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Opinión
Etiquetas:   Artículo opinión  

El General Carvallo y la Advertencia del Obispo

Luís Agüero Wagner
Redacción
sábado, 25 de octubre de 2008, 21:48 h (CET)
El general José Carvallo, Jefe del Comando Sur del Brasil, afirmò que si el presidente Lula Da Silva lo ordena, fuerzas militares invadirán Paraguay y se lanzarán sin miramientos sobre la represa de Itaipú.

El gobierno paraguayo respondió expresando su disgusto a través del ministro del Interior, Rafael Filizzola. Para Filizzola, esas expresiones de Carvalho a una revista de Brasil constituyen "un atropello a la soberanía" de Paraguay.

"Son posturas que se han quedado ancladas 50 años en el pasado. O sea, no tiene sentido en este momento hablar de soluciones o de respuestas militares en una región que ha apostado por la integración", también manifestó el titular del Interior de un gobierno que desde su campaña proselitista ha apostado a tirotear precisamente contra ese proceso de integración.
Carvalho había señalado que la seguridad de Itaipú era "responsabilidad de la propia empresa, de la Itaipú Binacional, en primer lugar", pero advirtió que "en caso de que ella no consiga más prever la seguridad de sus instalaciones, sea por la invasión de movimientos sociales u otras amenazas, el problema se podrá volver una cuestión policial o militar".
En la misma línea, el jefe militar explicó que el Ejército brasileño "existe para cumplir cualquier misión en cualquier lugar del territorio nacional" y dejó en claro que si Lula "determina que una acción (como la intervención en Itaipú) debe ser realizada, ella será ejecutada".

A una controversia sobre Itaipú, se agrega la tensión provocada por la permanente amenaza de campesinos "sin tierra" paraguayos de invadir tierras de brasileños instalados en Paraguay -los llamados "brasiguayos"-, en una franja que el gobierno de Brasilia parece considerar un Sudetes Sudamericano.

En conclusión, Aldo Zucolillo, promotor de la candidatura del obispo Fernando Lugo y mentor de las campañas contra el MERCOSUR en Paraguay, ya logró su propósito, ya tiene su guerra con Brasil. ¿Y ahora qué se viene?

¿Acaso piensa ponerse al frente de un batallón de periodistas, y arremeter contra las fuerzas del general Carvallo, desplegadas en la frontera entre Brasil y Paraguay?
¿Qué esperan Zucolillo y sus secuaces para arremeter contra las líneas enemigas, que están cortando el Puente de la Amistad?.

BRASIL Y EL HERMANO MAYOR
En Brasil, el imperio norteamericano trabajó para evitar el nacionalismo económico y lo que las administraciones Truman y Eisenhower llamaron "desarrollo industrial anexo" (refiriéndose a un desarrollo que podría competir con las empresas de EEUU).
De todas maneras, el imperio toleró en Brasil un desarrollo complementario a la industria norteame-ricana dado que para decirlo en palabras de Dulles, era útil "darles unas palmaditas y hacerles pensar que uno les tenía cariño".

Dentro de esa lógica, el "hermano mayor" del norte se arrogó las atribuciones de diseñar las políticas geo-estratégicas sudamericanas, utilizando como ficha principal a un país (Brasil) al que en docu-mentos confidenciales consideraba "un área reservada para experimentos industriales".

PARAGUAY , BRASIL Y EL HIDRONACIONALISMO

Aunque los asesores norteamericanos entrenaban a las fuerzas armadas y diseñaban los planes eco-nómicos a implementarse en Paraguay, el imperialismo de segundo orden del Brasil también tenía expresiones diversas. La misión cultural brasileña manejaba la universidad, pero los militares brasileños también tenían su presencia en el Paraguay anticomunista.

La complicidad del Brasil con el imperio norteamericano para sentar sus reales en Paraguay tiene una vieja data, desde que en la década de 1930 su influencia desplazó a los intereses anglo-argentinos dominantes en Paraguay desde la devastación genocida que en el siglo XIX inspiró y sufragó contra este país el imperialismo británico.

En el marco de sus experimentos, el imperio norteamericano decidió la erección de la represa de Itaipú, en pleno auge de la guerra fría. Paralelamente, se gestaba el problema de las tierras fronterizas entre Paraguay y Brasil.

"Oportunidade de Terras no Paraguai" rezaba un espacio comercial publicado en el periódico O Es-tado de Sao Paulo el 12 de enero de 1979, testimoniando el negociado del cual surgiría la actual pro-blemática que aqueja al campesinado paraguayo.

Los organismos que debían abocarse a la reforma agraria en Paraguay se encontraban en manos de personajes como Juan Manuel Frutos, otro referente de la Liga Mundial Anticomunista financiada por la Secta Moon, al igual que Aldo Zucolillo.

¿REIVINDICACIÓN NACIONALISTA O CORTINA DE HUMO?

El tratado para la construcción de Itaipú fue objeto de reparos en serie por la parte paraguaya, desde el mismo instante en que fue firmado.

Sin embargo, sería lirismo ingenuo pensar que la "autoridad moral" o intelectual de tal o cual gobierno o negociador podría conmover al poderoso y astuto Brasil a favor de las reivindicaciones hidro-nacionalistas que en cada campaña electoral paraguaya suelen aparecer.

Quienes agitan estas campañas desde la prensa, son los mismos que defienden a capa y espada la invasión brasileña que promueve en Paraguay el monocultivo de soja, en una creciente franja en la frontera este del país que ya podría considerarse un Sudetes Sudamericano, o una comarca que recuerda el territorio de Acre, que Brasil arrebató a Bolivia.

Por lo general, el Brasil suele apagar la agitación electoralista paraguaya con una lluvia de billetes para el gobierno de turno, y en el caso actual, inclusive facilitó recientemente un avión brasileño para el traslado a Brasilia quienes supuestamente "golpearían la mesa" en el Planalto e Itamaratí: los "hidro-nacionalistas" Fernando Lugo y Ricardo Canese, entre otros.
Ante tantos puntos incongruentes, no está demás sentarse a meditar haciéndose la obligada pregunta: ¿Son las reivindicaciones sobre Itaipú unos auténticos reclamos nacionalistas, un elemento de pro-paganda electoral o apenas una cortina de humo?

LAS LECCIONES DE LA HISTORIA
La codicia por el caucho en Acre llevó a la sublevación de los habitantes de la región, que en su mayor parte eran brasileños.

Aunque en 1899 los bolivianos habían intentado apaciguar los ánimos haciendo concesiones al Brasil, y fundando la capital administrativa del territorio Puerto Alonso (hoy Porto Acre), estalló una rebelión de los colonos brasileños que hoy es conocida como la "revolución acreana". Asistidos por el gobernador del estado de Amazonas, la población brasileña proclamó la república independiente.

En respuesta, Boliva arrendó la región a una empresa basada en Nueva York, en el año 1901, por el Tratado de Aramavo. Al año siguiente, se avivó la revuelta y el aventurero Luís Galvez Rodrigues de Aria fue coronado "presidente de la república del Acre". Más adelante una expedición de José Plácido de Castro y un grupo de seringueiros apoyados desde Brasil tomaron parte importante del territorio y a continuación pidieron su anexión al Brasil.

La guerra que siguió terminó con el tratado firmado entre ambas partes el 17 de noviembre de 1903, en la ciudad brasileña de Petrópolis, donde quedó estipulado que Bolivia cedía 191 mil kilómetros cuadrados, que se sumaron a los 165 kilómetros cuadrados que ya en 1877 había entregado intentando pacificar los ánimos.

Un epílogo similar tuvo la conflagración paraguayo-brasileña entre 1864 y 1870, que determinó la posterior venta de las tierras públicas para pagar deudas de guerra. Inmensos latifundios fueron vendidos a propietarios ausentes por una fracción de su valor, las ventajas del lesseferismo reemplazaron al paternalismo autoritario, y como de costumbre, el campesino paraguayo se convirtió en peón explotado y sin tierra.

El Paraguay de entonces pudo desafiar al emperador Pedro II y sostener una guerra de más de cinco años, por el grado de desarrollo autónomo que había obtenido, y porque el Brasil aún no se había consolidado como gran potencia regional.

De todas maneras aquella guerra, valga recordarlo, empezó con una advertencia del Paraguay al Brasil, similar a la que hoy realizó, sin mucho eco, el Obispo al general José Carvallo.

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