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Etiquetas:   Contar por no callar  

Un inquilino canino

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 10 de noviembre de 2008, 07:45 h (CET)
Es un tópico que nunca es noticia que un perro muerda a una persona pero si que lo sería si fuera la persona la que mordiera al perro. Pero como hay canes y canes, entre la grey perruna también existen las clases, estos días se ha dado esa excepción que siempre confirma la regla y ha sido noticia la simple mordedura de un perro a un humano, un hecho que debe suceder miles de veces a lo largo del día. Pero está vez el mordedor no ha sido un perro cualquiera ni las circunstancias temporales son ajenas al acontecimiento. Barney, el terrier escocés del todavía presidente Georges Bush, ha mordido a un periodista de la Agencia Reuter y los metafóricos teletipos de todas las redacciones han comenzado a sonar: “el perro del presidente ha mordido a un periodista”.

Barney, un can con pedigrí, debe andar tristón y taciturno estos días, su intuición canina le dice que dentro de pocas semanas tendrá que dejar su cómodo rincón en la Casa Blanca, que estas van a ser las últimas Navidades que felicitará al mundo occidental al pie de un abeto colocado en el Salón Oval y que, a partir de Enero, ya no podrá ir levantando su patita para marcar territorio junto a los árboles del jardín de la que ha sido su casa en los últimos años. En fin que Barney está triste porque muy pronto va a dejar de ser el “primer perro” del país más poderoso del mundo y va a trasladar sus ladridos de Washington al rancho tejano de sus amos.

El pobre can andaba ensimismado en estos tristes pensamientos mientras acompañaba al también triste Bush en su paseo diario por el jardín cuando un entrometido periodista, ya saben esa clase de gente a la que tanto nos gusta meter el dedo en ojo ajeno, se acercó a acariciarle, seguramente pensando que eran las últimas carantoñas que podía hacer al destronado Barney ya que a partir de Enero será otro can el que trisque por aquellos jardines. Joe Decker, así se llama el mordido periodista, salió de su pacifico intento con los dientes del terrier escocés marcados en el dedo índice de la mano derecha. Barney debió creer que aquel era uno de los muchos dedos que durante los últimos meses venían indicado a Bush el camino del retiro y arremetió contra él cual celoso defensor del buen nombre de su amo.

Dicen que los perros acaban teniendo las mismas costumbres que sus amos y el can presidencial no podía ser de otra manera. De un perro cuyo dueño rezuma agresividad por los cuatro costados no podía esperar el periodista otra cosa más que la que recibió, un buen mordisco. El recién elegido presidente Obama tiene ante si una primera decisión que le va a traer algún que otro dolor de cabeza, prometió a su hija un cachorro si ganaba las elecciones y ahora debe cumplir lo prometido y acertar en la elección del can que pasará a ser el nuevo “primer perro” del país. Obama duda entre elegir un perro de perrera, generalmente mestizos cómo él, o uno con pedigrí, también lo tiene Obama, pero lo que es seguro es que deberá adoptar a un can tranquilo, sosegado y que no muerda a los periodistas para que también en la caseta del perro se note el cambio en la Casa Blanca.

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