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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

The Camp´s taylor is rich

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
viernes, 24 de octubre de 2008, 02:29 h (CET)
Últimamente esto del inglés entre las autoridades de la recalcitrante derecha que lleva años dominando las tierras valencianas es el pan nuestro de cada día. Y es que desde las instituciones oficiales se olvidan con facilidad del valenciano, como hace esa imperturbable “dama de rojo” que es Rita Barberá, alcaldesa de Valencia, que sólo habla en una de las lenguas oficiales de la Comunitat: el castellano, la otra la deja para cuando en las Fallas canta en el himno aquello que tanto le gusta de “ofrenar noves glorias a Espanya” o como hace su conmilitón Francisco Camps que lo habla en público pero seguro que no imita a aquel Aznar que hablaba catalán en la intimidad. Y es que, cómo ellos piensan, donde esté el inglés que se quiten las otras lenguas y especialmente aquellas que en su día desde las escuelas franquistas se tildaron despreciativamente de “dialectos”.

Mientras coincidieron los colores del equipo de Gobierno en el Palau de la calle de Cavallers de Valencia y de la Moncloa en Madrid no hubo ningún tipo de discusión, si el Gobierno no se acordaba de la Comunitat Valenciana en los Presupuestos Generales del Estado el silencio de los dirigentes valencianos era la única respuestas, si desde Moncloa Aznar nos olvidaba y nos dejaba a la Luna de Valencia no pasaba nada, ya saben aquello de que el jefe siempre tiene razón y que “perro no come perro”. Primero Zaplana, luego de manera interina Olivas y ahora Camps callaron ante los posibles agravios que llegaban desde Madrid. Fueron silencios que, con el paso del tiempo, dieron su rendimiento, Zaplana cuando fue defenestrado de su posición de portavoz no tardó ni un mes en dejar la política y pasar a engrosar las filas de los bien remunerados altos cargos de Telefónica, eso si, sin pasar por la oficina del INEM. Su sucesor en la poltrona de la Generalitat, José Luís Olivas, quien desde hace más de veinticinco años viaja en coche oficial, vio premiado su corto paso por la calle de Cavallers con la Presidencia de Bancaja, la principal caja de ahorros de la Comunitat, y Francisco Camps, el actual President, está en expectativa de destino, un ojo lo tiene puesto en ocupar lo antes posible el sillón de Rajoy y el otro en la empresa privada que, seguramente, le recibirá con los brazos abiertos el día que abandone la política.

Pero todos aquellos silencios pasaron a ser griterío cotidiano cuando el equipo de Moncloa cambio del azul de la gaviota al descolorido rojo de la rosa. De repente todo lo que llegaba desde Moncloa era malo para los valencianos y desde ese amplificador convertido en NODO al servicio de Camps que es la televisión autonómica valenciana una día si y otro también se hace saber a la ciudadanía que Madrid no nos ama y que, a poco que nos descuidemos, nos quedaremos sin el agua, el Micalet o la paella, como en su día nos quedamos sin la Dama de Elche. Los atabales guerreros de Canal 9 han estado resonando animados por la verborrea de paniaguados dedicados a loar las hazañas de sus mentores y a distorsionar u ocultar la realidad cuando ésta no les ha sido propicia.

Y así, por este largo camino de despropósitos, llegamos al inglés, a la asignatura de Educación para la Ciudadanía que en tierras valencianas ha pasado a ser “Education for Citizen”. Los mentores populares ante la imposibilidad de dejar de dar en las aulas valencianas la asignatura que trata de educar en la libertad, la democracia, el respeto a los demás y los derechos humanos a los escolares valencianos han decidido que la misma se imparta en inglés y aunque no existen profesores suficientes para hacer de traductores la orden sigue adelante contra viento y marea. Y viento y marea ha tenido estos días el Conseller Font de Mora, “Fountain of the Blackberry” según él mismo se ha auto bautizado, ya que tiene soliviantados a docentes, padres y alumnos que en sendas manifestaciones en las tres capitales del País han solicitado su dimisión aunque esta sea una palabra desconocida en el vocabulario de la muchachada de la gaviota.

Una de las primeras frases que todo alumno de inglés conocía en mis tiempos de estudiante era aquella de que su sastre era rico. En aquellas calendas ni mi sastre, no lo tenía, ni yo éramos ricos pero a buen seguro que ahora el metafórico sastre de Francisco Camps y sus conmilitones debe ser un “taylor rich”, especialmente desde la época de Eduardo Zaplana, vestido siempre de manera impecable, que a buen seguro se dejó bastantes euros en sastrerías y demás complementos del vestir. Al fin y al cabo era una manera de que cuando ahora, que tienen que hablar inglés, cuando comiencen las clases y reciten aquello de “my taylor is rich” no mientan. Las mentiras, esta gente, las suelen decir en las tribunas públicas y políticas.

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