Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Ajustes

Ángel Ruiz Cediel
Redacción
jueves, 6 de noviembre de 2008, 10:15 h (CET)
Lo bueno que tienen las crisis —todo tiene siempre algo bueno— es que pueden servir de revulsivos para reparar lo que no funciona y realizar los ajustes necesarios para las cosas sean puestas en su sitio: ajustar cuentas, en fin. El frío análisis de los fracasos pueden servir, así, para aprender, convirtiendo en positivo lo que pareciera negativo, y haríamos terriblemente mal si no aprovecháramos esta ocasión para realizar todos los ajustes necesarios. Estaríamos condenados a repetir los mismos errores, y más pronto que tarde, a todos se nos volvería a encoger el ombligo, sembrando nuevamente la sociedad de incertidumbres, parados, desesperación y necesidades.

No hay ninguna duda de que la crisis actual —si existe— la ha producido la especulación, y que en mayor o menor medida hemos especulado todos: el financiero con los dineros gruesos, las administraciones con los beneficiosos números políticos que resultaban o con los arreglos bajo guardas, los constructores con la vivienda, los particulares con lo que tenían, etcétera. A la sombra de esa especulación se han fraguado sonrojantes fortunas que no siempre han sido lícitas. Ha habido demasiadas trampas que nos han puesto a todos junto al despeñadero, y eso es muy grave; pero sería más grave todavía que no se aprovechara tan magnífica ocasión para poner las tildes en su sitio, procurando que cada quien cosechara aquello que sembró. Me refiero, claro, a pedir a nuestro generoso Estado con los muy ricos, que pidiera cuentas a quienes se han hecho con ostentosas mansiones, un nivel de vida muy por encima de sus teóricos ingresos y un ritmo de gastos que de ninguna manera se puede justificar sino por conductas... inapropiadas.

Para llevar esta labor a cabo bastaría sólo con cruzar los datos que tiene el Estado con las realidades de los ciudadanos. Por todas partes menudean haberes imposibles con la realidad de los ingresos declarados, y no debiera ser difícil que el Debe y el Haber casaran, compensándolos, en su caso, con esa ley tan seviciosa tradicionalmente con los débiles y tan consentidora con los poderosos. Si se le pide a Juan Pueblo que sufrague el despelote de más de un decenio de especulación salvaje y negocio dudoso que nos ha conducido al desempleo, la marginalidad y la necesidad descabellada, no estaría de más que por el otro lado el estado ponga el cascabel a algunos gatos y envíe así un mensaje de que quien la hace, la paga. Aunque sea tarde.

Si incomprensible es la naturaleza de esta crisis que vivimos para la mayoría de nosotros, aun más incomprensible nos parece que carezca de culpables. Si por un pequeño delito a un delincuente se le condena incluso con desmesura, ¿qué condena no merecería quienes han procurado una realidad de quiebras, desempleo, necesidades y falta de futuro como la que nos han procurado?... Dejarlo impune, aunque sean grandes o pequeños trapicheadotes o corruptos gruesos o menudos, es invitar nuevamente a la catástrofe y que los hechos se repitan. Nunca fueron tan necesarios los actos, no sólo en los EEUU donde se originó este desconcierto, sino en cada país, en cada Estado, en cada ciudad y en cada pueblo. Si no se limpia y compacta el terreno sobre el que edificaremos el próximo edificio de nuestra sociedad, se vendrá abajo con el tiempo. Es una tozuda cuestión de lógica.

Vivimos en una sociedad en la que se adora al becerro de oro, y, quien tiene, cuenta con la admiración de quienes le rodean; pero también vivimos en una sociedad de datos en la el Estado conoce no sólo los haberes que cada quien obtiene a través de sus negocios... legales o sus ingresos salariales, sino también con tal magnitud de información de cada ciudadano que es difícil, si no imposible, que alguien pueda esconderle nada. Nunca más que ahora sería más lícito pedir cuentas a cada cual, y que todos aquéllos que se han enriquecido de la especulación, la trampa, la economía sumergida o delitos de parecido jaez, abonen taqz a taz sus faltas. De hacerlo, iríamos completando meticulosamente el elenco de quienes, granito a granito de arena, han construido la montaña que nos aplasta.

Basta con ir urbanización por urbanización y cruzar cuentas. Tan aséptico como eso. Tal vez quienes ingresan confesadamente unos miles de euros no podrían justificar una casa de millones, o quienes son inversores en mil valores de bolsa o miembros honorarios de ciertos paraísos fiscales no podrían justificar de quién heredaron esos dineros. De algo deberían servir las poderosas herramientas del Estado, además de para perseguir a los siempre, insignificantes trabajadores autónomos o menudos empresarios, y desde luego nunca estarían mejor empleadas. Hay muchas maneras de robar, y no siempre es a tirones o con un arma en la mano, y la Ley debería saberlo. Si lo sabe, debe actuar impiadosamente, al menos tanto como persigue otros delitos; y si no lo sabe, ya se le advierte: ningún delito —y ante estos daños delito ha de haber forzosamente— puede ni debe quedar impune. A nuestros políticos y a nuestros jueces les corresponde ahora mover ficha. Nunca hubo mejor momento para el ajuste; de no hacerlo, es más que probable que la situación se les vaya de las manos.

Noticias relacionadas

Rajoy, el francés Valls, Piqué y Cataluña

Los tres se ocuparon de ella

Leticia esclava de su imagen y aguijonazos electorales

“Con los reyes quienes gobiernan son las mujeres y con las reinas son los hombres los gobernantes” Duquesa de Borgoña

Cataluña a la deriva (y 3)

Entre lo emocional, caótico y ridículo

Hipatia, filósofa de Egipto

Es una mujer dedicada en cuerpo y alma al conocimiento y a la enseñanza

Hipnosis colectiva

La capaña representa uno de los capítulos más esperpénticos
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris