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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Qué pinta la Comisión de D. Humanos de la ONU?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 4 de noviembre de 2008, 09:40 h (CET)
Que la ONU, como en su día lo fue la Sociedad de Naciones, se ha convertido en un ente caro, inoperante y sede oficial de todos aquellos que han puesto sus miras en utilizar dicho organismo para, bajo una capa de supuesta respetabilidad y de solidez doctrinaria, poder implantar su ideario y adoctrinamiento izquierdista a todas las naciones del Globo. Nadie, que esté al tanto de lo que está pasando en el mundo, lo puede dudar. Afortunadamente, ya son muchos los países que han optado por desentenderse de sus “consejos” y pasar olímpicamente de sus recomendaciones siempre, miren ustedes qué causalidad, impregnadas de un pestilente tufo a progresismo casposo. Hay que decir que, como parece que no tienen algo mejor en que entretenerse y en base a una supuesta sostenibilidad de la población mundial, están empeñados en transformar la Tierra adaptándola, stricto sensu, a lo que ellos entienden como el medio de ajustar la población global por medios traumáticos. En lugar de buscar soluciones a la escasez de de alimentos en determinados países por medio de políticas que fomenten el aprovechamiento integral de sus propios recursos; evitar la pobreza que existe en muchos de las naciones regidas por caciques y tiranos que mantienen a sus pueblos en la indigencia y defender, por encima de todo, el derecho de las personas a la vida, como el mejor ejemplo de la solidaridad y el respecto por los derechos humanos ( uno de ellos y, no el menor, sería el de nacer); están poniendo todo el énfasis posible en luchar en contra de la Iglesia Católica ( la obsesión de todas las logias masónicas desde su creación, gracias al segundo Estatuto de Schaw publicado en 1.599 )y en el tema del aborto, que ellos camuflan bajo la eterna falacia de los supuestos derechos absolutos de la mujer a hacer lo que le venga en gana con su propio cuerpo.

Es por ello que han encontrado terreno abonado en países del Cono Sur, como por ejemplo el Ecuador del señor Correa, amigo del dictador Hugo Chávez, para fomentar las políticas encaminadas a que el Estado se convierta en cómplice de un control de la natalidad a través de leyes que permitan, impunemente, que las mujeres puedan abortar, cada vez con menos limitaciones. Es, sin duda, en la miseria de estas pobres naciones, en las que la supuesta democracia sólo ha sido un medio recurrente para engañar a los ciudadanos, con consignas populistas que han ayudado a alcanzar el poder a supuestos “benefactores” del pueblo y luchadores contra “ la tiranía del capitalismo” que, bajo el disfraz de libertadores y rehabilitadotes de los derechos de los indígenas, han conseguido instalarse en lo más alto de la pirámide del mando para , desde allí, iniciar un gobierno autocrático, personalista, absolutista y restrictivo de las libertades, al que, cínicamente, se atreven a calificar de democrático. Prueba de ello la tenemos en los continuos intentos, algunos exitosos, con los que los tiranos de Venezuela, Bolivia y Ecuador están desposeyendo de sus facultades a los Parlamentos respectivos para así conseguir el perpetuarse en el poder.

No nos debe de extrañar pues, que esta famosa y desacreditada Comisión de los Derechos Humanos de la ONU, haya decidido apoyar los desvaríos legales del señor Garzón, en esa utopía obsesiva que se ha apoderado de su mente, por la que ha entrado en una fase de desenterrador, exhumador, desempolvador de huesos, revienta tumbas o ladrón de intimidades, como ustedes prefieran designarlo; en base a una supuesta reivindicación de los familiares de las víctimas de la Guerra Civil española supuestamente “dupurados” por el bando vencedor, del general Franco. Por supuesto los del bando contrario, los de Paracuellos del Jarama, donde murieron más de 6.000 presos de la Modelo de Madrid y otras cárceles republicanas, gracias a la activa colaboración del señor Carrillo –quien, por si fuera poco, todavía ha tenido la desvergüenza de sacar un libro “Morir en Paracuellos” con lo que parece jactarse ante los españoles de su impunidad ante su probada participación en dicha masacre –, parece que, para este activo juez, no cuentan, como si no hubieran existido o como si, por el simple hecho de ser de derechas y muchos de ellos católicos, ya se justificase que se cometiera cualquier tropelía contra ellos. Este señor es de la misma catadura que el señor Fernández Bermejo, gran defensor del relativismo en cuanto a la aplicación de las leyes que, según su particular interpretación del derecho, puede depender del momento político que se viva para que deba amoldarse a una determinada conveniencia del partido en el poder; sobre todo si, los que lo ostentan, pertenecen a la izquierda contestaria y progresista que, al parecer, goza de don de la infalibilidad y la patente de corso para imponer su adoctrinamiento laico y su amoralidad libidinosa a toda la ciudadanía, lo quiera o no, y por ello, según su particular opinión, las leyes deben aplicarse y adaptarse, si procede, a sus propias conveniencias partidistas.

Yo les haría una pregunta a estos entrometidos de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. ¿Por qué, ya que están tan preocupados por los derechos humanos, no son capaces de poner paz en la R.D. del Congo? Allí se han mostrado incompetentes para conseguir que parara la eterna sangría entre los distintos grupos étnicos en continua disputa. Allí sí hace falta evitar las constantes carnicerías tribales, porque en España, si no es por parte de la ETA ¿qué dicen ustedes sobre esta banda señores comisionados?, no se mata a nadie. No se han preocupado de los crímenes del señor Stalin, ni de Lenin ni del señor Fidel Castro, que actúa libremente a pocos kilómetros de donde se reúnen ustedes para pergeñar sus estrategias anticapitalistas y masónicas. Si es que la prescripción, una institución legal que nos viene de los propios romanos y que ha sido parte integrante, no sólo del Derecho Penal, sino del mismo Derecho Civil, ahora, porque unos pocos pazguatos, doctrinarios, paniaguados y vividores, les pasa por la mente abjurar de ella; todos los países del mundo van a tener a renunciar a una norma con siglos de vigencia y, por añadidura, obviar el tema la irretroactividad de las leyes y poner en cuestión la seguridad jurídica de los ciudadanos. Creo que sería preferible, antes de que sujetos como estos acaben por soliviantar más a los ciudadanos y las naciones, que se prescinda de ellos, se les de “el portante” y nos ahorremos sus sueldos y los gastos innecesarios que tales comisiones reportan a todas las naciones que ahora padecen la crisis económica. Lo mejor para todos sería que se prescindiera de la propia ONU, una merienda de negros (y que me perdonen los de color por emplear esta frase hecha) que se ha mostrado incapaz de resolver los graves problemas de la humanidad, sólo porque ha estado infestada de grupos de presión que la han convertido en inoperante y en un enorme dispendio carente, en la actualidad, del más mínimo sentido.

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