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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Con PP o sin PP, es necesario reaccionar

Miguel Massanet
Miguel Massanet
miércoles, 22 de octubre de 2008, 04:49 h (CET)
Me cuesta trabajo, mucho trabajo, el intentar reconocer en este nuevo PP que dirige el señor Mariano Rajoy, con aquel partido que, apenas hace un año, se desgañitaba defendiendo sus valores por medio de sus portavoces en el Congreso y en el Senado, que se partían el alma en la campaña preelectoral, para intentar hacer entender al pueblo español que España estaba en grave peligro de perder su unidad; que la orientación que se pretendía dar a la juventud era torticera, doctrinaria y carente de todo rigor científico; que los derechos de los españoles, reconocidos en la Constitución, eran violados impunemente; que España tenía un idioma común, el castellano, que debía ser conocido por todos los ciudadanos y debía ser utilizado junto al resto de idiomas oficiales existentes en las distintas autonomías y que, era preciso oponerse a la práctica del aborto y a los matrimonios entre homosexuales como prácticas reñidas con la ética, el Derecho Natural y el sentido común.

Parece, no obstante, que se ha producido un cambio radical en cuanto a la filosofía del partido. Los que han ocupado los cargos de los defenestrados Aceves, Zaplana, María San Gil etc. tienen un perfil político diametralmente opuesto al de los salientes y, en consecuencia, los nuevos objetivos que han imprimido al PP distan mucho de coincidir con aquellos que, tradicionalmente, constituían los cimientos ideológicos y el conjunto de valores en los que se apoyaba la razón de ser de dicha formación política; que, como no podía ser de otra forma, representaban la manera de pensar de la totalidad de los que le brindaban apoyo y la votaban en los comicios. Así las cosas, no es de extrañar ver como el señor Basagoiti, el sustituto de María San Gil en el país Vasco, no tiene ningún inconveniente en departir amigablemente, se entiende en términos políticos, con el presidente del País Vasco, señor Urkullu, para “normalizar relaciones”. ¿Qué querrá decir eso de normalizar relaciones? O, ¿es que hay algún punto de contacto posible entre los separatistas vascos, los culpables de que el extremismo etarra continúe vivo y que la banda terrorista ETA siga su campaña de asesinar a gente inocente? Es obvio que, con un gobierno que lo único que pretende es acabar por escindirse de España, poco debería el señor Basagoiti de tratar con Urkullu y, mucho menos, “normalizar relaciones” cuando a lo que debiera dedicarse sería, precisamente, oponerse a la inmersión lingüística que se practica en aquella comunidad; a la falta de democracia que impera en el funcionamiento de sus instituciones y a las continuas ilegalidades y ataques a España que proceden tanto del PNV como del propio lehendakari, señor Ibarretche.

En todo caso, no parece ser que, entre los afiliados, exista unidad de criterios respecto a la nueva forma de enfocar la política del PP y los hay que reprochan a la dirección el que se dedique a buscar el entendimiento con los nacionalistas y a pasar por alto problemas de vital importancia como pudieran ser el de la inmersión lingüística en materia de enseñanza o los ataques a la bandera o la restricción de las libertades para aquellos que no comparten las ideas secesionistas del PNV y los abertzales; buscando pescar en río revuelto, como parece ser la táctica del señor Basagoiti, más preocupado en conseguir votos para engrandecer su formación que en preservar los principios básicos del PP que, por mantenerlos, tantos disgustos han proporcionado a muchos de los afiliados al partido. Lo que ocurre es que se han silenciado las voces críticas que manifestaban su discrepancia con el nuevo rumbo del PP vasco y se han relegado a personas de la valía de Mayor Oreja y María San Gil al ostracismo, despreciando, con esta actitud, aprovechar unos valores insustituibles, no sólo en cuanto a valía y capacidad de liderazgo, sino en cuanto a sus vastos conocimientos sobre la situación vasca, terrorismo abertzale y entramado nacionalista. Y es que, el nuevo equipo de Rajoy, está tirando pelotas fuera cuando se trata de dejar clara su postura relativa a temas de una importancia vital por estar directamente relacionados con la sensibilidad moral, ética y cristiana de una parte muy importante de los que votaron, durante las pasadas elecciones legislativas al PP.

No cabe duda de que Rajoy y su nuevo equipo no son los que puedan entusiasmar a toda esta masa de votantes desengañados que se han sentido traicionados por ellos. Hoy en día, en política, lo que más se acerca a muchas de las ideas y valores que sostiene esta pléyade de decepcionados, solamente lo podríamos hallar en la extraordinaria personalidad de la señora Rosa Diez que, sin duda, ha demostrado tener las agallas y la talla de política para llevar la batuta de una oposición basada en el amor a España y en su unidad frente a los intentos secesionistas que se van extendiendo a las autonomías, como si de una epidemia se tratara. Ella sola contra todo el Parlamento, ha sido capaz de decir verdades como templos en materias tan esenciales para España como la unidad, la defensa de la lengua, su oposición a la negociación con terroristas. Frases como la que, últimamente, le pudimos escuchar en una entrevista, en la que afirmaba: “Para el PSOE, la democracia es que no haya oposición” son la definición resumida de lo que ha constituido la política de los socialistas, respecto a todo aquel que se ha opuesto a cualquiera de sus propósitos, basada en la descalificación sistemática del adversario político, con la evidente intención de borrarlo del mapa nacional por el sistema de convertirlo, por todos los medios posibles y utilizando sus potentes armas mediáticas, en el enemigo nº 1 de los ciudadanos.

No obstante, la señora Diez, tiene una vertiente socialista que difiere, en cuestiones de suma importancia para los que no nos sentimos acaparados por el nuevo PP, y es que, en materias como el aborto, la enseñanza y el tema de la homosexualidad, no comparte los valores que nosotros siempre hemos considerado irrenunciables y con los que no se puede ni se debe transigir. Por ello no me canso de insistir en que el PP necesita una remodelación de pies a cabeza y que, sin esta desinfección de los virus que han dañado su disco duro, su deriva lo va a llevar directamente al desastre. Por ello es necesario que, dadas las circunstancia extremas por las que pasamos, teniendo en cuenta que el tiempo corre a favor de los socialistas y que, si antes de que nos volvamos a encontrar ante los comicios legislativos, no se ha logrado reforzar un partido de centro-derecha, dirigido por personas capaces y carismáticas, capaces de recoger el desconcierto y descontento que hoy existe entre aquellos que se habían refugiado en el PP –seguros de que este les garantizaría sus ideas y valores –, puede que, España, haya perdido su última ocasión de recuperar su propia estima y su pasada vitalidad. Los que estando en condiciones de salvarla por pereza, desánimo o prudencia dejen de hacerlo deberán asumir, en su conciencia, el peso de la culpa de haber permitido la caída de nuestra nación en manos de aquellos que sólo pretenden trocearla y convertirla en el estercolero de Europa.

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