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Etiquetas:   Con el telar a cuestas   -   Sección:   Opinión

¿Un violador de doce años?

Ángel Sáez
Ángel Sáez
domingo, 2 de noviembre de 2008, 08:50 h (CET)
(AYÚDENLO, POR FAVOR)

“No hay malas hierbas ni hombres malos; sólo hay malos cultivadores”. Victor Hugo.

Ignoro, desocupado lector, si ha tenido la infeliz oportunidad de leer, además del titular (“Expulsado de un colegio un niño de 12 años —para más inri, reincidente— por intento de abusos sexuales”), el resto de la gacetilla, el cuerpo del suelto sin firma. Si lo ha hecho, acaso le haya acaecido lo que al menda, que aún no ha salido de su asombro.

Tras llevar a cabo lo dicho, servidor ha urdido los doce (uno por cada año que tiene el adolescente) versos que siguen:

Leo lo del mozalbete
Y quedo mudo, admirado:
De un colegio han expulsado
A un “doceañero” o mocete
Que intentó, presuntamente,
¡Qué horror!, violar sexualmente
A tres niñas de cuatro años.
Me pregunto qué redaños
De educación le habrán dado
Al precoz endemoniado.

Urge que resten sus males
expertos profesionales.


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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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