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Etiquetas:   La tronera   -   Sección:   Opinión

De nuevo, ‘Juanvi’ Herrera

Jesús Salamanca
Jesús  Salamanca
martes, 28 de octubre de 2008, 09:20 h (CET)
Otra vez ha sido elegido presidente ‘Juanvi’ Herrera en Castilla y León. Lo ha sido por abrumadora mayoría. Muchos son los altos cargos, y aspirantes a ellos, que siguen besando por donde pasa Herrera. Cada vez son más los estómagos agradecidos que deben el puesto al actual presidente. Y además de ellos, también hay que contar a las conocidas como: “mujeres de…”; es decir, esposas, compañeras o familiares cuyo mérito es ser o estar próximas a alguien con más o menos peso en el partido de la derecha regional.

De la totalidad de posibles votantes, tan solo veintiuno no han votado en firme a Herrera. Unos porque se han abstenido y otros porque lo han hecho en blanco. Lo cierto es que los datos obtenidos por el ‘comandante’ Herrera son un reconocimiento de su gente, solo de su gente. Nadie debe pensar que se vota por convencimiento en estos casos, sino por interés, aunque entre bambalinas varios de sus directores generales y secretarios generales le llamen de todo menos guapo.

Entre los popular siguen alardeando del lema “Crecemos juntos”. Naturalmente que crecen, pero lo hacen ellos. Sí, ellos solos, porque a la ciudadanía no le llegan ningún tipo de mejoras. Lo que si se trasluce desde la Junta de Castilla y León es que los altos cargos, y cuantos rodean al ‘comandante’, viven, holgan y se regodean, hasta el punto de mirar por encima del hombro a quienes no piensan como ellos o carecen de sus ventajas.

Podemos prometer y prometemos que las aguas no bajan limpias en la comunidad de ‘Juanvi’ Herrera, como no bajan claras en el PP a nivel nacional; no hay más que ver los cuatro grupos difícilmente reconciliables que existen en el PP en el Congreso de los Diputados. Se puede preguntar a Juan Costa, Manuel Pizarro, Ana Torme, Carlos Aragonés o Eugenio Nasarre. Y citamos solo a unos pocos, pero hay más, muchos más.

El ‘comandante’ de Castilla y León, ‘Juanvi’ Herrera, siempre pide lo mismo a los suyos. Sobre todo les pide que salgan a la calle y que no se encierren en sus despachos. Pero predica en el desierto: siguen bien escondidos en sus coches oficiales, encerrados en sus despachos y, damos fe que lo hacen en muchas ocasiones, desprecian al ciudadano que les hace preguntas, consultas o planteamientos incómodos. Incluso, si bajamos escalones en la administración periférica de Castilla y León, ni siquiera contestan al derecho ciudadano de solicitar, reclamar o exigir quienes contrajeron obligaciones en las urnas.

Así mismo, Herrera ha pedido en esta ocasión que le den el voto. Ha prometido a sus fieles que no les va “a fallar”. Y para ellos significa que podrán seguir manteniendo sus prebendas, sus desproporcionados sueldos y “sus funcionarios”, como dicen en el PP de Valladolid; aunque son políticos de profesión -- muchos de ellos sin oficio ni beneficio fuera del PP -- sienten como obreros o asalariados a “sus” funcionarios. Suele ser una de las vergüenzas del PP que ‘Juanvi’ difícilmente conseguirá eliminar.

"Pido que me votéis desde la profunda convicción, no por conveniencia", llegó a decir Herrera, consciente de que era el único candidato. De todos es conocido que de haber existido cualquier conato de hacerle sombra en el congreso, hubiera recibido todo tipo de amenazas y represalias, como le pasó a Juan Costa con respecto a Rajoy.

La falsa humildad de ‘Juanvi’ Herrera acabó siendo una clara suplica: "Os pido el voto desde la convicción de que puedo servir al PP con un mandato más, sólo así quiero vuestro voto". Sabe Herrera que su tiempo ha pasado, aunque sus ‘pasamanos’ no se atreven a decirlo. En el PP empieza a estar demasiado visto y nunca ha aportado nada al partido, excepto sus victorias castellanas, como dicen algunos senadores de provincias. Pretende Herrera disfrutar de una segunda juventud, sin reconocer que le abrieron la puerta hace tiempo; aunque muchos se lo nieguen. No es suficiente con que los hombres tengan ideas. “Es menester que las ideas tengan hombres”, como decía Unamuno.

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