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Etiquetas:   Perspectiva de Levante   -   Sección:   Opinión

El que no se consuela es porque no quiere

Domingo Delgado
Domingo Delgado
lunes, 3 de noviembre de 2008, 08:07 h (CET)
Resulta sumamente frecuente encontrarse con el recurso a la justificación y al consuelo, ante datos o noticias negativas, más que a la afrontación crítica de estas, de ahí el famoso dicho popular de que “el que no se consuela es porque no quiere”.

Siendo así que suele ser una socorrida salida de muchos de nuestros políticos, que en estos tiempos de crisis económica suelen tener todo tipo de razones y excusas para justificar su brillante actuación, pues siempre la culpa suele ser de otro, del extranjero, etc.

Y tal es el caso de unas sorprendentes declaraciones del Director General de Tráfico, Pere Navarro, quien no se suele prodigar en este tipo de falaces recursos, pues entre otras cosas le cabe el honor de haber conseguido reducir el número de víctimas mortales con su política de seguridad vial, por la implantación de la pérdida de puntos por infracciones graves a los conductores. Pero, ya se sabe que “hasta el mejor escribano hace un borrón”, y así Pere Navarro ha puesto la guinda con una sorprendente afirmación que sustenta que el aumento de la accidentalidad en el tráfico también tiene su causa en la emergencia de la crisis económica, basando tan extraordinaria aportación en las distracciones que los conductores pueden sufrir por la preocupación derivada de problemas económicos.

Ciertamente, cualquier elemento psicológico perturbador de la atención de los conductores al volante influye negativamente en la seguridad vial, pero de ahí a extrapolar ese hecho a una situación tan general como la cuestión de la recesión económica, no parece que tenga mucho sustento. Además se podría decir que también puede haber distracción en el conductor que se desplaza a cerrar un importante negocio, o después de haberlo cerrado pensando en cómo se va a gastar ese dinero. En fin, parece que Navarro aquí ha cogido el “rábano por las hojas” en un intento de escurrir el bulto en sus responsabilidades gubernativas –que nadie cuestiona actualmente- ante un revés de las estadísticas de la accidentalidad, y ha caído en la fácil y pueril tentación de retorcer los argumentos lógicos para hacer un silogismo no concluyente, porque le venía bien para encajar la adversidad de la terca realidad.
Por desgracia otros datos dramáticos son los que si tienen su causa directa en la crisis económica, como el espectacular incremento del paro, el cierre de empresas, el aumento de la pobreza y sus consecuencias de marginalidad y tragedia personal y social, que se está constatando en la vida diaria de nuestras ciudades. Ante lo cual, se hace más que necesaria una urgente actuación pública de política social y económica, que según se aprecia, merece menos urgencia que la que se dio el Gobierno para aprobar cesiones dinerarias a la banca.

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