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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¡Atención! ¿Un Plan C para Bélgica, Grecia y España?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 1 de noviembre de 2008, 09:37 h (CET)
Bien, parece que estamos entrando en una nueva fase en esto de la crisis–recesión. Y, como no podía ser menos si nos atenemos a las famosas leyes de Murphy, nos tendremos que creer aquello de que “todo lo que puede salir mal, sale mal”. Un dato, un dato que, no por repetido y sobradamente conocido, resulta menos esclarecedor de nuestra situación en el entorno económico de la Comunidad Europea. Nuestro déficit exterior está ya en los 13.576 millones de euros. Y puede que ustedes quieran reflexionar conmigo respecto a la importancia de este dato. En primer lugar, significa que este dinero que debemos no nos sale de gratis a España y los españoles porque, como es natural en cualquier clase de préstamos, está devengando intereses que hay que pagar; luego, si, como es el caso de España, se precisa destinar importantes partidas para intentar paliar la recesión, como lo son las dedicadas a atender al pago de los subsidios de desempleo, promover obras públicas, atender promesas sociales del Gobierno, avalar a la Banca y comprar activos “saneados”; es evidente que, con una economía como la que tenemos en la actualidad, en plena caída, le va a ser muy difícil al Erario público conseguir, por medio del IRPF y los demás impuestos, no sólo equilibrar las cuentas ( no olvidemos que incluso la Seguridad Social, que registraba superávit parece que cada vez es menor y que los últimos datos indican que ya ha descendido en más de un 2%, como no podía ser menos si se tiene en cuenta que cada vez son menos los cotizantes en activo y más los que perciben subsidios de dicha institución), sino poder mantener todos sus compromisos, incluido el pago de intereses por los préstamos conseguidos del BCE que están a punto de vencer, si es que, como parece que va a ser, no necesita endeudarse más.

Antes se utilizaban otros medios para luchar contra situaciones similares, como poner en marcha la máquina de fabricar moneda o devaluando la moneda. Hoy estamos en un contexto financiero en el que estos trucos ya no están en nuestras manos, lo mismo que elevar los tipos de interés o reducirlos, porque estamos en una asociación de estados que se deben regir por unas normas supranacionales a las que cada nación debe constreñirse. El problema de emitir Deuda Pública para dotarse de medios ya se ha convertido en algo complicado porque, no basta, como sucedía en tiempos pasados, con emitirla para que, con un módico interés, los ciudadanos la compraran por aquello de que estaba respaldada por el Estado, sino que, en la actualidad, a la desconfianza de los compradores hacia toda clase de valor mobiliarios e inmobiliarios, se le añade la desconfianza hacia la solvencia del mismo Estado y, salvo que la retribución por las emisiones públicas sea muy atrayente, es muy posible que se queden sin cubrir las expectativas puestas en ella. Hoy en día existen agencias que califican la fiabilidad de las distintas deudas emitidas por los estados y, en función de esta calificación, las hay que se colocan mejor porque merecen la confianza de los inversores y las hay que, en cambio, tienen menor salida y, por esta circunstancia, tienen que pagar una prima, una penalización, si quieren ser aceptadas lo que, como es natural, encarece su coste. Este es el caso de la Deuda Pública española en relación con la alemana, entre las que hay un 0’5 % de diferencia a favor de la alemana.

Lo malo de lo que nos está ocurriendo en España, es que el déficit exterior empieza a sobrepasar los límites en los que la relación entre lo que el Estado debe a causa de su endeudamiento ( créditos extraordinarios recibidos del BCE y de otros países) y el PIB ( producto interior bruto), entra en confrontación con los baremos que la CE tiene establecidos en el “Pacto de Estabilidad y Crecimiento” en el que se acepta, únicamente, un déficit público máximo del 3% del PBI y una deuda pública del 60% del PBI, (recordemos que, en la actualidad, nuestro déficit exterior está en un 11%) Por otra parte, como ya se ha indicado anteriormente, la desconfianza de los inversores hacia determinadas naciones, en vista de su déficit exterior, hace que hayan decidido retirar masivamente sus fondos de países como Bélgica, Grecia y España (nosotros hubiéramos tenido que devaluar nuestra moneda en un 30%, en el caso de que fuera posible hacerlo, para equilibrar nuestra situación actual) complicando todavía más nuestra posición.

Es decir, que pudiera llegar un momento en que nuestra solvencia como nación quedara en entredicho y parece ser que, ni el BCE estaría en situación de ayudarnos ( no entra en sus competencias sacar a naciones de la quiebra) y sería preciso acudir al FMI o a países como Alemania o Francia, con pocas posibilidades de éxito ya que, difícilmente, podrían justificar ante sus inversores que, además de ocuparse de sus propios problemas, tuvieran que acudir al rescate de otros. Y aquí viene lo que, a través de Libertad Digital, nos hemos podido enterar. Al parecer, el periódico alemán Die Weld, informa de que la élite comunitaria baraja un Plan C, ante el riesgo de que , como ha sucedido en otros países, como Islandia, Hungría y Ucrania, hayan precisado acudir en demanda de ayuda al FMI ( Rusia parece que también sopesa hacerlo), entren en situación de insolvencia como pudieran ser Bélgica, Grecia y España. Por lo visto, para evitar el elevado coste de auxiliar las finanzas de países quebrados, se optaría por reducir la zona euro a las potencias clave, como Alemania y Francia, así como extender el ámbito de la moneda común a “ los estados que cumplan estrictamente el Pacto de Estabilidad y Crecimiento”. Ello significaría que España sería excluida ¿ y que pasaría con el famoso euro que nos endosaron?

En fin, quien ama el peligro en el perece, y esto, sin duda y a la vista del panorama internacional y de los augurios que nos llegan de fuera, es lo que nos espera si, estos incompetentes que nos gobiernan, no corren a poner remedio a tanto dislate, tanta fanfarronería y tanto fanatismo político; se empiezan a dedicar, en lugar de presentarse como salvadores de la humanidad y nuevos adalides del neosocialismo, a poner remedio a las grietas y humedades que tenemos en casa y que, por lo visto, amenazan con acabar con lo poco que nos está quedando de España después de que entre Zapatero y Rajoy se hayan dedicado a destrozarla. La Historia, este juez implacable de los hombres, se encargará de poner a cada cual en su sitio, aunque esto sea un pobre consuelo para los que habremos tenido el infortunio de sufrir las consecuencias de su incapacidad, para gobernar y hacer la oposición.

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