Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Etiquetas:   Ensayo   -   Sección:  

¿Vigencia del marxismo? (I)

Raúl Ismán
Redacción
miércoles, 28 de enero de 2009, 08:08 h (CET)
"Todo lo sólido se desvanece en el aire". Karl Marx.

Introducción
Hemos formulado como pregunta algo que tradicionalmente era analizado como rotunda (y dogmática) afirmación por gran parte de las diversas iglesias, capillas y kioskos de la izquierda local y suponemos latinoamericana. Nos referimos a la vigencia de ciertos núcleos centrales del pensamiento de Marx, tomados- por añadidura- como verdad revelada y no sometida a constatación práctica y empírica alguna. A mediados de 2007 mediante ciertas declaraciones, el líder de la revolución venezolana, Hugo Chávez Frías, reposicionó la cuestión que nos ocupa en los medios de prensa y, desde allí, a todos los espacios de debate. Pero en realidad y desde otro punto de vista se trata de una polémica que se ha arrastrado por más de un siglo y medio.

Por cierto que contenidos de apariencia irrefutable hacia 1850, pueden aparecer como desactualizados en la primera década de nuestra centuria; dado que las condiciones materiales, económicas, sociales, culturales y políticas; tanto las mundiales, como las nacionales y aún las territoriales han cambiado enormemente. Digamos en más que apretada síntesis que el siglo XX puede ser sintetizado, en términos de comprensión histórica, como la etapa del desafío de la revolución socialista hacia el sistema del capitalismo mundial. Y por desgracia, tal desafío sufrió una rotunda derrota. No se trata de extraer lecciones del desastre del socialismo real del tipo del dúo de los Vargas Llosa o personajes similares que figuran como alcahuetes del imperio en cuanto programa televisivo especializado en banalidades se pudiere imaginar. Pero si nos parece imprescindible formular un balance de los conceptos teóricos que guiaron las prácticas de un conjunto de organizaciones revolucionarias. Además y por cierto, una exigencia del mismo Marx era someter sus propias ideas al juicio crítico y racional en continuo diálogo con la realidad social. Sin embargo, cierta lectura acrílica de los clásicos del marxismo resultó un pecado original de nuestras izquierdas, del cual nunca realizaron esfuerzo alguno por apartarse; como si hacer la revolución fuere tarea reservada para aplicados recitadores de versículos consagrados.

En este artículo serán analizados algunos límites originarios de la literatura marxista clásica para resultar eficaz guía para la acción y no tanto a los desvaríos a los que nos tienen acostumbrados las fuerzas de izquierda nacidas de tales padres teóricos. Lo último- ciclópea tarea por cierto- quedará para elaboraciones futuras. Actividad de enormes proporciones y vana además, ya que cuando se logró aprehender la compleja variedad de los kioskitos de nuestra sinistra, nuevas divisiones exigen retomar la elaboración. En definitiva, es absurdo tener temor a ejercer la crítica, ya que la lealtad fundamental de todo intelectual comprometido con causas justas no es con los contenidos ideológicos, sino con la larga marcha de los pueblos por construir sociedades dignas de recibir el nombre de humanistas.

La obra de Marx: una lúcida mirada cuestionadora
En principio digamos, antes de avanzar en la crítica, cual es el máximo aporte de la creación de Kart Marx al conjunto de la teoría social. Se trata básicamente del carácter implacable de una mirada crítica fuertemente cuestionadora sobre el conjunto de las bases y de los fenómenos constitutivos de la dominación capitalista. En efecto, el bisturí conceptual del filósofo nacido en Treveris (aunque a él no le gustare contarse como miembro pleno de la tradición del máximo saber occidental) se hunde tan a fondo viviseccionando en los mecanismos de la economía y la sociedad del siglo XIX que los autores pro-burgueses posteriores serios- como Raymond Arón, uno de los ensayistas conservadores más lúcidos de la pasada centuria, por ejemplo- deben dar un rodeo y no mencionar cuestiones en absoluto irrefutables, como que la plusvalía es una de los pilares decisivos sobre los que se asienta la sociedad burguesa. El autor de Das Capital llamaba plusvalía al trabajo generado por los obreros que no les era retribuido. Podría ironizarse mentándola como la cara oscura u oculta del salario, parafraseando la creación de Pink Floyd. Es decir que la plusvalía se define en tres sintéticas palabras: trabajo no pagado. Al criticar al autor del 18 Brumario, Arón escapa con escasa elegancia de realizar una crítica de la teoría de la plusvalía- piedra angular de la teoría Marxista, al decir de Lenin- ya que demostrar su no vigencia o inviablidad, resulta absolutamente imposible o más bien equivale a postular la famosa cuadratura del círculo o la existencia del agua seca. La ganancia capitalista- centrada en la exacción de plusvalía- es una de las bases decisivas de la desigualdad social y de toda sociedad capitalista.

Pero existe una lectura meramente economicista- además predominante en diversos cenáculos- de la obra de Marx. Tal mirada consiste en una interpretación limitada y lineal impulsada por cierto sentido común debido a lecturas derechistas de sus ideas, y, a no pocos izquierdistas aquejados de un profundo y rígido mecanicismo. Dichas miradas han sacralizado una lectura de nuestro autor, en la cual los únicos aspectos de su obra que siguen en pie son los relativos a los factores de producción. Por cierto que no faltan citas clásicas que avalarían tal mirada. Pero a contrapelo de estas corrientes, nuestra interpretación postula que la crítica de Marx se sirve de un profundo conocimiento del mundo económico para demoler conceptualmente todos los andamiajes, mecanismos y recursos de la sociedad burguesa. Para decirlo en palabras simples: Marx no sólo condenaba al sistema Capitalista debido a su carácter explotador; si no también (y fundamentalmente) por obturar y anular las posibilidades de una vida medianamente digna para gran parte de la humanidad. Por cierto que para verificar la vigencia de esto último sólo hay que leer el diario, aún en diversos medios de la derecha más cerril. Las referencias acerca de las inequidades e inquinidades que desgarran al conjunto del orbe son parte de los paisajes rurales, urbanos y massmediáticos. Con relación a si la crítica del Marx se refiere únicamente a la explotación o avanza en otras direcciones, démosle la voz al susodicho autor en palabras, por añadidura, formuladas en uno de sus textos más clásicamente económicos: Das Kapital.

La burguesía, que al crear para sus hijos las escuelas politécnicas, agronómicas, etc., no hacía más que obedecer a las tendencias íntimas de la producción moderna, sólo dio a los proletarios la sombra de la enseñanza profesional. (Karl Marx. El Capital. Versión electrónica)

Al argumentar acerca de la segmentación que se verifica en una sociedad capitalista con relación al fenómeno educativo, Marx demuestra que muy lejos se hallaba de criticar sólo el aspecto económico de la suerte de las masas; sino al conjunto de los fenómenos propios y constituyentes de la dominación burguesa. Es decir que la crítica al capitalismo no se limitaba al fenómeno de la explotación, si no que se ampliaba al hecho que el sistema efectivamente lograba (y lo sigue consiguiendo) reducir a gran parte de las personas a la condición de objetos. De modo que su pensar se orienta a fundamentar una perspectiva humanista. Parafraseando a Atilio Borón- uno de los interpretes de Marx dotado del conocimiento más profundo de su obra en todo el mundo de habla hispana- era preciso servirse de una profunda formación en economía política, para formular una concepción de carácter filosófica con verdadero alcance social. De modo que podríamos denominar su concepción como humanista, siendo esta última palabra no necesariamente resultado de la interpretación boroniana.

Otro aporte decisivo del autor de La guerra civil en Francia reside en la fecunda utilización del método dialéctico, bien que- al igual que su maestro Hegel- consideraba que la propia realidad era contradictoria (dialéctica); más que esta última pudiere ser considerada un simple camino para llegar al conocimiento.

____________________

Raúl Ismán es docente y escritor. Miembro del Consejo Editorial de la Revistas Desafíos. Director de la revista Electrónica Redacción popular.

Noticias relacionadas

Los hoteles ibis de Valencia ofrecen a sus clientes la posibilidad de decidir el precio a pagar por su estancia

Del 2 al 6 de marzo lanzan la promoción “Nosotros ponemos la calidad, el precio lo pones tú”

La hostelería, como el vino, mejora con el tiempo

Después de la mejor temporada turística de la historia el sector sigue mejorando su competitividad
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris