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Etiquetas:   Desde un córner   -   Sección:  

Franco y el R. Madrid

Antonio Pérez Gómez
Antonio Pérez Gómez
sábado, 1 de noviembre de 2008, 09:43 h (CET)
Esta semana, Sir Alex Ferguson ha relacionado al R. Madrid con Franco. El señor Ferguson, uno de los técnicos futbolísticos más veteranos en la historia del fútbol y auténtica excepción dentro de la élite del mundo del balompié por su longevidad en un cargo tan complicado como el de manager del Manchester, viene cargando contra el Madrid desde que este verano un diario deportivo propaló a los cuatro vientos el interés blanco por Cristiano Ronaldo, la joya del equipo para el que trabaja el señor Ferguson.

Sir Alex ha logrado la hazaña de mantenerse tanto tiempo en el “candelabro” (Mazagatos dixit) del United gracias a su buenas artes como dirigente, su astucia para manejarse dentro del club, y el enorme poder que ha acumulado dentro de las estructuras del mencionado equipo inglés. Sus métodos, afortunadamente para los diablos rojos, no varían ni en un ápice a los de cualquier otro club puntero europeo: ha birlado jugadores a medio mundo (Arrigo Sacchi cuenta esta semana como el Manchester robó a Rossi del Parma), ha impuesto su ley con dureza en un vestuario lleno de estrellas (recordemos como salió Beckham de allí, tras sufrir incluso una agresión física del bueno de Sir Alex) y ha desestabilizando a rivales directos (famosas y enconadas fueron las polémicas que tuvo hace meses con Grant, el entrenador del Chelsea la temporada pasada).

Pero el ínclito Ferguson se ha pasado cuatro o cinco pueblos. Con esa cara de borrachín escocés bondadoso y simpaticote, ha intentado volver a hacer daño, daño de verdad. Ha entrado como caballo en cacharrería en una rancia leyenda que arrastra el equipo blanco, debido a las numerosas muestras de apoyo que se le hizo desde el gobierno del anterior régimen. Y la ha aventado a base de bien. No es que haya señalado las evidentes muestras de satisfacción de Franco hacia el Madrid, el único símbolo amable de aquella España negra, sino que sigue tildando de franquista al club de Concha Espina. Probablemente el bonachón de Sir Alex cree que en España aún se puede ser franquista sin ser un fantoche ridículo, o, simplemente, que aún hoy puede existir algo así como un “club franquista”. Relacionar en la actualidad al fascismo con el Madrid, Mejor Club del Siglo XX según FIFA y el equipo con más seguidores del mundo según concluyó recientemente la universidad de Harvard, denota una temeridad preñada de mala baba y un deseo de desprestigiar salvajemente a los merengues. Denota, entre otras cosas, negar la transición española. Al fin y al cabo, ¿que diantres le importarán al simpatiquísimo escocés los cambios ocurridos en nuestro país en los últimos 30 años?

Pero profundicemos un poco más. ¿Fue realmente el R. Madrid un equipo que se vio beneficiado por el franquismo? ¿Consiguió el Madrid sus éxitos gracias al apoyo del general golpista? Desde Cataluña se afirma que sí.
Decía el ministro de Propaganda del III Reich, Goebbels, que una mentira repetida mil veces acaba convirtiéndose en una verdad. Siempre se ha escuchado que el Real Madrid era “el equipo del régimen”. Pero hay que recordar algo que a lo mejor muchos no tienen en cuenta: en aquella época, España era un país franquista. De cabo a rabo. De la cabeza a los pies. Hubiera sido imposible que un equipo destacara y no fuera fagocitado por el aparato propagandístico de Franco. Además, como escribió Eduardo Torrico, lo que nunca aclaran quienes profieren esa insidia del contubernio es que, por esa regla de tres, el Madrid sería del régimen de Franco, de Adolfo Súarez, de Felipe González, de José María Aznar o de José Luis Rodríguez Zapatero, porque con todos ellos el Real Madrid ha ganado más títulos que ningún otro equipo español

Por otra parte, hay que recordar que Franco no veía con buenos ojos el deporte del fútbol. Seguramente, una manifestación deportiva tan proclive a que las masas que acuden a verlo se expresen con libertad, no sería muy de su agrado. Pero, si hay que ver apoyos específicos a un equipo de futbol desde el principio de su dictadura, ese sería el equipo de sus oficiales: el Atco. Aviación, hoy Atco. Madrid. En la actualidad, la adscripción del progrerío sesentero al equipo del Manzanares nos hace olvidar su pasado, pero no nos olvidemos de la cara B de muchos simpatizantes colchoneros: Torrente es una caricatura de un ser real..
En el R. Madrid hubo no pocos empleados del club que fueron reputados luchadores en las filas republicanas. Y se sabe las antipatías que cosechaba en la postguerra el club que preside en la actualidad Ramón Calderón. Es más, debieron pasar 15 años (¡¡15 años!!) hasta que el Madrid ganó su primera liga bajo Franco. En esa quincena de años, los grandes denunciantes de esta conjura franquista-madridista, se hincharon a ganar ligas: El Barça, cinco y el Atco. Madrid, cuatro. Lamento dudar de la heroicidad del estamento arbitral durante el franquismo, pero no me imagino a los prebostes de la dictadura dando directrices a los árbitros para que beneficiaran al Madrid, y los trencillas de la época resistiendo como mártires semejantes insidias atentatorias a su dignidad profesional.

Sin embargo, en 1955 ocurre algo que hace cambiar al Madrid: la llegada de Di Stefano. (Algunos señalan las irregularidades de su fichaje. Quizás sea conveniente recordar cómo Kubala fue nacionalizado y bautizado para jugar en el Barça y rodar "Los Ases buscan la Paz"). El argentino sí que hizo despegar el equipo y lo llevó por toda Europa hasta cotas inimaginables. Parece que en el continente no éramos muy bien vistos en esa época. De hecho hay crónicas que afirman los irregulares arbitrajes que tuvo que sufrir el equipo blanco en Alemania, Francia e Italia por ser el representante de un país con una dictadura fascista. Lo siento, no me puedo creer que les regalaran las 6 copas de Europa. ¡Ah! Y hablando de Copas de Europa, ¿saben quien echó por primera vez al Madrid de la Copa de Europa? Exacto: el Barça. ¿Saben cómo? Pues con cuatro goles que le anularon al Madrid en 1960 en el Camp Nou. Tres de ellos fueron anulados injustamente.

Por cierto, otra anécdota que cuenta el propio Eduardo Torrico. Santiago Bernabéu, presidente del Real Madrid y persona simpatizante del movimiento, presentó un proyecto para la recalificación del estadio y la construcción de uno nuevo, con capacidad para 150.000 espectadores cerca de lo que hoy es Tres Cantos. Carlos Arias Navarro, atendiendo la consigna que en tal sentido le llegaba desde El Pardo, deniega el ambicioso proyecto. El viejo proyecto faraónico de tener el mayor campo del mundo fue quebrado por el propio Franco. Mientras tanto, entre 1951 y 1965, el supuesto club más damnificado por la dictadura franquista, el Barça se beneficiaba de tres grandes recalificaciones urbanísticas para lo cual fue preciso un decreto del Consejo de Ministros, firmado por el propio Franco. Estas recalificaciones suponen una inyección económica tan importante que significó la creación de un súper club, tal y como lo conocemos hoy. En señal de agradecimiento por el “maltrato”, el Barcelona le entregó al general dos medallas de oro: una en 1971 y otra, en 1974, aprovechando que el equipo azulgrana acababa de meterle cinco goles al Real Madrid en el Bernabéu. Medallas cuya devolución el Barcelona reclama ahora a los herederos de Franco, porque “si por algo se ha caracterizado siempre ese club ha sido por su talante democrático y por no querer saber nada de los dictadores”. Por supuesto, de reintegrar los millones que recibió por aquellas tres recalificaciones franquistas no dice ni pío.

En fin, sorprende, una vez que se saben los hechos claros y simples, que hoy en día haya gente sensata e inteligente que aún se adhiera a la teoría de la conspiración. Quizás la culpa sea del Madrid, porque, como escribió recientemente Alfredo Relaño (y no creo que éste sea sospechoso de ser simpatizante del régimen), mientras el Madrid se dedicaba a construir el mejor club de la Historia de este deporte, sus rivales directos, sobrecogidos por la derrota, construyeron en su contra una leyenda de favoritismo que aún hoy pretende justificar algunas cosas.

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