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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

El SIDA financiero

Mario López
Mario López
sábado, 25 de octubre de 2008, 06:31 h (CET)
Estos días estamos asistiendo al juicio por el asesinato de Rosario Endrinal a manos de unos adolescentes. Rosario tuvo la fatalidad de ser sorprendida en el peor momento de su vida, en el interior de una cabina de teléfonos, por tres jóvenes que debieron ver en ella la peor de las amenazas: la indigencia. De la precariedad a la indigencia hay un paso. En la precariedad ya se encuentra la mayoría de la población del Primer Mundo y está por ver cuántos darán el paso a la indigencia. Hay muchos individuos que confunden la persona con su condición y deciden eliminar a la persona para combatir su condición. Debería ser la política la que se encargara de acabar con la precariedad sin eliminar a los precarios. Pero en infinidad de ocasiones la historia nos ha venido demostrando que resulta más fácil acabar con el hombre que con su condición. Estos jóvenes asesinos son una muestra viva de ello, pero no la única. Desde Esparta al III Reich, pasando por todos y cada uno de los miles de genocidios protagonizados por la especie humana, se constata una y otra vez que al final la especie prefiere acabar con el enfermo antes que con su enfermedad.

Se nos ha querido convencer de que la crisis financiera que padecemos es la crisis de los NINJA (los precarios). Se dice que los famosos 700.000 millones que Bush ha inyectado a la Banca equivalen al montante de las pérdidas derivadas por las hipotecas subprime. Lo cierto es que a fecha de hoy se manejan cifras infinitamente superiores a esa a la hora de dimensionar la crisis; se están barajando cifras de trillones de dólares. Es por tanto del todo insostenible la tesis que mantiene como causa principal de la crisis las hipotecas subprime. A los precarios se les ofreció unos créditos hipotecarios que estaban muy por encima de sus capacidades de endeudamiento. Y esto lo sabían a ciencia cierta los bancos. Dicen que se procedió de esta manera porque el volumen de negocio había bajado en consonancia con los tipos de interés. Dicen que se procedió así porque se esperaba una revalorización de los precios de la vivienda suficiente como para garantizar los activos si hubiera que llegar a la ejecución de las hipotecas. Dicen que todo se fue al garete porque la revalorización no llegó a tiempo y la falta de liquidez de los bancos americanos les llevó a vender productos basura a otros bancos extranjeros, produciendo una masiva contaminación en todo el sistema financiero del mundo global. Algo así como un SIDA financiero.

No soy ningún experto, pero no me hace falta serlo para descubrir la burda farsa que se nos quiere vender. Ahora va a resultar que el desastre se debe a que los bancos regalaron ingenuamente unos créditos a quienes no podrían devolverlo en la vida. Nauseabundo, pero ha colado. Una sociedad medianamente justa, controlada por la ciudadanía, debería blindarse contra la precariedad sin esperar a que la Banca especule con créditos envenenados que, a la postre, lo único que persiguen es el sometimiento total de toda la comunidad mundial a su capricho. Hasta ahora han conseguido que los gobiernos les paguen deudas que no pueden cobrar y que no son otras que las derivadas de la ocupación ilegal de Irak y la política hegemónica del gobierno de los Estados Unidos. Ahí es donde está el origen de esa sangría de billones de dólares que consume al sistema financiero mundial y no en los pobrecitos que no tienen apenas para pagar una mala pensión. Occidente huele más que nunca a podrido.

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