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Etiquetas:   Cosas mías   -   Sección:  

Lewis Hamilton, el rey cenizo

Rodrigo Gil-Sabio
Rodrigo Gil
martes, 4 de noviembre de 2008, 09:45 h (CET)
La tarde-noche del domingo apuntaba emociones. El Madrid sufriendo en Almería, sir Álex Ferguson ladrando de nuevo sobre no sé qué equipo de Franco, el Osasuna de Camacho apuntando al precipicio, los españoles de la NBA luciendo palmito,… y el favorito Lewis Hamilton tranquilo a cinco vueltas de su primer entorchado mundial.

A todo esto que se pone a llover en Interlagos. Mi primera reacción “¡Jo..,. está lloviendo!” Y mi mujer: “Pues aquí no cae una gota”. Dos vueltas más tarde, me encontraba saltando como un poseso: “¡Le ha pasado Vettel! ¡Le ha pasado, pierde el Mundial!”. Y mi mujer: “¿Va a ganar Alonso el Mundial?” Y yo: “Que no, que Alonso está por delante de Hamilton pero si el Mundial acaba así se lo lleva el brasileño Massa”. Y mi mujer: “Pues no entiendo nada”. Y le contesto: “Yo tampoco”.

Vettel reafirma su quinto puesto tras Glock, por detrás de Raikkonen, Alonso y Massa. A Lewis Hamilton se le acaba el tiempo. No puede pasarle. “¡Qué cenizo! ¡Qué cenizo el inglés!” grito para que me oiga ésta, mi comunidad. Yo no daba crédito y mi familia tampoco al ver a su papá poseído haciéndole vudú al clan Hamilton, novia maciza incluída.

Y hete aquí que llegan los últimos metros. Las imágenes eran tan confusas que en el box de Ferrarri estallaban de euforia y abrazos y en el de McLaren se tiraban de los pelos. Massa pasaba primero y le decían por la radio que era campeón del mundo. Después entraba nuestro superAlonso enorme por delante de Kimi Raikkonen… Yo me estaba fijando en la clasificación del monitor del televisor y veo cuarto a Vettel y quinto a Hamilton. Y pienso: “Esto está mal, ¿dónde está Glock que iba cuarto?”…

Y resulta que en la última curva Hamilton pisa a fondo y pasa a un Timo Glock más cenizo aún al que debe bastante más que unas pintas en un pub inglés. La virgen se vistió de Reina de Inglaterra y Hamilton lloraba dentro de su monoplaza, lo mismo que Massa, que no pudo obtener ante su público la que hubiese sido la victoria de su vida.

En ese momento comenzaron a aparacer los abrazos de los McLaren y la frustración en Ferrari, con Alonso en medio de todo el barullo. No sé si fue instintivo o no pero apagué la tele y me refugié en otras tareas de hogar. Me había sentado a cuerno quemado el título de Hamilton, y sobre todo por la forma en la que se había producido: quinto, por los pelos y con un Glock casi sin neumáticos que no trazó para defender posición, algo gravísimo que en mi opinión se debería investigar al menos, que aquí hay muchos intereses en juego.

Pues nada, que el Lewis éste es el nuevo campeón que hereda la Fórmula 1: tan buen piloto como gañán fuera de la pista. El año pasado perdió un Mundial de forma estúpida y este año ha tenido que agarrarse a un milagro, demostrando que cuando caen cuatro gotas, mejor que se saque el metrobus para llegar antes.

En lo deportivo, y ya más en frío, sólo me queda decirle que este año no ha tenido rival y que si se investigara lo de Glock, a lo mejor el título hasta cambiaba de dueño. Y en lo personal, por sus expresiones contra Alonso, por su entorno, y por su gesto malencarado, le sigo diciendo más que nunca: “¡Hamilton, cenizo, no ganas otro Mundial así ni en la tómbola de tu pueblo!”. Disfrútalo porque el día que esta pantomima de la F-1 ponga los mismos motores a todos, te veo los domingos con tu amigo Ron Dennis en los coches de choque de la feria de Tewin Wood.

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