Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

¡Entérese Usted, Señora!

Josefina Albert
Redacción
domingo, 2 de noviembre de 2008, 09:09 h (CET)
Hace unas semanas acudí en demanda de ayuda al dueño del taller de neumáticos cercano a mi casa para que me arreglara un pinchazo. Lo conozco desde hace veinticinco años y nunca le he oído hablar catalán, pareciéndome por su acento más castellano que el Cid. Mientras arrancaba el clavo, causa del agujero en la cámara, salió a colación el tema de la lengua, del que yo no sé nada, según el caballero «tapaagujeros». Me sentí un tanto agredida cuando me espetó «¡Entérese usted! No hace falta aprender castellano en la escuela, pues a mi hija, que tiene dieciséis años, yo le he enseñado la lengua y la sabe muy bien». Repentinamente, me vi trasladada al país de los tontos, de los que no se enteran de nada, como asegura Sbarbi en su Florilegio de refranes (1873), es decir, me encontré en Babia, una palabra que tiene relación onomatopéyica con la voz baba, pues estar con la baba caída viene a significar, en principio, lo mismo. Voces como bavoquia, que significa "altanería boba", utilizada por el Arcipreste de Hita, y bavequia provienen de baba y aluden a los bobos. Como digo, me encontraba un tanto alelada y completamente distraída, ajena a lo más importante, con el peligro que ello comporta. No se puede andar distraído por la vida, porque puede pasarnos lo que en el siglo V antes de Cristo le sucedió a Tales de Mileto. Según cuenta la leyenda, por fijarse en las estrellas, se cayó a un pozo, provocando la risa generalizada de los que le rodeaban. Acaso Tales de Mileto, como me sucedía a mí, estaba un poco más allá que en Babia, es decir, se encontraba en la inopia, palabra que en latín -y en ese sentido la utilizaba Cicerón- significa "indigencia, escasez, penuria", y en mi caso, ¡qué digo!, escasez de luces, indigencia intelectual y penuria mental, que se agudizó cuando al preguntarle a mi interlocutor: «¿Qué pasa de la gramática y de la ortografía y de la sintaxis y del uso...?», muy ufanamente volvió a espetarme: «Entérese usted, señora, mi hija lo sabe todo; también se lo he enseñado yo». Su insistencia, a pesar de mi intento de demostrarle su equivocación, de que el español es la primera lengua del mundo, me dejó parada de espanto o, lo que es lo mismo, patidifusa, cuando una vez más soltó aquello, convertido ya en estribillo, ¡Entérese, señora!». Así, en el paroxismo de mi «estancia» en Babia, en la Inopia o en la Luna, que a fin de cuentas es lo mismo, me vi obligada a reconocerle, -eso, sí, irónicamente- que lo mismo da una hache menos o una jota donde debe ir una ge, o una equis en lugar de una ese. La solución es cambiar la ortografía y así acabamos con el incordio de colocar una letra en su lugar, pues de lo que se trata es de entendernos y para tal cometido, una be o una uve cuenta poco. Eso es lo que, por cierto, me decía en una ocasión una madre con carrera universitaria. Y mira por donde me vino a la mente otro dicho, «estar en las Batuecas», que me llevó al famoso articulo de Larra, «Carta a Andrés escrita desde las Batuecas por el Pobrecito hablador», donde se dice «¿Qué más dará escribir vino con b que con v? ¿Si pasara por eso de ser vino?», dice el Pobrecito hablador.

Es sabido que el topónimo Batuecas alude a un valle de la provincia de Salamanca, cuyos habitantes eran denominados «beocios», es decir, ignorantes, estúpidos y tontos. Recuérdese que, no sólo Lope de Vega escribió una comedia titulada Las Batuecas del duque de Alba, sino que también el Padre Feijoo compuso la «Fábula de las Batuecas», obra que contribuyó decisivamente a deshacer los mitos sobre este lugar castellano. Incluso el mismísimo Montesquieu se refiere a las Batuecas para burlarse de los españoles «que han hecho inmensos descubrimientos en el Nuevo Mundo, y no conocen aun su propio continente», refiriéndose precisamente a una de las leyendas, que aseguraba que las Batuecas se confundían con las Urdes, una región, rodeada de montañas, que permaneció ignorada durante siglos.

El refrán, «no hay mal que por bien no venga», me viene al pelo para retomar el asunto principal, momentáneamente abandonado. Hay que sacar provecho de todo y el susodicho refrán se cumple aquí en toda su extensión. Me encontré con una batueco, un converso de los que abundantemente pululan por estos lares, que, además de permitirme el placer de jugar con las palabras, me ha convencido de que en lugar de las Batuecas, pasmados del todo, estaríamos mejor en el Limbo de los justos o en el Limbo de Larra, que se puede resumir en aquellas palabras del Pobrecito hablador: «¡Oh entendimientos claros los que nada tienen que aprender! ¡Oh felices aquellos, y mil veces felices, que o todo se lo saben ya, o todo se lo quieren ignorar todavía!».

____________________

Josefina Albert Galera es Dra. en Filología Románica. Tarragona

Noticias relacionadas

Crisis política catalana

Las medidas aprobadas irán al Senado y se verá lo que sucede

Dos peligros al acecho: elecciones y contagio prematuro

“La verdad se fortalece con la inspección y con el examen reposado; la falsedad se aprovecha de la prisa y de la indecisión” Tácito

A vueltas con nuestra democracia

Unas modestas reflexiones sobre el poder y las leyes

Quien deja de aprender no puede madurar espiritualmente

¿Por qué y para qué hago esto y lo otro?

¿Llama la muerte a la puerta?

La muerte es un problema que preocupa pero que no se le encuentra solución
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris