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Reunión de pastores

Ángel Ruiz Cediel
Redacción
lunes, 27 de octubre de 2008, 07:54 h (CET)
Parece un contrasentido, pero el supuestamente Gran Maestre de El Club —que no lo es— ha llamado a concilio a los pastores de su cuerda que están ubicados estratégicamente en las cuatro esquinas del globo, justo en el mismo sitio donde tienen residencia los ángeles aquéllos que pueden desatar las furias celestes. La fumata que salga de ese sínodo, con toda seguridad, será negra, no porque en breve sea elegido Obama —que no lo será, porque es negro—, sino porque en él se pondrá en práctica el Novus Ordo Seclorum, que ha decidido dar un paso adelante y hacerse con la economía global. El Plan, pasito a paso, se va materializando.

En España, algunos están tan contentos porque el Gran Maestre le ha dado a Zapatero con la puerta en las narices, por más que eso sea una afrenta no contra Zapatero o contra una España, sino contra la única España (al fin y al cabo es el Presidente, por más que uno no conecte con él o le caiga más bien gordo); pero otros se barruntan lo peor, y motivos no les faltan, que a reunión de pastores..., ya se sabe. La ventaja de estar en esa reunión de pastores, más que participar de la recepción de instrucciones concretas sobre el método que se va a emplear para poner en práctica el Plan de apropiamiento de la economía mundial, sería saber cuál es la mejor estrategia para ponerse a salvo de ella. Allí, después de todo, nadie va a opinar o a aportar ideas, sino a decir amén, sometiéndose cada Estado y cada dirigente a los maestres locales: EEUU coordinará la acción en el mundo, y particularmente en Hispanoamérica; Gran Bretaña, lo hará en Europa; Francia, en África; y Japón en Asia.

Hace cuatro años escribí una obra medio fantástica, “La estrategia de la Bestia”, que aunque naciera como un juego o un disparate literario propio de un autor que halla en su arte su placer y su sufrimiento, el tiempo ha venido a conferirla cierto carácter premonitorio. Lástima que no tenga un editor que la haya dado la difusión que merece, porque en ella se describe paso a paso —aunque desquiciadamente— lo que está sucediendo... y lo que sucederá. Ya se sabe que cuando lo racional no es viable, lo más razonable pasa a ser lo desquiciado. En fin, el caso es que son muchos los observadores económicos y políticos que preveían algo parecido, apoyándose en hechos incontestables o en ecuaciones muy complejas; pero los escritores, que somos además intuitivos y meticulosos observadores de la sociedad que habitamos, a menudo captando lo que al común de los mortales les pasa desapercibido, logramos proyectar —más que adivinar— el futuro sólo por la línea que siguen los sucesos desde al pasado al presente. Después de todo, quien conoce dos puntos (y el pasado y el presente son conocidos), puede definir una recta, y sabiéndose de donde viene es posible saberse adónde se dirige.

De ser cierto esto, y lo que sucede se ajusta taz a taz a la trama argumental, nada de cuanto acaece es casual, sino que todo ello tiene un propósito perfectamente definido, y lo que cabe esperar de un próximo futuro no tiene nada que ver con el pasado. El orden viejo se muere —ayudado—, como antes que él se murió el absolutismo, la economía de supervivencia o la economía industrial. Visto desde cierta distancia, con la perspectiva de un mero observador, lo que la Historia confiesa son pasos dirigidos por una (o unas) mente organizada. Se puede descartar por completo la arbitrariedad del azar; y candidatos a manipuladores no faltan en ninguno de los renglones de la Historia. Siempre hubo megalómanos que se creían iluminados por los dioses, los cuales juraban tener el don de dirigir a las masas humanas. De alguna manera lo fueron los antiguos esotéricos, aquellos hermetistas que creían haber agarrado a los dioses por sus fundamentos, desentrañando el Plan Divino; y lo fueron después los pitagóricos con sus números; y más tarde los cátaros, merovingios, carolingios, cristianos, mahométicos, templarios, rosacruces, alquimistas, constructores, etcétera.

Todos los grupos pensantes o creyentes de su trascendencia a través de Conocimiento que dieron la cara, fueron eliminados o absorbidos por el poder religioso de sus épocas; pero, después que las inquisiciones o los absolutismos les redujeran oficialmente a carbonilla en las hogueras, nacieron otros grupos llamados secretos o discretos que siguieron en la misma línea megalómana. Llama la atención que en la actualidad un buen número de los gobernantes, funcionarios de alto nivel y hasta muchísimos parlamentarios de casi todos los Estados, pertenezcan a logias o a grupos secretos o discretos. Masones, iluminados y mil grupos más, disponen de herramientas como BM, FMI, ONU, OMS, OTAN, trilaterales, geochos, bielderberges, etcétera, con las cuales no sólo tienen los mecanismos necesarios para conspirar, sino también para implantar en la realidad sus conspiraciones. Si desde lo más profundo de las logias se derribaron las monarquías absolutistas con la conspiración de la fundación de los EEUU —sede de El Club—, primero, y de la Revolución Francesa, después, y aún más tarde se implantó la Revolución Industrial que por último derivaría en la Sociedad Especulativa (o Sociedad del Roquefort, por lo azul y agusanada) que nos concierne, que nadie tenga duda que de la reunión de pastores que se verificará en unos días más en los EEUU, nacerá un Novus Ordo Seclorum, la fórmula de cómo dirigir al rebaño a nuevas majadas. Al tiempo.

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