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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La crisis tiene solución

Ramiro Pinto (León)
Redacción
martes, 11 de noviembre de 2008, 08:10 h (CET)
Inmersos como estamos en una crisis sin parangón se suceden declaraciones sobre la necesidad de refundar o regenerar el capitalismo (Sarkozy); o Establecer un nuevo contrato social (Teresa de la Vega). Hay un común acuerdo institucional sobre la conveniencia de controlar los flujos financieros y regular la economía especulativa. Ahora que el dinero deja de circular en los mercados nacionales se empieza ver conveniente prohibir los paraísos fiscales. El problema es cómo se lleva a cabo todo esto, porque hasta ahora las medidas que se toman no funcionan. Sucede lo contrario, agravan la situación. En lugar buscarse otras soluciones se insiste en una peligrosa huida hacia delante.

Asistimos a una crisis de modelo, no de ciclo, lo cual hace más delicada la situación. Podemos salir del modelo, pero no de la crisis. Lo que se presentan como las causas de la misma son excusas. Es preciso clarificar algunos procesos que están sucediendo para entender posibles soluciones. 1.- Asistimos a una reubicación de capitales, que necesitan fusionarse ante la competencia global. No es la crisis la que provoca las quiebras o fusiones de los bancos, sino que aumentarán en un futuro convirtiéndose en uno de los desencadenantes de la crisis que vivimos. Los capitales compiten en una economía global, diferente a la anterior etapa que fue internacional. Como dice un refrán africano “cuando pelean los elefantes mueren las hormigas”. 2.- El reajuste empresarial es lo que lleva a la crisis y no es la crisis en sí la que provoca los despidos. Ya el año 2004 Sony despidió a 20.000 trabajadores en todo el mundo. Sucede un fenómeno nuevo: aumentan los beneficios y la productividad con menos trabajadores. Las nuevas tecnologías sustituyen mucha mano de obra. 3.- Hay una pugna entre el poder económico que quiere imponer sus condiciones (OMC) y el poder político que realiza normas necesarias que frenan o encarecen las inversiones, como normativas medioambientales, derechos laborales, etc. Están echando un pulso para posicionarse en el nuevo escenario global, por lo que hacen falta nuevas estructuras políticas de las dimensiones de las multinacionales, por ejemplo la creación de un Estado europeo, pues de lo contrario: divide y vencerás. Todo esto, y más asuntos particulares de cada economía producen un reajuste: la “crisis”.

La subida del precio del petróleo, el impago de hipotecas que ahora se legisla para retrasar su vencimiento, porque a la banca no le interesa embargar inmuebles que se han devaluado y buscan el apoyo del dinero público para hacer frente a dichos pagos, mientras que nada se hace para pagar los alquileres de los parados o de los trabajadores precarios.

Las políticas económicas que se están aplicando para paliar la crisis son contraproducentes. No sirven. Pero se basan en un concepto esencial del modelo económico:la relación del capital con el trabajo. Algo que ha cambiado radicalmente. Se bajan los tipos de interés con la intención de abaratar el dinero, de forma que sea posible facilitar créditos que permitan invertir y crear puestos de trabajo y beneficios, y mediante el salario que se active la demanda, para lo cual también se pide el impulso del Estado para que invierta dinero público en el mismo sentido de las inversiones. Pero al no estar relacionados capital y empleo tales medidas no funcionan. Baja la capacidad de consumo y las inversiones productivas tienen que cerrar y aumenta el paro a la vez que la inflación. El mercado de valores carece de posibilidad inversora y bajan los precios de las acciones. Y suceden cosas tan asombrosas como en León que se invierten 9´2 millones de euros en una planta de biocombustible que creará 14 empleos. A parte del desastre humanitario en el Tercer Mundo que supone dedicar alimentos para producir energía, habiendo energías más eficientes, como la solar, y la devaluación de los precios agrarios que sucederá como con la leche, es que desde el punto de vista de la eficiencia inversora cada puesto de trabajo cuesta más de 100 millones de las antiguas pesetas. Con ese mismo dinero esos 14 trabajadores ¡podrían cobrar 3.000 euros durante más de mil años! Esto es absurdo desde la economía política. Y lo pagaremos en un futuro próximo.

Hay, sin embargo, una solución que consiste en activar la llamada demanda marginal, creando las unidades básicas de consumo: dar a cada ciudadano una Renta Básica, para actuar desde el otro lado del mercado impulsando el consumo, en lugar de hacerlo desde la oferta que incentive la producción como se hace ahora. Al no tener en cuenta el empleo el capital se relaciona directamente con la demanda, que es como realmente funciona hoy en día, y por mucho que se quiera forzar la creación de empleo no puede ser. Los puestos de trabajo se crearán en el nuevo modelo en función de las necesidades de la demanda, empleo real, y el déficit salarial queda compensado al dotar a cada ciudadano de una cantidad de dinero valorada sobre el umbral de la pobreza. Equivale sólo a un 5% más del PIB de lo que se ha puesto a disposición de los bancos, pero beneficia al 97% de la sociedad. El 3% que se beneficia exclusivamente ahora no sale beneficiado, pero su perjuicio es mínimo, con la ventaja de que se dinamiza la economía y van a poder seguir funcionando sus capitales. De no plantearse esto nos vemos ante un peligro inminente, como es querer que todo lo que se está haciendo tenga un sentido y sirva para algo, lo que llevará a emitir moneda por parte del banco central, el último paso de esta huida hacia delante, entonces sucederá un desastre, el colapso de la economía de manera irreversible para muchos años. Es algo que debemos de evitar a toda costa.

Evidentemente esta solución requiere que se aplique bien la renta básica, no que se falsifique, ni que se haga de manera incompleta, pues si se diera sólo a los más necesitados supone una carga presupuestaria que acaba bloqueando la economía. Se petaría. Consiste en ordenar la circulación de dinero de otra manera más eficaz y acorde con la nueva realidad. Lo cual requiere un nuevo modelo fiscal, que hace inútiles los paraísos fiscales y sirve para regular la economía financiera, de la que se socializa una parte de la riqueza que genera, como se ha hecho hasta ahora con la productiva, al incidir en una fiscalidad desde el consumo: un impuesto a la especulación, la tasa RB y aumentar el IVA, reduciendo al máximo los impuestos de sociedades y el IRPF, lo cual facilitará el desarrollo de la economía financiera, en equilibrio con la productiva y de una manera sostenible.

La crisis económica tiene solución, lo que no sé si la tendrá es la incapacidad de nuestros gobernantes y políticos, que defienden el pleno empleo cuando es imposible. O la indiferencia de las instituciones académicas, universitarias especialmente, al servicio de las empresas y no del bien público lo cual se certifica ya con el plan Bolonia. Vale.

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