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Etiquetas:   Algo más que palabras   -   Sección:   Opinión

¡Albricias!: De la soledad del presidente a la pletórica invitación

Víctor Corcoba
Víctor Corcoba
lunes, 10 de noviembre de 2008, 07:45 h (CET)
Cambio de tercio. ¡Albricias!: de la soledad del presidente a la pletórica invitación. Efectivamente, parece estar jubiloso nuestro presidente del gobierno, digo nuestro porque ha de serlo de todos los españoles, lo que significa que va en el sueldo promover diálogos, dejarse el alma en acercar posturas, más allá de tender una mano a veces hay que tender sabiduría y corazón para que brote el entendimiento y espigue el común refrendo de visiones, para que se enraíce en verdad el consenso como fuente democrática. Propiciar estos encuentros, jamás es tiempo perdido, siempre es tiempo ganado. Y la oposición debe dejarse querer y colaborar, sin caer en la ñoñería de una novia absorbida por el poder. Es hora de gobernar sin pensar en lo políticamente correcto para ganar votos. Lo digo para todos los bandos. La certeza política no tiene más que un camino, el orden y la libertad. Debe dejarse de cumplir lo dicho en otro tiempo por el notable pensador Julián Marías: lo que más me inquieta es que en España todos se preguntan: ¿qué va a pasar? Casi nadie se pregunta: ¿qué vamos a hacer? A veces es cuestión de ponerse manos a la obra. Este momento es de esos, en los que nadie sobra y todos somos necesarios.

Objetivo conseguido. Por fin los españoles estaremos en la cumbre económica internacional. Estoy de acuerdo en que merecía la pena luchar por ello. Tenemos capacidad y méritos suficientes. Coincido con nuestro presidente que es fundamental el reconocimiento de España como país de peso internacional. Ahora habrá que demostrar lo que se es, con parecerlo sólo no basta. Máxime cuando la política en nuestro país se ha mediatizado y mediocrizado tanto en los últimos tiempos, hasta el punto que parece el paraíso de los charlatanes. Reflexionar sobre la cumbre, en el propio terreno de juego, en la propia casa, con todas las políticas y políticos juntos, con todos los agentes sociales, con expertos en el sistema financiero y con los titulares de las principales entidades financieras, es tan preciso como justo. Hay que dejarse de etiquetas, cualquier poder si no se basa en la unión es débil. La consigna es bien clara: sólo en un mundo de ciudadanos coherentes y sinceros es posible la alianza. La sinceridad al poder, pues.

Un pletórico presidente toma la palabra. Deja la soledad monclovita. De entrada me gusta y lo aplaudo. Lo cierto es que su entusiasmo no conoce crisis y eso tiene su punto de luz. De momento, ha conseguido sitio y voz en la cumbre. Un mérito. Nos alegra y nos alegramos con él. Es nuestro presidente del gobierno, vuelvo a insistir en ello, al que le deseamos, porque también nos lo deseamos todos nosotros, ganar el respeto ante el mundo. Tenía bien poco sentido dejar fuera a un país como España, la madre patria para muchos iberoamericanos, ante la gravedad de una crisis que exige todo lo contrario, una concertación internacional. En lenguaje de la calle: sumar y no restar. Al fin podremos, podrá nuestro presiente del gobierno, aportar la experiencia de un país de ciudadanía solidaria. El mal no hay que buscarlo sólo en la economía, en los sistemas financieros, sino también en el corazón mismo de las personas. Para acabar con el hambre tampoco son suficientes sesudas políticas, lo que hace falta también es una ciudadanía que se sienta parte del mundo, parte de ese todo en su dimensión individual y comunitaria. Quizás la crisis sea más de un modelo de civilización que olvida alimentar la vida de una cultura auténticamente humana. ¿Se hablará de esto en la cumbre? ¿Pondrá la idea sobre la mesa nuestro pletórico presidente o alguno de sus invitados? Mucho me temo que no se vaya a la raíz del problema y la esperanza de la cumbre se quede como el árbol seco, sin cuidados paliativos y todos haciendo leña del pobre, que es el que paga todas las crisis.

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