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¿Vigencia del marxismo? (II)

Raúl Ismán
Redacción
miércoles, 28 de enero de 2009, 08:09 h (CET)
Los ejes fundamentales del debate
De resultas que el autor de los Manuscritos económico-filosóficos puede ser considerado uno de los más sagaces críticos de la construcción burguesa, sino el más. El problema aparece en el momento de transformar la crítica al sistema en construcciones políticas alternativas anticapitalistas concretas. Es sabido que a lo largo de la vida y la obra de Marx aparecen algunas cuestiones de índole teórica y práctica que trataremos de sintetizar para luego criticar.

1) Sistemas socialistas fueron anunciados anteriormente- y también a posteriori- al postulado por Marx y su amigo Federico Engels. Dejando de lado algunas variedades nostálgicas de la edad media o reaccionarias, nuestros autores los agruparon bajo el común denominador de socialismo utópico, para diferenciarlo del sistema soñado por ellos, que (auto) denominaron (socialismo) científico. La razón de tal diferenciación es que los autores de La Ideología Alemana consideraban haber comprendido y formulado en leyes irrefutables la propia marcha de la sociedad y sus contradicciones hacia la revolución. Y además haber definido el sujeto encargado de realizar tal transformación: el proletariado industrial. En el célebre prólogo a La Crítica de la Economía Política se halla una sintética explicación de tales leyes que guían el desarrollo capitalista (hacia su derrumbe). Quien pretendiera hallar un eco del positivismo en esta concepción, puede. De todos modos, en la obra de Marx palpita la tensión constante entre la revolución como fenómeno objetivo, hacia la cual lleva la propia lógica de la crisis capitalista, y la necesidad perentoria que el cambio social se realice por medio de la acción (consciente) por parte de las masas. Veamos las palabras del autor de tantos textos decisivos. El resultado general al que llegué y que una vez obtenido sirvió de hilo conductor a mis estudios puede resumirse así: en la producción social de su vida los hombres establecen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una fase determinada de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. Al llegar a una fase determinada de desarrollo las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas, y se abre así una época de revolución social. Al cambiar la base económica se transforma, más o menos rápidamente, toda la inmensa superestructura erigida sobre ella. Cuando se estudian esas transformaciones hay que distinguir siempre entre los cambios materiales ocurridos en las condiciones económicas de producción y que pueden apreciarse con la exactitud propia de las ciencias naturales, y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas, en un a palabra las formas ideológicas en que los hombres adquieren conciencia de este conflicto y luchan por resolverlo. Y del mismo modo que no podemos juzgar a un individuo por lo que él piensa de sí, no podemos juzgar tampoco a estas épocas de transformación por su conciencia, sino que, por el contrario, hay que explicarse esta conciencia por las contradicciones de la vida material, por el conflicto existente entre las fuerzas productivas sociales y las relaciones de producción. Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más elevadas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado dentro de la propia sociedad antigua. Por eso, la humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar, porque, mirando mejor, se encontrará siempre que estos objetivos sólo surgen cuando ya se dan o, por lo menos, se están gestando, las condiciones materiales para su realización. A grandes rasgos, podemos designar como otras tantas épocas de progreso en la formación económica de la sociedad el modo de producción asiático, el antiguo, el feudal y el moderno burgués. Las relaciones burguesas de producción son la última forma antagónica del proceso social de producción; antagónica, no en el sentido de un antagonismo individual, sino de un antagonismo que proviene de las condiciones sociales de vida de los individuos. Pero las fuerzas productivas que se desarrollan en la sociedad burguesa brindan, al mismo tiempo, las condiciones materiales para la solución de este antagonismo. Con esta formación social se cierra, por lo tanto, la prehistoria de la sociedad humana. K: Marx y F. Engels. Prólogo a La Crítica de la Economía Política. Versión electrónica.

La cita tal vez pudiera ser calificada como excesivamente extensa; pero da cuenta de modo harto elocuente de la visión marxiana de la historia y en particular de su visión de las leyes que guían su desenvolvimiento hacia el futuro revolucionario. Lo menos que puede decirse es que la prehistoria de la sociedad humana ha durado demasiado, si es que realmente es factible la construcción de una sociedad comunista. A responder tal interrogante destinaremos un trabajo futuro.

2) La economía mundial es el teatro de una verdadera guerra civil en la que el proletariado internacional libra diversas (aunque constantes) escaramuzas contra la clase capitalista de todo el orbe. Primero, para resistir la expoliación, para alcanzar condiciones de vida más dignas para los trabajadores y por ampliar las condiciones de libertad política (democracia). Avanzando en las luchas, el combate se daría para derrocar a la burguesía y liquidar toda forma de explotación. La visión internacional y de conjunto- para los marxistas- es un imperativo gnoseológico y político, del cual surge la necesidad de organizar las fueras proletarias en el ámbito mundial, producto de la cual es la interesante experiencia de las tres o cuatro- si contamos a la cuarta- internacionales, de la cual hablaremos más adelante. La revolución es nacional por su forma e internacional por su contenido. K. Marx y F. Engels. Manifiesto Comunista. Versión electrónica. Es muy conocido el modo en que diversos autores de la izquierda nacional- como Juan José Hernandez Arregui- intentaron moderar el efecto cuasi brutal de las palabras anotadas en Manifiesto Comunista. Pero no logró eliminar la (perdurable) influencia que tuvieron sobre la práctica de muchos partidos de izquierda, que hicieron durante décadas caso omiso a la existencia de las diversas nacionalidades, ni de las peculiaridades de cada formación social y menos diferenciaron estados imperialistas de periféricos.

3) Por causa de mecanismos insuficientemente demostrados en lo teórico y jamás verificados empíricamente, la clase obrera resultó depositaria de un imperativo de condición mesiánica: Marx la convirtió en sujeto único de la revolución, nada menos. Y por cierto que no era cualquier clase obrera, sino más bien la industrial y de los países centrales. Y tampoco era cualquier revolución, si no una transformación tan profunda que redimiese al conjunto de la humanidad. Cierto es que hay en la obra de los teóricos varias veces mencionados diversos aspectos que moderarían la afirmación precedente. Por ejemplo, la cita que sigue a continuación: si la revolución Rusa da la señal para una revolución proletaria en occidente, de modo que ambas se complementen, la actual propiedad común de la tierra en Rusia podrá servir de punto de partida a una revolución comunista. (Carta de Marx). Pero nótese que aquí lo que provee visibilidad a la transformación social posible en Rusia es la relación con la revolución social (proletaria) en occidente. Es, ni más ni menos, que la vieja concepción eurocéntrica consistente en afirmar que el mundo periférico es constituido por los países centrales. Si no, la vida social en el mundo periférico carece de visibilidad y aún de existencia.

Una de las ideas centrales en el corpus teórico de Marx es que la revolución proletaria, no sólo viene a solucionar los problemas más urgentes, sino a resolver de modo definitivo los dilemas de fondo y cruces éticos que han atormentado a la humanidad desde tiempos ancestrales. Veamos como lo enuncia en sus propias palabras:

...que ahora esta lucha ha llegado a una fase en que la clase explotada y oprimida (el proletariado) no pueda ya emanciparse de la clase que la explota y la oprime (la burguesía), sin emancipar, al mismo tiempo y para siempre, a la sociedad entera de la explotación, la opresión y la lucha de clases. (K. Marx y F. Engels. Manifiesto Comunista. Versión electrónica)

Objetivos loables y plausibles, sin dudas. ¿Pero realizables? Para responder tales interrogantes se hace necesario cotejar los dichos de la teoría con el acontecer histórico recurriendo a la experiencia proporcionada por el archivo formidable de casi dos siglos de movimiento obrero y socialista.

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Raúl Ismán es docente y escritor. Miembro del Consejo Editorial de la Revistas Desafíos. Director de la revista Electrónica Redacción popular.

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