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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Del pleno empleo al galopante desempleo

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 27 de octubre de 2008, 07:46 h (CET)
“Lloro y crujir de dientes” ( Mateo 13.42) Sí, señores, esta cita bíblica, referente a las “delicias” que tiene reservadas el Infierno a aquellos que hayan infringido las leyes de Dios, le vienen como anillo al dedo a los resultados de la política errática del gobierno presidido por el señor Zapatero. Les quiero recordar que, cuando accedió por primera vez al poder, en marzo del 2004, una de las primeras promesas que les hizo a los españoles fue precisamente la de conseguir “el pleno empleo”. Claro que también hizo otras muchas, como por ejemplo “acabar con ETA” y “diálogo con la oposición”, que el transcurso del tiempo se ha encargado de desmentir; como también ha puesto en el más espantoso de los ridículos lo del famoso “talante”, que tantos ríos de tinta hizo correr durante aquella época dorada del PSOE, en la que había conseguido engatusar a una gran masa de españoles que, entre nostálgicos de la República, revanchistas de la Guerra Civil, faranduleros progresistas y, como no, personas de buena fe que se creyeron que, con la llegada del socialismo, las clases menesterosas iban a salir de su penuria y que, lo de la igualdad entre todos los españoles, iba a dejar de ser una utopía inalcanzable.

Pero ahora, señores, ya no son momentos de verborrea demagógica, ya no estamos gozando de los réditos económicos que el gobierno del señor Aznar y del ministro Rato les legaron a los socialistas; no, ahora estamos viviendo la cruda realidad de lo que todos podemos entender como los resultados del desgobierno, al que nos han tenido sometidos, estos que se han llenado la boca prometiendo prosperidad e igualdad y lo que, en definitiva, han conseguido para todos los españoles ha sido recesión y desigualdad; como nunca hubiéramos podido soñar que ocurriera. No valen ya los paños calientes ni los discursos demagógicos ni darles la culpa a los de PP –porque son ya cinco años que gobiernan ellos y lo que les achacan a sus antecesores an tenido tiempo y medios para poderlo remediar –, porque, aquello que nunca se pensaba que llegaría, ya lo tenemos aquí, devorando nuestro bienestar, poniendo en peligro nuestro modelo de vida, atentando contra nuestras familias y hundiendo en la incertidumbre, sobresalto e inquietud el espíritu de todos aquellos que han perdido sus puestos de trabajo o ven en peligro su negocio o comprueban, con impotencia, como sus sueldos no alcanzan para hacer frente a sus necesidades más perentorias.

Las cifras que se están barajando respecto al número de desempleados que registra la Oficina del Desempleo, son lo bastante ilustrativas para darnos cuenta de la verdad que se nos ha estado ocultando durante tanto tiempo por este Gobierno, desde el momento que nos estaba pintando la situación económica de España como la de un país inmune a las crisis y a la recesión; cuando, en realidad, tanto el señor Solbes como todo el Ejecutivo ya tenían información creíble, extensa y suficientemente contrastada para esperar la crisis que luego, tarde, a destiempo y les ha sido imposible ocultarlo, se ha visto obligados a reconocer. Pero ya no valen lamentos porque, señores, aquí tenemos una cifra que, por si misma, es más elocuente que cualquier otra prueba, porque hoy en España tenemos reconocidos oficialmente a 2.598.800 parados, o sea, que según la Encuesta de Población Activa, más de 800.000 personas han quedado en paro durante el último año. ¡Y ZP nos había prometido pleno empleo! Recordemos al señor Caldera que, en una sublime demostración de su vena profética, nos advertía de que España estaba necesitada de la inmigración y que la regularización del millón de indocumentados era de todo punto necesaria. Pues bien, aquí tenemos las consecuencias de su incompetencia. No sólo no ha solucionado el problema sino que han continuado viniendo nuevos sin papeles sin que muchos de ellos hayan sido repatriados.

Ni vinieron los inmigrantes cualificados que precisábamos ni han entrado los que nos podían aportar lo mejor de sus culturas de origen ni, por supuesto, se ha contenido la inmigración indiscriminada (se calcula que ya hay más de un millón de nuevos indocumentados); a cambio nos han traído bandas de rufianes y la cultura del crimen desconocida para nosotros, que hemos pasado de esporádicos sucesos de tipo pasional o motivados por accesos de cólera, a cotidianos delitos contra la seguridad de las personas y violencia de género, la mayoría perpetrados por personas venidas de fuera. Ahora, con el desempleo que les ha afectado directamente, vamos a tener ocasión de ver como se incrementan los delitos contra la propiedad, los atracos callejeros y la violencia; todo ello fruto de la actitud permisiva del Gobierno con respecto a la inmigración.

Pero las consecuencias del desempleo traen secuelas económicas que tan sólo han empezado a mostrarse. Por ejemplo, las aportaciones que tendrá que hacer el Gobierno al Fondo del Desempleo en el 2009 se tendrán que incrementar en nada menos que un 50%, lo que significa que deberán aportarse fondos de otras partidas presupuestarias. Y todo esto ocurre cuando el señor ZP se ha hartado de insistir en que nuestro país es el que mejor se encuentra para soportar la recesión, cosa que las estadísticas se han encargado, rápidamente, de corregir señalando que el porcentaje de desempleados en España ya ha alcanzado la preocupante cifra del 11`30 %, su nivel más alto desde principios del 2004 y, los empleos que se han destruido en el tercer trimestre, han sido 78.800. Cifras que nos sitúan a la cabeza del porcentaje de desocupados de toda Europa.

Y algo que, no por esperado, resulta menos preocupante: se está barajando que en el 2023 se deberá acudir a los fondos de garantía para poder pagar las pensiones, pero, a mayor abundamiento, resulta que desde el ministerio de Trabajo ya se reconoce que no se pueden garantizar las pensiones de los menores de 50 años. Por si fuera poco ya en la comunidad catalana, el Tripartito, el que supuestamente debiera velar por los jubilados y las clases pasivas, ya está echando globos sonda para intentar que estas personas paguen los medicamentos que les recete la seguridad social. Y yo me pregunto ¿cómo nos podemos fiar del Estado, de sus leyes, de sus promesas sociales y de su solvencia económica, si resulta que es incapaz de cumplir con sus compromisos y, cuando vienen mal dadas, se ceba en las clases que más notan los efectos de la crisis incumpliendo la normativa vigente, mientras los dirigentes de sus partidos demuestran su grado de corrupción y falta de solidaridad, derrochando en gastos superfluos? Como siempre, predican en lo que no creen y se limitan a forrarse los riñones a costa de nuestros impuestos.

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