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Etiquetas:   Algo más que palabras   -   Sección:   Opinión

La Cumbre de Washington

Víctor Corcoba
Víctor Corcoba
martes, 11 de noviembre de 2008, 07:19 h (CET)
El mundo, todo el mundo, espera de la cumbre de Washington algo más que una foto, se precisa con urgencia un cambio radical, un mandato claro y convincente que fije nuevas reglas financieras en un mundo globalizado. La cuestión no es nada fácil, pero esta cumbre tiene que ser (ha de serlo) el inicio de apertura a un proceso de negociaciones. Esto ya sería todo un éxito, encontrar la llave maestra que diese fuelle a todos los Estados para reglar los mercados internacionales de acuerdo a los nuevos tiempos. Dicho lo anterior, pienso que Europa debe hacer valer sus pautas y ofrecer sus propias directrices de comunidad en el citado encuentro. El constituyente esencial del capitalismo basado en el “máximo beneficio” es maquiavélico; puesto que, con tal de obtener ese fin, considera justificados todos los medios utilizados. Sería absurdo negar su aportación material a una parte de la humanidad, sobre todo por la industrialización, pero ciertamente se ha envenenado el sistema con el ansia de ganar y tener dinero a cualquier precio, obviando de las agendas de la vida todo valor humano.

Tal y como está el patio de descontrolado, diversos especialistas piden que los Estados intervengan con mayor fuerza para resolver la actual crisis financiera global. Me parece bien por tanto que el presidente del gobierno español considere la presencia española en Washington como algo fundamental y le de rango como cuestión de Estado, entrevistándose con especialistas, fuerzas sociales, económicas y políticas. Zapatero quiere garantizar que España siga en la élite mundial tras la cumbre y hemos de reconocerle que está poniendo todo su empeño. Como también debería poner el mismo afán, puesto que determina las directrices de la política interior y en consecuencia es el responsable directo, en el despilfarro territorial que se viene produciendo incluso en plena crisis. En ningún caso debe ser posible que sigan realizándose operaciones especulativas sin control ni transparencia alguna. Esto ha de castigarse duramente. Por otra parte, también sería inútil que el Estado por un lado se apriete el cinturón, mientras el resto de las administraciones públicas, que gestionan muchos más recursos que el gobierno central, pasen de hacerlo.

La sociedad del mundo globalizado requiere con urgencia cambios profundos. El alto riesgo de unos sistemas financieros lo único que generan es alarma social. Coinciden también los especialistas que el mejor camino es crear un sistema bancario competitivo en que los depósitos estén garantizados por el Estado. Tampoco debe ser posible que los bancos realicen operaciones altamente especulativas o que todavía cohabiten los paraísos fiscales. Si lo que se tiende es a un sistema financiero global esto conlleva un fondo monetario global, con el que habrá que ponerse de acuerdo y acordar modos y maneras de transparencias económicas. La arcaica y oscura utopía de la Ilustración: “Tenemos derecho absoluto a ser felices en este mundo”; avivada con la respuesta actual del capitalismo floreciente: “Y lo seréis cuanto más grande sea la talega”, está sumamente enraizado en el subconsciente, y en la conciencia colectiva de los pueblos, de las familias y de los individuos. “Poderoso caballero es don dinero”- dijo el visionario poeta. Es de las pocas proposiciones universales que no se borran, que el tiempo tampoco las destruye. Por si fuera poco el desaguisado, algunos medios de comunicación social, dominados por el gran capital, se encargan de que no se nos olvide.

Volvamos a nuestro país. El presidente del gobierno ha explicado que la presencia de España en la cumbre es fundamental. Lo ha dicho por activa y pasiva y lo ha conseguido. Ahora hay que mantenerse. Esto se consigue ganándose el respeto. El ocupar el octavo puesto en PIB, la experiencia en la supervisión y control del sistema financiero que le ha evitado las quiebras bancarias como las sufridas por otros países de nuestro entorno, es un punto. Para que sea punto y seguido habrá primero que ejemplarizar nuestro propio sistema que también tiene muchas lagunas. La corrupción en España ha hecho mella. Por ello, sin duda, cada día va a ser más necesario que nunca, la intervención del Estado para regular la vida empresarial y conducir a la estabilización de la economía.

Urge la aparición de un regeneracionismo de ruptura, lejos de todo pacto con el aburguesamiento egoísta al que nos impulsa la sociedad capitalista. La persona interesa como productor y como consumidor. La cumbre no puede obviar esta realidad. Ya hace muchos años Herbert Marcuse denunció un hecho que sigue estando de actualidad, decía que el hombre y la mujer de hoy salen a la calle, fundamentalmente, a comprar o a consumir sus horas libres en los grandes espectáculos de masas, o a hacer proyectos de compras y anteproyectos de más compras. La gente se reconoce a sí misma en su mercancía, en el supermercado, encuentra su alma en el automóvil, en los viajes a ninguna parte. Con los productos de consumo acallamos conciencias y entretenemos desesperaciones que rayan la locura, porque al fin y al cabo nos sentimos presos cuando el corazón lo que nos pide es ser libres. Quiera, pues, que la ansiada cumbre de Washington vaya más allá de la absolutización del momento económico. Por cierto, vuelvo a estar de acuerdo con el presidente que en su agenda figure también la lucha contra el cambio climático y contra la pobreza, y el relanzamiento de la Ronda de Doha sobre el comercio mundial a favor de un orden internacional más justo. La sociedad postmoderna es hedonista y consumista como le enseña el sistema. Hay que ser rompedores en esto. Ya está bien de tanto relativismo y escepticismo, de tanto pensamiento débil y fragmentario que no se compromete a nada, de confundirlo todo, de reírse de la verdad y de regocijarse con la altanería del poder. No en vano el refranero ya lo advierte: tras la risa viene el llanto.

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