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Ladrillos y gasoil

Nieves Fernández
Nieves Fernández
domingo, 2 de noviembre de 2008, 08:50 h (CET)
Que no se asuste nadie, no es éste el momento de un sesudo estudio sobre la situación de la construcción o de la vivienda, referida al gasto del gasoil y a sus zigzagueantes precios. No. El título hace referencia a algo puramente anecdótico relacionado únicamente con el vehículo que me traslada cada día al trabajo.

Recuerdo que al probarlo en el concesionario pregunté qué significaban esas marcas azuladas. El nivel del gasoil, me dijeron, y caprichosamente a mí se me ocurrió llamarlas ladrillos. De tal forma que cuando los ladrillos iluminados se iban apagando, es que a mí se me iba acabando el combustible, y de la misma forma al tener iluminado un solo ladrillo, es que llegaba el momento de echarse mano al bolsillo para llenar de nuevo el depósito.

Los ladrillos iluminados de mi coche han pasado por todas las épocas de azul alumbre. Recuerdo cuando la torre de ladrillos azules me daba la luz completa, digo esto porque una es muy metódica a la hora de visitar las gasolineras y gastaba cada equis días una misma cantidad de euros, no sé si también de combustible, con lo cual a mí no me subía ni me bajaba el precio, a mí me subían o bajaban los ladrillos azules.

Después, cuando llegó la época de las vacas flacas, que no de crisis, esa palabra era a todas luces inexistente para todos, por inexistente creo que ni aparecía ni en el diccionario, fue cuando los transportistas, a quienes nos unimos desde estas mismas líneas, se quejaban de los altos precios, precios que no les dejaban llevar su carga al destino porque también a ellos los ladrillos, estos y otros que a veces transportaban, se les quedaban apagados o atascados con un mismo dinero de carga de gasóleo.

Pues a decir verdad, ahora hay que reconocer que mis ladrillos lucen por más tiempo, que aunque sigo echando una misma cantidad de euros, por la manguera del surtidor sale una mayor cantidad de litros que alimenta mi depósito y mis ilusiones. Sorprendida quedé ayer cuando con mi cantidad, con la que antes lograba encender cinco ladrillos a duras penas, ahora he logrado encender hasta ocho, ahora mi salpicadero se siente feliz por estar iluminado durante más tiempo.

Así es muy lógico pensar que bajen los precios. Y más debían bajar el precio de los carburantes, pues a la mitad está el precio del crudo en origen desde la peor época comparándolo con la de hace unos meses a la actual.

Lástima que a mis ladrillos no les dure la iluminación por mucho tiempo, pues los que verdaderamente ganan mucho a costa de nuestros kilómetros recorridos ya han puesto freno a nuestra alegría de carretera. Y es que, en medio de una crisis, no se puede tolerar que los precios estén tan bajos, hay que subirlos a toda costa, si no, no habrá ganancias para repartir entre tantos, en este negocio del ladrillo encendido, ya se ha decidido parar o reducir la producción, porque es necesario que suban los precios. Y yo que empezaba a ver un cielo azulado en el horizonte…

De todas formas, eso será a medio plazo, de momento disfrutemos de las bajadas que tiempo llegará en el que tendremos que veremos apagados ladrillos encendidos.

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