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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

El más débil siempre recibe la peor parte

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 28 de octubre de 2008, 09:20 h (CET)
Mientras el señor Hidalgo, el presidente de CC.OO, se muestra encantado con el gobierno del señor ZP y se niega a participar en actos de crítica contra las políticas del Ejecutivo, lo que nos permite pensar en el gran cambio producido desde aquella época en la que, los miembros de CC.OO,eran los enfant terrible del sindicalismo agresivo, los eternos descontentos e implacables enemigos de los empresarios, contra los cuales empleaban sus armas de propaganda subversiva tan utilizadas por los adictos al sistema comunista. Sus protestas no se limitaban al interior de los centros de trabajo, sino que se extendían a las calles e incluso, cuando les convenía, abarcaban a toda una comarca como las huelgas salvajes que se produjeron en el Bajo LLobregat por el año 1974, de las que este cronista les podría hablar largo y tendido, porque fue uno de los que tuvo que bregar con ellas. Hora no es lo mismo, se han burocratizado y todo su cargamento político se ha quedado reducido a entenderse a la perfección con Zapatero y su gobierno y en conformarse con percibir puntualmente las subvenciones que reciben del Estado. Se les nota que se han amansado, han reflexionado respecto a sus obligaciones con los trabajadores y han llegado a la conclusión de que, la mejor manera que tienen de ayudar a sus afiliados, es permitir que todos vayan al desempleo, cobren su correspondiente subsidio, y se dediquen a jugar al mus en compañía de sus compañeros de paro. Para este médico en excedencia, que es el señor Hidalgo, lo importante es que desde las ubres del Estado se sigan inyectando millones de euros en las arcas del sindicato que él preside, para que así, todos los paniaguados que viven de la burocracia dentro del sindicato, ocupándose, en teoría, del bienestar y la defensa de los derechos de los trabajadores; puedan continuar en sus puestos, sin temor a que la crisis los deje en la calle.

Por otra parte no sorprende que los médicos de la Seguridad Social, tan predispuestos a hacer huelgas cuando se consideran mal pagados, ahora se presten a hacer causa común con aquellos que han reabierto el tema del copago de las medicinas a los pensionistas de la Seguridad Social. Veamos si centramos el debate. Usted es un afiliado a la Seguridad Social, que ha cotizado durante cuarenta años; se retira pensando que aquello por lo que cotizó durante tantos años, o sea, por recibir una pensión, tener asistencia médica y disponer de las medicinas para el caso de precisarlas para mantener su salud en las mejores condiciones posibles. Espera que, cuando, más tenga necesidad de los medicamentos podrá disponer de ellos sin que tenga que vaciar sus bolsillos para comprarlos ya que la pensión que recibe apenas le llega para poder mal vivir.¡Grave equivocación!, pues en el momento en que usted se encuentra más apurado porque los aumentos que ha ido recibiendo apenas le llegan para subsistir sin grandes aspavientos, cuando usted va al mercado y debe ajustar sus compras al mínimo porque todos los artículos de primera necesidad están por las nubes, cuando se da cuenta de que cada día tiene que renunciar a alguna cosa porque lo que usted recibe como pensión no le da para ello; de pronto, en el momento más inoportuno, aparecen unos políticos, que, como era de esperar, cobran sueldos fabulosos, disponen de coches oficiales de gama alta, pero que parece que no reúnen, como se podría esperar, las condiciones de preparación, sentido común, percepción social y ética que les serían exigibles para poder ocupar los cargos que ostentan. Incapaces de buscar alguna salida más airosa al desgobierno que existe en el manejo de la administración de la Asistencia Sanitaria de la Seguridad Social; deciden que la mejor solución para ahorrar dinero sería que los afiliados pensionistas tengan que pagar por sus medicinas; con lo que cumple uno de los principios de la Ley de Murphy que afirma “la conclusión es el punto en el que uno se cansó de pensar”, axioma aplicable a los “sabios” que se sacaron de la manga esta solución tan meditada.

Aparte de que, la idea ya se ha planteado en diversas ocasiones y se ha rechazado, no por causas de moral y ética, no, no, simplemente porque saben que en España existen varios millones de pensionistas que, a la hora de emitir su voto, hay que tenerlos en cuenta. Sin embargo, parece que lo que hace verdaderamente atractiva esta solución para la Administración y los médicos – estos que parece que también están de acuerdo en que se implante el copago – es que, con ella, van a reducir el número de visitas y ahorrarse gasto en medicamentos, por el simple hecho de que los jubilados son aquellas personas que más necesitadas están de medicamentos y de asistir a la consulta de los médicos. Siempre he dicho que el señor Soria, ministro de Sanidad, es un precursor en esta política de descargar a la Seguridad Social del peso de los viejos, a los que parece que está dispuesto, como opina el mismo señor Montes, a facilitarles el tránsito al otro mundo dándoles facilidades para la Eutanasia y las ayudas paliativas que ayuden a diñarla en un plis plas. Al parecer, los citados cerebros pensantes están tan encariñados pergeñando tamaña barbaridad, que se han olvidado de que la vejez, en sí misma, ya es una enfermedad, que la progresiva pérdida de aptitudes va sometiendo a los ancianos a someterse a una cadena de renuncias que acaba por reducirlos a la más absoluta soledad, en medio de una sociedad ruidosa y despreocupada, que no tiene tiempo para perderlo ocupándose de ellos. Unos confinados en sus habitaciones, otros internados en geriátricos y otros muchos, encerrados en sus domicilios sin apenas contacto con el resto de la humanidad. No se dan cuenta estos médicos, sólo preocupados por cobrar a final de mes sus honorarios, de que muchas de estas personas buscan en ellos el consuelo, la confianza y el cariño que no consiguen en sus propias familias o en entre sus iguales.

Es posible que, haciendo pagar los medicamentos o parte de ellos, a los pensionistas, se puede dar lugar a que se les obligue a prescindir de algún fármaco, se les prive de alguna visita al doctor o, simplemente, tenga que renunciar a alguna de las escasas cosas superfluas de las que todavía su pueda permitir. Pero, ¿estamos seguros de que con esta tajante medida se va a solucionar el problema endémico de la mala administración que existe en la Seguridad Social? O, por contra ¿va a resultar que se les escatima a los ancianos para que las autonomías o el propio Estado sigan malgastando el dinero de los contribuyentes en viajes a China o en la inmersión lingüística o en eso que no sabemos para que sirve, de la Alianza de Civilizaciones? ¡Son tantos los despilfarro que se producen por el mal uso de los presupuestos que resulta grotesco y un insulto para la inteligencia que, para justificar su mal gobierno y salvar la cara ante los ciudadanos, se vean obligados a recurrir a la vileza de amargarles la vida a los jubilados. Pero no olvidemos que quien nos gobierna son los socialistas del PSOE y, de ellos, se puede esperar cualquier cosa y, si no me creen, vean el papelito que está haciendo Zapatero implorando, como un niño, una plaza para la Cumbre de Nueva York. Cosas peores nos esperan en manos de semejantes lunáticos, recuérdenlo y prepárense.

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