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Remedios venenosos

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
lunes, 10 de noviembre de 2008, 07:53 h (CET)
A pesar de esa filosofía llamada Ninja (no income, no job, no assets) que circula por ahí para justificar la crisis financiera que tiene alterados los pulsos del planeta, todo esto no parece sino una burda excusa para tratar una enfermedad con un remedio venenoso. El sistema, primero que nada, debiera haber evitado que exista una sola criatura que pudiera ser nombrada siquiera con el profundamente despectivo de “Ninja”, entre otras razones porque su deber es procurar el bienestar de todos los ciudadanos, garantizándoles trabajo, casa y lo necesario para la supervivencia (educación, justicia, sanidad, etc.), cosa que no sucede ni de lejos; y, después, debiera tener luces suficientes como para ver que todo esto es claramente un ardid para echar balones fuera, señalando como cabeza de turco a los más débiles para que los más ricos se enriquezcan hasta los cuernos de la luna con los dineros de todos, incluidos esos mismos “ninjas” en particular, y Juan Pueblo en general.

Que se sepa, ninguno de esos mal llamados “ninjas” entró en un banco pistola en mano a exigir un crédito hipotecario, y mucho menos utilizó influencias tales que les permitieran doblegar así como así la férrea voluntad de los banqueros. Se les concedieron las hipotecas porque algunos listos y otros vivos vieron en ellos la ocasión de vida, jugando a la ruleta de fortuna en una doble vertiente: la del beneficio directo que suponía el negocio inmediato, y la del negocio enjaretado que ha venido después, ya que todos los Estados, lejos de castigarles por esta tropelía, les regalan ingentes cantidades de dineros públicos. ¿Dónde están quienes produjeron esto?...: tan ricamente, disfrutando de la vida y riéndose a mandíbula batiente de todo el mundo. Orquestadamente, estos vivos fueron a otros vivos —banqueros y financieros de todo el mundo que quisieron sacar leche de una alcuza—, engañaron a ahorristas y pequeños inversores, y se adquirió la enfermedad que todos conocemos. Lo peor de todo, es que se va a medicar con un remedio infinitamente venenoso.

Responsabilizar de la crisis a quienes acudieron a los bancos a solicitar una hipoteca (con precios artificiosamente inflados por otros vivos que más saben de especulación y de saquear a la sociedad que de virtudes), no es sino una canallada que no merece sino un radical desprecio. Un desprecio del que no se puede excluir a quienes traficaron con esos mismos créditos basura, haciendo creer a ahorristas e inversores que estaban comprando a precio de ganga el monte de oro.

Es preciso tener en cuenta que detrás de ese epíteto insultante de “ninjas” hay hombres, mujeres y niños que bastante tienen ya con su desgracia de malvivir miserablemente en un mundo que derrocha y en una sociedad en la que unos pocos dilapidan lo de todos en inconfesables vicios y en insufribles boatos. Sin embargo, tanto los medios como los Estados parecen haber encontrado la cabeza de turco: ¡estos pobres...! Un epíteto que libera de otros epítetos más insultantes pero más justos a quienes se han valido de ellos para hacer su particular agosto entonces, y su año sabático ahora, mientras la población entera del planeta pagará sus excesos con desempleo, sufrimiento y puede ser que con desesperación y hambre.

Lo importante del meollo, adempero, es que los mismos que cometieron la aparente tropelía tenían unas toses escondidas en la manga, han señalado a otros con el dedo para desviar la atención, se las puesto en la garganta para llorar con afectadas maneras y ahora llorosamente solicitan dineros y dineros públicos para que no se caiga el tenderete financiero..., ¡mientras reparten dividendos! El truco, desde luego, es de alta magia financiera. Han obligado a la sociedad en pleno a que les apliquen un remedio a base de millonadas gratuitas que no caben en ninguna cabeza, pero que, sin lugar a dudas, se convertirá en venenoso. Venenoso, porque quien se sale con la suya cuando hace maniobras de este calibre, que no haya ninguna sombra de duda que volverá a las andadas con esa u otras estrategias. ¡Pues menudo negocio!

Muchos creemos que darles un céntimo a los bancos o financieras no es sino promover el latrocinio. Si la hicieron, que la paguen; si no tienen recursos para enfrentar sus deudas, a la cárcel con ellos sin ningún miramiento. ¿Acaso hay algún Estado que haya salido en defensa de cualquier otra empresa en crisis o con problemas financieros?... ¿Por qué ellos son distintos..., que se les consiente repartir dividendos y apropiarse gratuitamente de lo que no les pertenece?... Si se consintiera su derrumbe y se abrieran en los penales alas completas para estos vivos, los que vinieran detrás aprenderían. Sufriría el sistema, sin duda, pero también se rearmaría a sí mismo, fortaleciéndose con esta sana medicina que curaría el presente y prevendría el futuro, haciendo las veces de vacuna. De darles nuestros haberes, de consentir que los bancos y las financieras asalten los Estados y nos pongan a todos entre el pánico y la indignación, no será sino el más venenoso de todos los remedios, pues será el anuncio de muchas, más graves y cada vez más frecuentes enfermedades de parecido jaez, tal vez convirtiéndose en crónicas.

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