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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Un ¡olé!, para nuestra Reina

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 2 de noviembre de 2008, 08:50 h (CET)
¿Qué quieren que les diga?, a mí me gusta navegar contra corriente; no me atrae ser de aquellos que, para quedar bien, se dedican a dar incienso a los personajes que cortan el bacalao y que están, como diría la inefable Sofía Mazagatos, una bella mujer, en “ el candelabro”. Y es por eso que, seguramente, en muchos lugares, en algunos medios y en no pocos partidos políticos lo que yo opino no caiga bien. Verán, uno ha pasado por un periodo de cuarenta años de trabajo, en los que la necesidad de sacar adelante una familia le obligaba a guardarse para sí lo que pensaba, actuar a veces a contrapelo y renunciar a su libertad de hacer lo que le pasase por las narices. Hoy en día, felizmente jubilado, con todos mis hijos casados y desempeñando con eficacia sus respectivas profesiones, y acompañado por mi querida esposa; vivo modestamente, pero muy a gusto conmigo mismo. Por ello me voy a permitir entrar en este revuelo de cotilleo que ha provocado el libro de Pilar Urbano sobre la Reina Dª Sofía.

Debo empezar por referirme a la escritora que, a mi entender, es una especie de comadreja, lista y versátil, a la que le pone hablar sobre personas importantes y que, tengo entendido, ya escribió una anterior biografía sobre el mismo personaje real. No me cae especialmente simpática porque, a la vista está, no es más que una oportunista que ha descubierto el secreto de enfundarse en sus faltriqueras unos buenos y pingües beneficios usando con habilidad del truco de tratar temas que sabe encandilarán a un público ávido de conocer las interioridades de personas famosas de las que, normalmente, es complicado poder saber si se levantan con el pie izquierdo o si primero se sacan el calcetín del pie derecho cuando se van a la cama. El morbo vende y la polémica es la guinda del pastel que aumenta, en una proporción geométrica, las ventas de cualquier best seller. Todo esto lo tiene muy bien estudiado la Urbano y, si se me permite dar la opinión, tengo la impresión de que ha abusado de la buena fe de SM la Reina para, no sé si añadir opiniones de su propia cosecha o sí, para dar más atractivo a su narración, ha querido dar un sentido distinto a ciertos comentarios de doña Sofía que, quizá, debieron estar enmarcados en un contexto distinto. Sea por lo que fuere, teniendo en consideración la importancia del personaje biografiado, no es un libro que pueda pasar desapercibido y, no digamos, cuando los críticos más acérrimos a la monarquía tienen ocasión de verter su bilis izquierdista sobre una institución a la que se la tienen jurada. Por desgracia, eso parece que nuestro Rey, Don Juan Carlos, no lo tiene asumido.

Debo confesar que no soy especialmente adicto a la institución monárquica y que, en algunos aspectos, soy un crítico asiduo de S.M el Rey, pero, no porque yo comparta las ideas izquierdistas, ¡Dios me libre!, sino por todo lo contrario; porque no me parece que S.M. el Rey se mantenga imparcial en sus relaciones con los representantes de la derecha y los de la izquierda. Por algo que me resulta difícil de comprender, a S.M,. se le notan ciertos ramalazos que haría pensar que se encuentra más a gusto en compañía de Zapatero que en la de los representantes de la derecha. Pero, aún reconociendo esta debilidad, debo afirmar que mis simpatías por la Reina Sofía son absolutas. Es el prototipo de lo que debe ser una reina consorte, una mujer de la que nunca se ha podido decir nada peyorativo, que ha sabido estar en su sitio, que tiene los sentimientos a flor de piel como se ha podido comprobar en sucesos lamentables, como la masacre del 11-M y en los funerales por las 151 víctimas de la catástrofe aérea de Barajas; que tiene un cultura sólida y, por si fuera poco, es persona de trato afable y distinguido.

Dicho lo cual, no puedo comprender, o mejor dicho, no podría comprenderlo, si no conociera como se las gastan todos los componentes de esta izquierda zafia y con ínfulas de intelectual, que estamos padeciendo en esta España de nuestras entretelas. Esta repentina rabieta que a algunos les ha cogido, sólo porque en el libro de la Urbano, S.M la Reina, haya dejado entrever lo que piensa sobre determinadas materias que, por otra parte, están en la mente de la mayoría de los españoles, no tiene otro objeto que intentar desacreditar la imagen de S.M, ante un pueblo que la adora. Si algo tiene de malo nuestro sistema actual es que, a la figura de los Reyes se la considera como de mero adorno, como un jarrón chino de jade o porcelana del periodo Ming que debe presidir la columnata del Estado, pero que esta condenada al suplicio de permanece en silencio. No es ni humano, ni lógico ni tan siquiera democrático que, el mayor símbolo de la Nación, esté condenado a un ostracismo intelectual, como si no tuvieran derecho a pensar, cuando, sin embargo, sería inconcebible que se le pidiera tal sacrificio a cualquier otro ciudadano.

En cualquier caso y aún reconociendo que la escritora debiera haber sido más discreta en aquello que escribía y que se su deber debiera haberle recomendado guardarse para ella aquellos temas que, probablemente, trató con la reina dentro de un entorno de intimidad, y que ella sabía que podrían levantar ampollas si se difundían; debo reconocer que, este aspecto humano de doña Sofía, me ha encantado, y he de decir que sus opiniones sobre el aborto, y sobre los matrimonios sexuales, además de suscribirlas personalmente, están compartidas por una gran parte de los españoles; aunque pocos son los que tienen la valentía de manifestarlas. La izquierda siempre ha tenido la facultad de amedrentar a las derechas, que se sienten cohibidas ante la radicalidad de los comportamientos de unas minorías vocingleras y deslenguadas que han pretendido auto concederse el marchamo de defensores del pueblo y de las libertades.

Me congratulo de que la Reina, a sus ya conocidas virtudes y su indudable calidad humana, se le una el disponer de una mente clara, analítica e ilustrada que le permita distinguir las ideas de este progresismo farandulero, hipócrita y hortera que viene pretendiendo arrastrarnos a todos hacia el sumidero por donde se vierten los detritus de sus adoctrinamientos laicos, materialistas, intranscendentes, relativistas y, demostradamente, arcaicos y desfasados; de aquellos valores y principios que, a través del Derecho Natural, Aristóteles y la tradición cristiana; hemos recibido quienes amamos a España, abominamos de las monstruosidades de Lenin y Stalin y estamos firmemente convencidos de que la depravación de algunos y su indiferencia hacia la moral, la ética tradicional y la vida de los inocentes, no son más que lacras y atentados contra la humanidad, que deben ser proscritos y erradicados de nuestra sociedad para ser arrojados al Averno de los desheredados.

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