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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Vamos a la España federal? Y ¿de la Monarquía, qué?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 31 de octubre de 2008, 05:34 h (CET)
Señores, no sé si porque las circunstancias me están impeliendo a ello o si es que mi espíritu crítico no puede quedar encerrado dentro de las cuatro paredes en las que suelo escribir mis artículos, pero cada día que pasa, cada hora que transcurre y cada minuto que desaparece tras los que le han precedido, me están llevando hacia un punto en el que tengo la sensación de que toda marcha atrás es imposible, si es que uno pretende ser consecuente con sus valores y con los ideales que le fueron imbuidos desde su niñez por sus antecesores. Es por ello que estoy contemplando, con pasmo, como los efectos de la desintegración de España, cual tumor canceroso, están entrando en metástasis afectando a los rincones más insospechados de nuestra geografía patria. No por esperado nos sorprende menos el que se vaya reproduciendo, cada vez con más descaro e impunidad, este fenómeno del neo–nacionalismo acendrado que pugna por atentar contra la unidad del Estado y la expansión incontrolada y, me temo que incontrolable, de estas taifas que, de forma imparable, están gangrenando la cohesión entre las distintas autonomías; marcando con fuerza la insolidaridad y aún el enfrentamiento entre los distintos pueblos de nuestra nación. Da la sensación de que, por un efecto disociador derivado de la actividad de los que nos gobiernan, de repente, cada una de nuestras antiguas provincias, por el sólo hecho de haberse convertido en autonomía, se hubiera transformado en un nido de avispas que pretendiera aislarse del resto de los españoles, para mantenerse solitario e independiente, cerrándose a cal y canto en sus límites geográficos para vivir de su localismo excluyente.

El que ahora sea Coalición Canaria la que haya aprobado, en su Congreso Nacional, una ponencia que exige que España ­ –como si se tratara de un ente exógeno ajeno a la propia tierra canaria – se convierta en una “confederación de estados”, nos deja perplejos. Sí señores, hasta las Islas afortunadas se han decidido a dar el paso en pos de una super autonomía que les permita hacer de su capa un sayo. Puede que piensen que si las declaran independientes se van a librar de los cayucos que las vienen acosando desde Mauritania o puede que piensen que se van a alimentar de los plátanos que no puedan exportar o, acaso preferirían que cualquier tirano africano pusiera sus ojos sobre ellas para anexionárselas, ¡ojo con Mohamed VI, que ya debe estar atento para reclamarlas como territorio marroquí¡ Seguramente estos señores no habrán hecho números de lo que reciben de la Península y de lo solos e indefensos que se iban a quedar si tuvieran que arreglárselas por sí mismos, ¡claro que siempre les queda el recurso de pedir consejo a Fidel Castro, para que les oriente de cómo subsistir aislados en medio de tiburones que los acechan! Lo malo de estos caciquillos provincianos es que su sed de poder les hace desbarrar y es tanta su prepotencia, sus ínfulas y su endiosamiento, que prefieren afrontar una posible debacle económica o un posible conflicto de vecindad con sus depredadores de siempre (léase países africanos), a renunciar a sus aspiraciones de gobernadores de su Ínsula Barataria.

No obstante, no podemos darles toda la culpa a los de Coalición Canaria de que hayan caído en la tentación de imitar a las autonomías que, en la misma piel de toro, están actuando de idéntica manera; en su empeño suicida de conseguir un estatus especial que les permita organizarse a su manera; para lo cual utilizan distintos resortes, como pudiera ser el de la lengua vernácula, un primer paso destinado a erradicar el castellano dentro de sus límites competenciales, aunque sepan, positivamente, que incumplen de lleno la Constitución y, yo me atrevería a decir que, precisamente por ello, porque se trata de un acto de rebeldía en contra de la misma y del Estado de Derecho. Hace tiempo, especialmente desde que el PSOE está en el poder, que este tira y afloja entre ambas partes, autonomías y Estado, se está dando con el efecto conocido de que el Gobierno va cediendo y los nacionalistas van avanzando en sus conquistas; hasta el fase en la que, la propia Cataluña, ya ha conseguido un Estatut que, prácticamente, la pone al borde de la secesión. Ni el Poder Judicial ni el TC ni el Parlamento de la Nación ni el Ejército ni el Ejecutivo y, lo más sangrante de esta cuestión, ni la Casa Real parece que se hayan enterado de que, cada día son más los nacionalismos, históricos o no, que se van destapando en esta carrera que se ha iniciado para desguazar España y convertirla en un Estado Federal.

Me hubiera gustado ver lo que hubiera sucedido si, esta recesión económica que estamos padeciendo, se hubiera producido estando España convertida en distintos estados independientes. ¿Se imaginan a la Cajas catalanas, unas de las que más involucradas están en los préstamos hipotecarios al sector de la construcción, debiendo arreglárselas por si solas para evitar tirar la toalla? Sin duda le hubiera sido difícil al señor Solbes y a ZP lograr el consentimiento de las 17 autonomías para conceder los 150.000 millones de euros a los bancos para sanearlos y, mucho más todavía, que se pudiera dar, sin que se supiera a quiénes se les daba y en qué condiciones. ¿Cuántos de estos “estados” noveles se hubieran vistos obligados a declararse en quiebra? Lo que es evidente es que, las autonomías más belicosas en cuanto al independentismo, son las que más le reclaman al Gobierno central, ayudas para salir de la crisis. Vean el chantaje de el PNV para aprobar los Presupuestos del Estado y el tira y afloja del el BNGA para sacar tajada por la misma razón. Nadie se ocupa de lo que le va a ocurrir a España si no que todos, haciendo alarde de egoísmo localista, intentan arrimar el ascua a su sardina para intentar sacar de la situación el mayor provecho posible.

Y uno se pregunta si el Rey y el Príncipe permanecen ajenos a estas cuestiones o hacen como si no se enteraran o bien comparten la política del Ejecutivo y están conformes con la deriva hacia un estado federal. Si es así, me temo que la monarquía en España tiene sus días contados y que las aspiraciones del señor Zapatero de una tercera República tienen caminos de convertirse en realidad. Y no lo digo porque el señor ZP decidiera darles el cese, no, me temo que, como le ocurrió a su abuelo, Alfonso XIII, sería el mismo pueblo y, no sólo las izquierdas revolucionarias, sino también las derechas, las que colaborarían en que cesasen en sus derechos monárquicos. No se entiende una Monarquía filo comunista en el puesto de máxima representación de la nación. La verdad es que no se puede estar en el trono y dárselas de republicano, son dos posturas que no casan o, al menos, yo lo veo así.

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