Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Mundo infeliz

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 10 de noviembre de 2008, 07:45 h (CET)
La sabiduría profética de Aldous Huxley, o la ironía socarrona, vayan ustedes a saber cual de las dos orientaciones dominaba; apuntaban categóricas a “Un mundo feliz”, gris y deslustrado en su apariencia, de gentes uniformes a las que habían extraído su personalidad. Esa pérdida, esa ausencia, conduciría sin remedio a una felicidad sin aristas, sin lugar para las salidas de tono; las extravagancias están fuera de lugar cuando la uniformidad es la regla. Su genio nos barruntaba esa falta de inquietudes, esa INDOLENCIA, provocada y consentida. ¿No puede ser? En américas, europas, asias y hasta en la luna, se iluminaron ejemplos que nos hacían creíbles las imágenes de aquel mundo de la fantasía literaria. Cada vez parecía más verosímil dicho esquema, nos empeñábamos en ello con un frenesí alocado.

La escasez de protestas quizá pudiera engañarnos. ¿Pensamos que no tendrían motivo? Lo mismo ocurre cuando observamos la nula reacción ante los eventos modernos de grueso calibre. El panorama visto en las pantallas, la ausencia de críticas creativas, translucen un conformismo dócil, con unas mínimas contestaciones, plenas de silencios cómplices. Ni por alusiones. Si no profundizamos, y eso es evidente que ya no se lleva, se va implantando una “felicidad” aparente, al menos si la medimos por la falta de protestas. Tal pareciera que entrábamos en ese ambiente feliz recogido en la novela citada. Nos intentan convencer de la llegada del mejor mundo posible; informes, ciencias, promotores, campañas, nos martillean con ese concepto. ¿Quién osará discutirlo abiertamente? La SOBERBIA se implanta, impretérrita. Insisto, con fuerza y consentida.

Aunque si miramos un poco de cerca, los acontecimientos generados se toleran y, sobre todo, los padece, mucha gente, por que de placenteros tienen muy poco. Ante un rascado superficial, lo que se descubre es un pálpito general de LAMENTO, melancólico o depresivo, como ustedes prefieran denominarlo. Lo paradójico y trájico coincide en el tiempo, se consolida en torno a la actitud consentida que domina en gran parte de la población. En cualquier caso, el sufrimiento impedirá la felicidad mencionada, la pasividad no es suficiente para alcanzarla. Mundo pasota más bien, ante la que nos están repartiendo con saña. Las oficinas de este reparto sádico, se manifiestan bajo aspectos bien diferenciados. Al menos, se podrá escoger la postura más adecuada para el sufridor de turno. No sería fácil la obtención de una extensión de terreno suficiente para una Exposición de Controladores Instalados, ¡Hay tantos! ¿Acaso tenemos alguna duda de la envergadura de sus actuaciones?.

En un principio se nos quería convencer de un igualitarismo equidistante, sin ninguna consideración más alta para unos en relación a otros. A la porra las valoraciones. Era una trampa. Una trampa doble. Primero, por que nadie es igual a otro en casi nada. Luego se ha venido a demostrar lo más grave, no les importaba el trato igual para cada ser humano. Semejantes engañifas han conducido a una manifiesta INDIFERENCIA, que no significa neutralidad o equidistancia. Supone una ausencia de atracción, tampoco hay repulsión; se trata de una simple ignorancia de las personas como tales entes. Este es un núcleo duro de la infelicidad. No es una neutralidad, es la inexistencia de conexiones. A lo sumo, se producen contactos fríos, maquinales. Y no estamos hechos para ese grado de independencia, de total aislamiento. Padecemos ese distanciamiento en tiendas, instituciones, servicios y vecindades. ¿Vamos a mantener que disfrutamos con eso? En todo caso, muy poquito. ¿O no?

Si continuamos por el trazado de estas tendencias, no será que estemos abocados a una debacle, estaremos ya instalados de lleno en esa destartalada convivencia. Si nos refiriéramos a la indiferencia como a un tope no sobrepasado, no sería lo peor. Sin embargo, es imposible detenerse en esa actitud, por que lleva implícitas algunas consecuencias directas. Esas formas de comportamiento son un terreno espléndido para las INCONVENIENCIAS, unas con estilos refinados y otras, burdas a rabiar. Representan un suplemento nefasto y algunos lo han de padecer, ¿Todos? Se acumulan en nuestras vivencias de cada día; me sobran ejemplos con sólo arir un ojo. Observen si no la consideración con la que nos tratamos, entre profesionales, familiares, diferentes edades, en la carretera o en los espectáculos. ¿Se aprecian inconveniencias? Los desajustes adquieren unos calibres desmesurados, con desfachatez, alevosía e intemperancias, para el disgusto de cada uno de los receptores. No me consuela eso de que todos las sufren. Lamento que se trate de uno de los valores en alza.

Ahora no se recapacita demasiado sobre las acciones practicadas, domina aquello del “Yo soy así”; un reinado absolutista ante el cual, a los demás les queda exclusivamente el consentimiento. A poco que ahondemos sobre los apoyos a este aserto, surgen los rasgos biológicos y genéticos pretendidamente justificativos. Se presenta un algo natural e insalvable que lo justifica todo. ¡Hemos vuelto a unas RAZAS peculiares! ¿Alguien dijo que ya no existían? ¿Qué son estos recursos o excusas mencionados? Tal como se plantea, cabe únicamente el aguante, habríamos regresado a representaciones poco racionales. Las respuestas rayan en lo instintivo, ralean los posicionamientos proyectados por encima de esos niveles meramente biológicos. Tampoco se atisba una vida muy placentera a golpe de esos talonarios repletos de instintos y ramalazos genéticos. Mal panorama si hemos de conformarnos con eso.

En las múltiples andanzas hemos ascendido por diversos escalones, o descendido, ¿Quién sabe?; logrando transformaciones progresivas de la realidad circundante. Cada vez nos interesa menos lo natural, quizá por antiguo o por aborrecimiento, hastío o simple carácter rebelde. Ya instalados en lo artificial, el acomodo provocó notables incomodidades. Y estamos entrando de lleno en lo artificioso, con filigranas sin sentido, descentrados y apurados. Vamos a disponer del nuevo big-ben ahí al lado, en Suiza. Pronto conseguiremos el genoma de los perfectos, un plan para conseguir la sonrisa estable y quién sabe si un buen etiquetado de los niños solicitados por riguroso certificado. Es decir, un progreso de gran calado. Pese a todo, el ENIGMA se resiste impretérrito y nos atosiga, no se resuelve. Estamos ante ese algo que no queremos ni nombrar y pretendemos pasar de largo sin mirarlo; pero conserva el gran secreto del origen, de la sensibilidad, del amor, de la sinceridad. Minucias desdeñadas por los oráculos de turno.

Por lo tanto, entramos de lleno en términos relativistas. ¿En qué felicidad estamos pensando? Será posiblemente el mundo feliz, ¿Nosotros en babia? No ha lugar para disimulos, entre tanto camelo, hemos apliado notablemente el muestrario. Todo un objetivo para esos “Grandes hermanos” que en el mundo son, locales y foráneos, visibles o enmascarados.

Noticias relacionadas

Amigos para siempre

¡A saber cómo vamos a salir de esta!

Que viene, que viene. El ministro Catalá

Y llegó el ministro Catalá, con Lesmes, al desayuno de Nueva Economía Fórum en el hotel Ritz

El olvidado crimen de lesa patria

Entre el PP y JxSí están haciendo de este país un total desastre

El progreso de estos tiempos

18/10/2017 00:00:23

¿De qué depende la auténtica calidad de vida en la vejez?

La esperanza de que las cosas podrían mejorar alguna vez, va esfumándose sobre todo entre los jóvenes
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris