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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La vida continúa

Helena Trujillo (Málaga)
Redacción
sábado, 1 de noviembre de 2008, 11:56 h (CET)
El diagnóstico fue terrible, cayó como una losa frenando de golpe toda mi vida. Cáncer, tantas veces había escuchado esa palabra y esta era la primera vez que la oía referida a mí. Hacía unos meses, mientras me ponía la crema hidratante noté un bulto en mi pecho, no le di excesiva importancia, pero desde ese momento cada día palpaba deseando que ya no estuviese así. No fue el caso. El bulto seguía y mi preocupación crecía con él. Pedir cita en el médico era como reconocer que algo pasaba y yo me resistía. Mi marido comenzó a notar algo extraño, mi actitud distante y preocupada, el cambio en mi sentido del humor, la desaparición de mis gestos cariñosos. Me costó reconocerle que estaba preocupada por mi descubrimiento, ese mismo día pedimos cita para una revisión médica.

Ahí empezó mi periplo por clínicas, salas de espera, pruebas y más pruebas hasta que un día, sin quererlo, llegó la noticia. Tenía cáncer de mama y había que intervenir inmediatamente. Fue, lo reconozco, el peor día de toda mi vida. Ni la muerte de mi propia madre me había causado tanto dolor como el que ahora me producía pensar que toda mi vida me la jugaba en este paso. Mi marido me ayudó mucho en todo el proceso. Él también sufrió con el diagnóstico, para él también se tambaleaba su seguridad familiar, la mujer fuerte con la que se había casado años atrás era ahora una enferma que necesitaba, más que nunca, su ayuda.

Como comprenderán este no es un caso real, sino un ejemplo de una situación que viven a diario muchas personas y que nos demuestra que si del cáncer se trata lo que está en juego no sólo es la salud, sino la propia vida de la persona. El término "cáncer" se utiliza como el nombre general para referirse a un grupo de más de cien enfermedades en las cuales las células en una parte del cuerpo comienzan a crecer sin control. La célula normal y la cancerosa no son fundamentalmente distintas: mientras una crece y se reproduce bajo determinadas condiciones, la otra lo hace en forma anárquica. Aunque existen muchos tipos de cáncer, todos comienzan debido al crecimiento sin control de las células anormales.

El pasado 19 de octubre se celebró el Día Internacional de Lucha contra el Cáncer de Mama. En 2007 se detectaron 21.000 casos de este cáncer en España, afortunadamente cada vez se diagnostican más y antes. El cáncer continúa siendo una enfermedad misteriosa y fatal, sin embargo, los avances de la ciencia han disminuido el índice de mortalidad o han aumentado la sobrevivencia. El 40% sobre estadísticas globales sobrevive los 20 años posteriores al diagnóstico, teniendo en cuenta un parámetro clínico fundamental, que es la detección precoz.

Cada vez está más claro que las emociones afectan al sistema nervioso y que éste está íntimamente relacionado con el sistema inmunitario, encargado de las defensas del organismo y cuyas células están capacitadas para resolver cualquier proceso canceroso. La ansiedad y la depresión ponen en marcha una cadena de alteraciones de las funciones endocrinas y de nuestro sistema inmune, que es el sistema que se encarga de la protección de nuestro organismo. Al disminuir las defensas, aumenta la propensión a diversas enfermedades orgánicas. No sólo habría que entender el factor psicológico como reacción al diagnóstico del cáncer, sino que vamos más allá. Los especialistas cada día tienen más claro que la depresión grave podría ser la responsable del desarrollo del cáncer. En la prevención de la enfermedad cancerosa habría que incluir, además de la detección precoz, el tratamiento psicoanalítico de la depresión, la ansiedad, el estrés y de todos aquellos signos que muestran un malestar psíquico en la persona. Estas afecciones sin tratamiento, al cabo de los años, pueden desembocar en graves enfermedades orgánicas.

Una vez aparecido el diagnóstico de cáncer hay que trabajar en varios frentes, por un lado la medicina debe hacer su trabajo, apoyada por la red familiar y social que rodea al paciente, evitando abandonos en el tratamiento, superando efectos secundarios de los fuertes tratamientos, creando expectativas de futuro que apoyen al paciente en la idea de vivir. Por otro lado, el psicoanálisis, que debería estar presente en el tratamiento de todos los pacientes oncológicos. Se ha comprobado que un paciente en buenas condiciones psicológicas responde mejor al tratamiento médico y, además, presenta menos efectos secundarios al mismo. El ensayo médico más clásico en el estudio de la depresión y el cáncer es un trabajo de Spiegel, realizado en 1981, donde se demostraba que el tratamiento psicoterápico de estos pacientes, mejoraba su calidad de vida de manera importante.

Superar la enfermedad es el primer objetivo tras el diagnóstico, a cada paciente le llevará su tiempo y su lucha particular. No sabemos cómo llegaría al cáncer nuestro personaje ficticio del comienzo, ni cómo fue su enfrentamiento a sus células enloquecidas, tampoco cómo se planteó la vida una vez superado. Lo que sí podemos suponer es que hay vida después del cáncer y es precisamente en ese aspecto en el que hay mucho por hacer y mucho por mejorar. De las mujeres que tienen cáncer de mama, un alto porcentaje no vuelve a trabajar. Y de las que se reincorporan a la vida laboral, muchas tienen dificultades en el desempeño de sus labores por problemas físicos o psicológicos. No sólo hay que potenciar la detección precoz y los avances médicos, sino que hay que transformar los pensamientos y el estilo de vida que llevaron al paciente a desarrollar esa enfermedad mortal. Hay que ayudarles a ver las cosas de forma diferente, en lugar de lo que les falta, fijarse en lo que tienen, VIDA. La Medicina y el Psicoanálisis tienen que trabajar conjuntamente y ahí el paciente tiene un papel muy importante.

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