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Hey, man: crisis?..., what crisis?

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
jueves, 23 de octubre de 2008, 07:23 h (CET)
En medio de aquella crisis del 73 que alcanzó su cenit en el 75, justo unos meses después de haber publicado el LP “The Crime of Century”, Supertramp publicó un nuevo LP con el título “Crisis?..., what crisis?”, no tanto acertando con sus pronósticos en los últimos coletazos de aquella convulsión económico-ideológica de principios de los 70 que ya concluía como acertando de pleno con la que hoy nos concierne. Los artistas, debido a su sensibilidad, son así de premonitorios, aunque suelen nacer antes de su tiempo.

Casi todo el planeta ha asumido que estamos en medio de una crisis galopante y que los Estados han de correr como locos a salvar a los ricos para que no se caiga el circo, donándoles tales cantidades de dineros que no son siquiera fáciles de escribir. Casi todo el mundo, sí..., porque no todos lo entendemos, y muchos nos preguntamos...: Crisis?..., what crisis?..., incluso poniéndole alguna musiquilla que nos empuja la cabeza al vaivén como diciendo: ¡ay, pillines...! En la del 75 aún daba coletazos la Guerra del Yom Kippur que racionó el petróleo y lo puso por las nubes, y aún latía una Guerra Fría que bien hubiera podido desencadenar un holocausto nuclear de un momento a otro, haciéndole temblar los nervios al más corajudo; el IRA estaba de lo más guerrero, e incluso unos meses antes, en el 74, había hecho estallar un artefacto en el Parlamento Británico, dando la impresión de que la sociedad misma tenía riesgo de caer sobre sus propios fundamentos; el desempleo en todo Occidente era galopante y la criminalidad social de lo más exacerbada; Latinoamérica hervía en dictaduras (como una moda impuesta desde la Escuela de las Américas) y en movimientos insurgentes; los norteamericanos salían corriendo, escaldados de Viet.Nam, con el rabo entre las piernas y la cara llena de dedos; en España parecía que se abría la posibilidad cierta de un nuevo episodio de la Guerra Civil, al radicalizarse la cosa con los fusilamientos de 3 miembros del FRAP y 2 de ETA, apenas unas semanas antes de Franco muriera y dejara todas las opciones abiertas; y estaba a punto de estallar la guerra en el Norte de África como consecuencia de la Marcha Verde que orquestó EEUU con Marruecos sobre el Sahara Español para apropiarse de los fosfatos de Bucráa. La cosa, desde luego, no pintaba nada bien, y quien más, quien menos, tenía un reconcomio que no le dejaba dormir sino entre ascuas, no sabiendo cómo iba a levantarse o si tan siquiera lo haría. Falló en su pronóstico, por lo tanto, Supertramp.

Sin embargo, si nos referimos a la situación actual, Supertramp acertó de pleno. Hoy el mundo es una balsa de aceite: rusos, chinos y norteamericanos bien pudieran bailar una agarrada o darse el pico entre las penumbras de la fila de los mancos mientras proyectan en pantalla “Love story”; no hay guerras de importancia (¿a quién le importan los millones de muertos de las guerras civiles o de bandas de África?...; Afganistán, Iraq y hasta la misma Al Qaeda están casi a partir un piñón con el Imperio, todos bien sedaditos; el petróleo ha caído por debajo de los 70 dólares; no hay enemigos en el horizonte ni para rellenos de sustos, ya sea de los que ponen en un tris nuestro porvenir o de los que nos arrugan el ombligo un ratito; los movimientos terroristas se han extinguido o están dando bocanadas de asfixia; el desempleo no era tan bajo desde finales de los 60; y, para colmo, los gobiernos de todo Occidente derrochan de tal modo que ya sólo falta enmoquetar las calles, convirtiendo las ciudades casi en salitas de estar. Por el amor del cielo, ¿dónde está la crisis?... Que alguien explique, por favor, por qué o cómo es posible que los dineros que inundaban todos los bolsillos se hayan volatilizado sin causa aparente (¿abducción extraterrestre?), y que sin causa ni motivo casi todo el mundo acepte que debemos asumir cotas intolerables de desempleo o la inyección de prácticamente todos los recursos de los estados a los ricos, riquísimos y, además, apátridas bancos privados.

La cosa, desde luego, no es fácil de entender. Si la supuesta crisis que nos concierne se debe a que los bancos prestaron más de lo que debían o podían, desde luego no es porque tuvieran esos dineros, sino porque se los pidieron... a los bancos nacionales, que es decir a los gobiernos, y éstos se los facilitaron gustosamente. Dicho de otro modo: son los Gobiernos los que produjeron la crisis, supuestamente que ésta sea algo más que el pánico que difunden sus voceros los medios de difusión. De otro modo, es difícil entender lo que sucede, y que nadie se tire de los pelos cuando precisamente los mismos que tenían las llaves para abrir los reinos infernales se sienten ahora en comandita, teóricamente para solucionar el problema que ellos mismos produjeron. Una cosa que no deja ser curiosa, particularmente cuando la inmensa mayoría de ellos, más que estadistas, está visto que han sido elegidos por promesas electorales (cumplidas o incumplidas), mucho márquetin, más imagen y de lo demás, lo justito. Si en la industria solíamos decir aquello no hay nada peor que un idiota con iniciativa, en este caso, y con todos juntitos, la cosa más sensata sería al menos considerarlo.

Uno, claro, ante esto duda si la cosa ha salido así como consecuencia de haber elegido justo a los gobiernos equivocados (que ya es suponer), o si todo esto no es más que una jugada de quienes tenían prevista la extinción del capitalismo y planificaron un sistema financiero global que anunciara la llegada de un Gobierno Mundial (dictadura), empujado por circunstancias extremas. Ya sé que es demasiado imaginar; pero, ¡caramba!, de no ser así, no nos quedaría otra que volver a Supertramp y preguntarnos: hey, man, “crisis?..., what crisis?...

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