos” muchas más cosas de la vida y obra (?) de Obama que de las de aquel tío abuelo o bisabuelo que marchó a Cuba en los años veinte. Es un decir. La mercadotecnia de la imagen, la industria que troquela “buenos” y “malos”, ha hecho que el nuevo Presidente de los EEUU tenga vitola, como los buenos puros, y que en ella figure la leyenda: apto para el consumo de masas. (Y si se me permite un poco más de metáfora: entre el infumable Bush con cara de macaco y reacciones psicopáticas de niño que aprieta a la vez todos los botones de un juguete demasiado complicado, la incógnita del atlético, atractivo y estudiadamente simpático Barak Obama, resulta mucho más fumable… de momento)

Lo que no parecen tener en cuenta los connoiseurs del “manual de estilo del buen progre”, es que el que va a convertirse en el 44 presidente del país más poderoso (por ahora) del mundo, no es ese “colega”, camarada en la “alianza de las civilizaciones” etc. etc. sino un político sin apenas pasado (político, se entiende), que es partidario de mantener la pena de muerte, contrario al aborto y representante en ciernes de la plutocracia más extendida y eficaz. Obama ganó a muchos con sus aceradas críticas a la invasión de Irak y nos sedujo con sus promesas de retirar las tropas (¿no les suena?) Sin embargo, anuncia sotto voce que habrá que enviar más efectivos a Afganistán. En su programa político no queda clara su postura con respecto al llamado Protocolo de Kyoto –que Bush no firmó- ni, en general, cuáles van a ser las medidas concretas que su gobierno adoptará para aminorar la emisión de gases que propician el “efecto invernadero” y procurar un uso más racional de los recursos naturales. Es evidente que tales asuntos no figuran dentro de las prioridades de ningún partido político con algún peso en Norteamérica, como tampoco el incremento de las ayudas efectivas, coordinadas y sujetas a un control riguroso, destinadas a los países de llamado Tercer Mundo (Ese mítico 0,7% del producto interior bruto, que nunca alcanzamos en España, es simplemente inconcebible en el país que lidera Occidente) El envío de maíz transgénico a muchos países africanos es, quizá, el mejor ejemplo de su concepto de solidaridad con el pobre.

Que Obama pueda cambiar tanta situación de lacerante injusticia es bastante improbable; aunque acaso no haya que perder la esperanza. Si empezara por desmantelar el campo de concentración de Guantánamo y levantara el embargo sobre Cuba –cuyas consecuencias sólo padecen los ciudadanos normales de la isla y en poco o nada afecta al establishment- el mundo vería algo más que un gesto, algo más que palabras hueras.

Ser negro, blanco, mulato o latino es una contingencia que no da ni quita valor al personaje. Condoleeza Rice es negra y, como Secretaria de Estado, ha representado la política coercitiva y miope del gobierno Bush durante casi una década. Colin Powel, también afroamericano, fue quien comandó las tropas en la infausta Guerra del Golfo.

Se van apagando los ecos de la fiesta. La abuela luo del nuevo presidente volverá a regar las hortalizas de su huerto y acaso alguna vez se pregunte cuándo le instalarán la luz eléctrica y el agua corriente, ahora que Obama es presidente… (Ya ven: ¡otro pareado! Es casi imposible librarse de la copla).

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