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Etiquetas:   Ver   juzgar y actuar   -   Sección:   Opinión

Decimos que somos buenos

Francisco Rodríguez Barragán
Francisco Rodríguez
jueves, 30 de octubre de 2008, 03:35 h (CET)
Es difícil encontrar a alguna persona que se considere mala. Todo el mundo parece estar satisfecho de su propia conducta. No obstante todos nos señalarán como malos a otras personas. Con cualquiera que hables de lo mal que anda nuestro mundo se apresurará a echar la culpa a otros y a dejar constancia de su bondad.

Una bondad bastante curiosa pues si advertimos a cualquiera que él también defrauda, miente, su lucra, no rinde en el trabajo o es infiel, lo negará enfadado o te dará una interminable serie de razones entre las que no faltará que otros son peores o que todos lo hacen. Nadie se siente responsable de que las cosas vayan mal, pero todos conocen a los culpables que siempre son otros.

El bien y el mal se perciben sobre todo como lo que nos favorece o nos resulta agradable y el mal como lo que nos incordia o perjudica, sin ninguna relación a valores que estén por encima de nuestros sentimientos personales.

No obstante, el hecho de querer presentarnos ante los demás como buenos en lugar de malos, indica que conservamos una orientación hacia el bien. En el fondo de nosotros mismos, desearíamos ser buenos si ello no representara renuncia a nuestros deseos y apetitos, ni esfuerzo sostenido y constante en la actitud hacia la perfección que ya los griegos llamaron areté y que podemos traducir por virtud.

Siempre estamos dispuestos a aceptar cualquier sistema que organice la convivencia política de tal forma que nuestra vida sea satisfactoria y agradable y que nos haga buenos y benéficos, sin necesidad de ningún esfuerzo personal, de ninguna obligación moral. A lo largo de los últimos tiempos los sistemas que se han propuesto e impuesto no han producido ningún paraíso.

El sistema capitalista ha conseguido situaciones de mayor libertad y riqueza, aunque al no estar libre del egoísmo y la avaricia, está sujeto a importantes crisis, lo que pone de manifiesto que el sistema no exime a los ciudadanos y los gobernantes de sus obligaciones morales, sino que las exige como condición necesaria para su funcionamiento.

El sistema comunista y su dictadura del proletariado sólo han cosechado desgracias para los ciudadanos. A la espera del paraíso de una sociedad sin clases, las poblaciones fueron sometidas a unas condiciones de vida durísimas, hasta que todo el tinglado se vino abajo.

Los fascismos que ofrecían un orden nuevo, lo que instauraron fue el gran desorden de la tiranía y cayeron sin honor.

Ahora estamos asistiendo al sistema de la democracia representativa, en la cual dejamos todo en manos de nuestros representantes que nos ofrecen un estado asistencial que nos va a cuidar toda la vida y nos va a librar del esfuerzo moral de ser mejores e incluso de pensar. La clase política se encarga de pensar por nosotros, de establecer lo bueno y lo malo, y mantenernos en los confusos límites de lo políticamente correcto. Hay que educar para la convivencia con los valores estrella del sistema: el relativismo y la tolerancia, es decir no busquéis la verdad porque no existe y todas las conductas son equivalentes. Sin valores morales, sin transcendencia, este sistema, que se extiende por el mundo occidental, también nos llevará al desastre. El globo del bienestar se pincha cuando menos lo esperas.

En lugar de querer presentarnos como buenos tendríamos que reconocer que no lo somos, que estamos dañados en lo más profundo de nuestro ser y necesitamos perdón y ayuda para salir de nuestra triste condición. Tenemos que reconocer que somos simples criaturas, que hemos recibido el ser como regalo de Alguien a quien abandonamos para ser nuestros propios dioses y nos va mal. Estamos comprobando que un mundo sin Dios se vuelve contra el hombre. Queremos ser felices y buscamos ansiosamente cosas con que llenar nuestro incolmable vacío.

Digan lo que digan los que mandan, los orientadores de opinión, los científicos, tendríamos que volver nuestra mirada a Aquel que nos creó y escucharle. Ya hemos sido engañados muchas veces por los vendedores de mentiras. Sólo la Verdad nos hará encontrar la verdadera libertad. No hay ningún sistema que nos exima de ser mejores ni de buscar el bien con un esfuerzo continuado, para el que siempre contaremos con la ayuda de quien nos creó.

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