Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil
15º ANIVERSARIO
Fundado en noviembre de 2003
Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Celebrar por partida doble

María Romo de Oca
Redacción
domingo, 2 de noviembre de 2008, 09:09 h (CET)
Hola amigos, ¿no es curioso? El calendario nos trae dos fiestas juntas: lo mismo celebramos a los santos que a los difuntos. Pienso que esto tiene su miga. ¿No será que somos santos porque morimos, en todos los sentidos?

Es precisamente la muerte la que nos pone la corona para entrar en el reino.

No hay que extrañarse. Avanzamos por los caminos con un pie en el tiempo y otro en la eternidad.

Hay una relación entre el actuar del hombre aquí y en la eternidad. Esto da a nuestra vida mucho peso. A tomar por saco los que tratan de devaluar la biografía humana. Los que la ningunean con el nihilismo, el aborto, la eutanasia… ¡Somos importantes! ¡Somos santos!

Y nos alegra saber que no estamos solos. La aventura de nuestra vida es siempre cosa de dos. A lo largo de ella, Dios y el hombre cruzan sus pasos en una danza bellísima que acabará en la unión final. “El Espíritu y la Novia dicen: ¡Ven!”.

Un teólogo alemán escribe estas asombrosas palabras: “Lo mismo que el hombre para consumar el amor sale fuera de sí, con todas sus consecuencias, la respuesta afirmativa al morir es también un salir de sí, un acto de entrega amorosa. Uno se abandona definitivamente en el que toma nuestra vida”. Y con todos los interrogantes y asombros, como ocurre en el amor humano.

No se por qué siempre he presentido que la muerte será realmente muy breve. Justo el tiempo de un abrazo.

Y luego la entrada al nuevo hogar. “En la casa de mi padre hay muchas moradas…Voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar volveré y os tomaré conmigo para que donde esté yo estéis también vosotros” (Jn 14,1-3)

Vivir en el cielo es ser santo con todas las de la ley. Es “estar con Cristo”. Los santos viven “en Él”, aún más, tienen allí, o mejor, encuentran allí su verdadera identidad, su propio nombre: “Les daré también una piedrecita blanca, y grabado en la piedrecita un nombre nuevo que nadie conoce sino el que lo recibe” (Ap. 2,17).

Y con nombre nuevo, seguiremos amando. Pasará la fe, pasará la esperanza -de nada sirven si vemos a Dios cara a cara- pero el amor, el gozo de amar, no pasará.

Esa actividad del amor, de la que se ocupa el Espíritu Santo, es la misma en el cielo, que en la tierra

¡Todos a la tarea! Bonito, ¿verdad?
Noticias relacionadas

Monumento al abuelo desconocido

Hemos visto abuelos que han sido el fiel guardián de sus nietos, horas y horas del día dedicadas a ellos, sin descanso ni pausa

120 años del arriado de la bandera española en La Habana

La ceremonia que simbolizó la renuncia de España sobre Cuba

Bersuit Vergarabat y el museo de grandes decepciones

Proyectos artísticos como Bersuit Vergarabat ayudan a transitar por este mundo aciago

Los taxistas, Ávalos (Fomento) y el control de los alquileres

“En el mejor de los casos, la consecuencia de fijar un precio máximo a un artículo determinado será provocar su escasez.” Henry Hazlitt

Foro de Davos y globalización

Es positivo que se reúnan muchos jefes de gobierno de todo el mundo
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris